El panorama económico actual muestra una profunda interconexión de sus componentes macroeconómicos, delineando un escenario de resiliencia comercial y paulatina moderación inflacionaria.
En el diagnostico de la trayectoria actual resulta indispensable analizar la sincronía existente entre la solidez del sector externo, la tendencia descendente de los precios y las decisiones instrumentadas recientemente por las autoridades monetarias de la región.
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En primer lugar, el sector externo se consolida como un pilar dinamizador clave. En mayo de 2026, el comercio internacional exhibió un vigor notable con tasas de intercambio elevadas. De acuerdo con cifras del INEGI las exportaciones observaron un incremento anual del 25.4%.
Paralelamente, las importaciones, se expandieron un 24.0% a tasa anual. La integración económica en Norteamérica está más fuerte que nunca y el costo de romper con el T-MEC para las tres partes es cada vez mas alto.
Este alto dinamismo de flujos comerciales está estrechamente vinculado a las revisiones al alza y solidez del PIB de Estados Unidos en el primer trimestre cuya cifra se actualizó a 2.1% a tasa anualizada, desde el 1.6% que se había anunciado previamente, según la Oficina de Análisis Económico del Departamento de Comercio.
No obstante, este impulso externo aún no alcanza a reflejarse con nitidez en el mercado laboral local. Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), en mayo la tasa de desocupación se mantuvo en 2.8%, prácticamente sin cambio respecto a abril.
Como ya se comentado en este espacio, si bien la tasa de desocupación no es el problema, si lo es la raquítica creación de empleos formales que ha venido reportando el IMSS mes tras mes, situación que denota que el peso del mercado laboral esta recayendo cada vez mas en el empleo informal.
En segundo lugar, el comportamiento reciente de los precios ofrece alivio, confirmando que la inflación general parece venir a la baja. En la primera quincena de junio de 2026, la inflación disminuyó para ubicarse en 3.55%.
Pese a que la inflación subyacente, que excluye los rubros volátiles y mide la tendencia a mediano plazo, se situó en 4.12% anual, la trayectoria descendente general disipa presiones y estabiliza expectativas.
Las decisiones de los bancos centrales parecen obedecer a este escenario de inflación más controlada, y evitar ahogar la actividad productiva. La Reserva Federal de Estados Unidos optó por mantener sin cambios el rango de su tasa de fondos federales. En perfecta consonancia, la Junta de Gobierno del Banco de México decidió unánimemente mantener el objetivo para la Tasa de Interés Interbancaria a un día en 6.50% el pasado jueves.
Al constatar el descenso inflacionario y la ausencia de presiones de demanda excesivas, Banxico consideró adecuado mantener la tasa de referencia, proyectando que la inflación convergerá formalmente a la meta del 3.0% en el segundo trimestre de 2027.
Mirando hacia adelante, el gran reto para las políticas económicas no será simplemente dejarse llevar por la buena inercia estadounidense, sino aprovechar este tanque de oxígeno para resolver tareas pendientes. Las políticas públicas y la iniciativa privada tienen la oportunidad de oro para consolidar los beneficios del nearshoring y el boom de la IA sin sobrecalentar los motores locales, provocando que la expectativa para el cierre de año podría ser menos pesimista de lo que se avizoraba.
Economista y Catedrático de la Universidad La Salle Satillo