Dicen que la primera impresión es la que cuenta y desde la noche del sábado los aficionados holandeses que llegaron para apoyar a su selección tienen un pésimo concepto de Monterrey y los regiomontanos ya que un paseo por el Barrio Antiguo se convirtió en una bronca motivada por la falta de respeto de un grupo de regios.
En medio de la fiesta mundialista varios jóvenes de Monterrey se encontraron en las calles de esta zona turística a varios holandeses que recorrían el área y disfrutaban de una noche tranquila.
Sin embargo, los jóvenes comenzaron a rociarlos con espuma hasta prácticamente dejarlos bañados en ella.
Esta situación molestó enormemente a los turistas que contrarrestaron persiguiendo a los chicos y golpeándolos.
Los otros trataron de hacer la graciosa huida, pero fueron alcanzados por los europeos que les brincaron encima y les pegaron en la cara.
La situación estuvo a punto de salirse de control, sin embargo la intervención de otras personas y de integrantes de la Policía de Monterrey impidió que la bronca se hiciera más grande.
Varios videos que circulan en internet y se volvieron virales muestran el momento en que los holandeses montan en furia por el irrespetuoso acto de los regiomontanos.
Incluso se escucha cuando les dicen ”¡Stop, stop!”, pero su petición no es atendida.
El acto los tomó por sorpresa porque ellos se encontraban en la calle conversando cuando fueron rodeados por los jóvenes agresores y los empezaron a rociar con espuma.
No es la primera vez
La semana pasada durante el juego Sudáfrica-Corea, muchos residentes de este país asiático que acudieron al partido en el Estadio Monterrey fueron víctimas del “¡Quiere volar, quiere volar!”, una actividad que consiste en lanzar a la persona por los aires y luego capturarla en su caída.
Algunos coreanos aceptaron el reto pero otros, como un periodista de televisión de ese país, le puso un alto a los graciosos que lo interrumpieron cuando estaba en plena transmisión.
Los regiomontanos le hicieron montón y pensaban tomarlo para aventarlo, sin embargo el periodista no se dejó y les gritó enérgicamente “¡Stop!”.
Visiblemente enojado empuñó su micrófono para usarlo como arma en caso de que la situación se saliera de control.