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Mundiario 29 Jun, 2026 07:43

El fútbol global y el triunfo de las finanzas sobre el deporte

Los últimos años están poniendo en evidencia que tampoco el fútbol se escapa al poder de las finanzas, algo que en este Mundial está quedando claramente de manifiesto, por si algunos tenían dudas de que el fútbol ya no es un deporte sino un negocio.

Una inmersión en el mundo de las finanzas, o quizás habría que apuntar a una entrada de las finanzas en el mundo del fútbol, muy especialmente en Europa, con Inglaterra liderando la liberalización, que se pone de manifiesto tanto en el crecimiento de los presupuestos de los clubes como en el peso de la publicidad en los ingresos.

No menor influencia tienen tanto la llegada a las directivas de grandes clubes europeos (Manchester City, Chelsea, Arsenal, Paris Saint-Germain, Mónaco, Reims, Inter, Fiorentina, Leipzig...) de fortunas procedentes de Rusia, China y repúblicas islámicas, entre otras, como el creciente poder de influencia de los mayores accionistas en las decisiones finales de los clubes que se han convertido en sociedades anónimas.

La conversión en SAD

Seguramente que el primer paso hacia la hegemonía de las finanzas en los clubes de fútbol vino de la mano de su conversión en sociedades anónimas. En España, este paso tuvo lugar a principios de los años noventa, cuando las Cortes españolas, a propuesta del Gobierno de turno (PSOE), aprobaron la Ley del Deporte (1990), que más tarde sería complementada con la Ley 39/2022 del Deporte, que convertía a los clubes profesionales —con algunas excepciones relevantes— en sociedades anónimas deportivas (SAD).

La conversión de los clubes en sociedades anónimas cambió para siempre el equilibrio entre socios y accionistas. Los derechos televisivos y la inversión internacional han transformado el fútbol en una industria global

La intención del Ejecutivo era establecer un modelo de responsabilidad jurídica y económica que pusiera fin al endeudamiento progresivo de los clubes, que en esos años sumaba un global de 172 millones. La realidad fue que resultó ser un rotundo fracaso pues, según las fuentes más fiables, la deuda a finales del año 2020 se había multiplicado por 28, alcanzando la cifra de 3.100 millones de euros.

En la actualidad, los dos grandes clubes de fútbol españoles (Barcelona y Real Madrid), que precisamente no son sociedades anónimas deportivas, ya arrastran deudas millonarias (1.450 y 1.320 millones de euros, respectivamente) que suponen el 63% de una deuda total estimada en 4.400 millones de euros. A nivel europeo, los equipos del Top 20 también incrementaron su endeudamiento a la par que su volumen de negocio.

El accionista por encima del socio

La conversión de muchos grandes clubes europeos en sociedades anónimas abrió el camino a que los intereses particulares de los accionistas se impusieran a los de los socios y aficionados. Unos intereses que se juegan en la Bolsa, no en el campo de fútbol, y que se mueven, en muchos casos, por motivos diferentes a los resultados del equipo. Así sucede que el anuncio y la consecución de grandes fichajes y de grandes nombres, facilitados por la citada liberalización de capitales y la sentencia Bosman, elevan la cotización de las acciones en Bolsa para beneficio de los accionistas, por lo cual aquellos se convierten en objetivos deportivos preferentes, hasta el punto de que, en muchos casos, priman sobre las auténticas necesidades deportivas del club en cuestión. La rentabilidad del negocio pasa a primar sobre el éxito deportivo.

Los nuevos dueños de los grandes clubes

También sucede que la llegada de grandes fortunas, como las citadas anteriormente, lleva a que estos magnates se hagan con un paquete de acciones y se produzca una concentración de la propiedad tal que aquellos se convierten en los auténticos dueños del club, al que imponen sus criterios y sus intereses mercantiles y de promoción personal.

En estos casos, los equipos respectivos, aunque lleguen a dominar el fútbol europeo, logran sus victorias más como fruto de su poderío financiero que de su trabajo con la cantera, como, por ejemplo, se pone en evidencia con la elevada presencia de jugadores extranjeros procedentes de ligas menores. Asimismo, es frecuente que en los palcos de la mayoría de estos grandes clubes ahora abunde más la presencia de grandes banqueros y empresarios de la construcción, grandes especuladores, magnates de la información y la comunicación y políticos que personas ligadas al deporte rey, como exfutbolistas o exentrenadores.

Cambian los ingresos

En relación con los ingresos de los clubes, especialmente de los más grandes, cabe destacar los significativos cambios habidos en su composición. Si hace años los principales ingresos de los clubes procedían de las taquillas, con el paso del tiempo y el gran desarrollo de las tecnologías de la información, la entrada de operadores privados, los derechos televisivos y la publicidad se incorporaron a las fuentes de ingresos, llegando los derechos televisivos a ser la principal, seguida por la publicidad —el patrocinio en las camisetas, la cesión de los estadios...—, lo que facilitó un enorme crecimiento de los ingresos, pero sin que los clubes superaran su endeudamiento crónico, algo que destacamos anteriormente, pues los gastos —salarios, fichajes...— también se multiplicaron.

En Europa, esta dinámica de concentración de la facturación derivó en la consolidación tanto de las grandes ligas (las Big Five) como de una élite futbolística en la que destacan clubes como Chelsea, Manchester City, Arsenal, Bayern de Múnich, Paris Saint-Germain, Barcelona y Real Madrid.

Facilidades para el fraude fiscal

Tampoco debemos ignorar el papel que estos grandes clubes pueden desempeñar tanto en el lavado de dinero negro como en el tráfico de divisas. El libre movimiento de capitales y la existencia en Europa de paraísos fiscales (la City de Londres, Mónaco, Andorra, Suiza, Liechtenstein...), propios de la mundialización neoliberal, facilitaron que esas grandes fortunas, que desembocaron en el fútbol europeo procedentes de países con políticas tributarias muy laxas, puedan ahora blanquearse en el sistema bancario europeo.

Como paradigma, pensemos en los grandes oligarcas rusos y su llegada al fútbol británico. Aunque conviene señalar que esta relación entre directivos y propietarios de grandes clubes con el fraude fiscal, facilitado también por su connivencia con la clase política, viene de antiguo y en España tenemos mucha experiencia, como pone en evidencia el caso paradigmático del palco del Bernabéu. @mundiario

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