El futbol suele presentarse solamente como un espectáculo deportivo, pero poco reflexionamos sobre su relación con el fenómeno de la migración. El Mundial organizado por la FIFA no sólo ha sido una competencia entre selecciones nacionales; también lo veo como un reflejo del mundo globalizado y sus flujos migratorios cada vez más complejos.
Es que, de acuerdo con lo que he investigado, en la edición de este año 2026, alrededor de 310 de los mil 248 futbolistas convocados nacieron en un país distinto al que representan, es decir, prácticamente uno de cada cuatro jugadores. Nunca antes este torneo había mostrado una presencia tan alta de futbolistas con trayectorias migratorias.
Este dato responde a una transformación demográfica global. De acuerdo con Naciones Unidas, actualmente existen alrededor de 304 millones de migrantes internacionales, lo que significa que casi el 4 por ciento de la población mundial vive fuera del país donde nació. El futbol simplemente reproduce, dentro de la cancha, una realidad que ya caracteriza a nuestras sociedades.
La migración responde, en buena medida, a una lógica económica. Millones de personas nacidas en países de ingresos medios o bajos emigran hacia economías más desarrolladas en busca de mejores oportunidades laborales y educativas. Europa continúa siendo uno de los principales destinos.
Francia constituye uno de los ejemplos más representativos. Basta observar la fotografía de su selección para advertir cómo la inmigración ha redefinido el rostro del país. Atrás quedó aquella imagen de un equipo integrado exclusivamente por jugadores de ascendencia europea.
Su figura más emblemática, Kylian Mbappé, es hijo de un camerunés y una argelina. Ousmane Dembélé tiene raíces en Malí y Senegal. Aurélien Tchouaméni es hijo de inmigrantes cameruneses. Lo mismo ocurre con numerosos integrantes de las selecciones de Bélgica, Inglaterra, Alemania, Países Bajos o Portugal, donde la diversidad étnica y cultural ya forma parte de la identidad nacional.
Pero las migraciones no sólo ocurren en un sentido. También existe la llamada migración de retorno de las segundas generaciones. Es decir, personas nacidas en Europa que deciden representar deportivamente al país de origen de sus padres o abuelos.
Los ejemplos abundan. Curazao tiene prácticamente toda su selección integrada por futbolistas nacidos en los Países Bajos (25 de 26). República Democrática del Congo cuenta con una mayoría de jugadores formados en Bélgica y Francia. Cabo Verde y Marruecos han consolidado selecciones más competitivas gracias al talento de jóvenes nacidos en España, Francia, Bélgica y los Países Bajos que optaron por vestir la camiseta de la tierra de sus familias.
En estos casos observamos una forma distinta de retorno. No regresan necesariamente las personas a vivir de manera permanente, pero sí regresan el conocimiento, la formación deportiva, las redes internacionales y el capital humano acumulado en otros países.
Los especialistas en migración llaman a este fenómeno remesas sociales o circulación de talentos. Así como los migrantes envían dinero a sus familias, también transfieren capacidades, conocimientos, experiencias y prestigio internacional. El futbol ofrece uno de los ejemplos más visibles de este proceso.
Argentina representa otra faceta del fenómeno. La enorme mayoría de sus futbolistas desarrolla su carrera profesional fuera de su país de nacimiento. Lionel Messi pasó gran parte de su vida en España y actualmente juega en Estados Unidos.
Todo indica que esta tendencia continuará. Diversas proyecciones de organismos internacionales señalan que el crecimiento demográfico más acelerado durante las próximas décadas ocurrirá en África subsahariana, Medio Oriente y el norte de África. Al mismo tiempo, Europa seguirá enfrentando el envejecimiento de su población y una creciente demanda de mano de obra.
Es muy probable que los próximos mundiales muestren selecciones europeas aún más diversas, con un número creciente de jugadores de ascendencia africana, asiática o latinoamericana. Veremos en las canchas, pues, el reflejo de un mundo cada vez más interconectado y abierto a la movilidad de personas.
Es cuanto...