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Mundiario 01 Jul, 2026 04:48

Galicia crece por encima de Europa, pero afronta el reto de transformar dinamismo en fortaleza estructural

En un escenario internacional marcado por la incertidumbre, las tensiones geopolíticas, la fragilidad del comercio mundial y la debilidad de buena parte de Europa, la economía gallega ofrece una fotografía razonablemente positiva. Galicia crece, crea empleo y mantiene un dinamismo que contrasta con la atonía de la Unión Europea y, sobre todo, de la zona euro. Pero esa buena noticia convive con una advertencia: no basta con crecer más que los demás si el crecimiento no corrige algunas debilidades estructurales que siguen condicionando el futuro del país. Así se desprende del II Informe de Conxuntura Socioeconómica del Foro Económico de Galicia que elaboran Fernando González Laxe, Patricio Sánchez, Santiago Lago y José Francisco Armesto Pina.

Los datos del primer trimestre de 2026 muestran que el PIB gallego avanzó un 2,4% interanual, solo tres décimas por debajo del conjunto de España, pero muy por encima del 0,7% de la UE y del exiguo 0,3% de la zona euro. En términos trimestrales, Galicia incluso mejora la evolución española, con un crecimiento del 0,7% frente al 0,6% del Estado, mientras la media europea registra una ligera contracción. Es decir, Galicia no solo resiste: se mueve en la parte alta del ciclo europeo.

El principal motor de este crecimiento es la demanda interna. El consumo privado mantiene el pulso, el gasto público acompaña y la inversión destaca como el componente más dinámico, con un aumento del 3,5%. Esa composición tiene una lectura favorable, porque indica que la economía no depende exclusivamente del consumo, sino también de decisiones de inversión que pueden reforzar la capacidad productiva futura. La demanda externa, en cambio, apenas aporta al crecimiento, aunque tampoco lo penaliza, a diferencia de lo que ocurre en España y en la UE.

Galicia crece al 2,4%, muy por encima de la UE y de la zona euro. El reto ya no es solo crecer, sino hacerlo con más industria, más productividad y más diversificación

Ahí aparece una de las grandes paradojas gallegas. Galicia es una economía abierta, exportadora y con empresas de indudable proyección internacional, pero su sector exterior sigue muy concentrado. Más del 70% de las ventas al exterior se dirigen a la Unión Europea; cinco países absorben más de la mitad de las exportaciones; y los sectores textil-confección y automóvil representan más del 40% del total. Además, las cinco primeras empresas exportadoras regulares concentran el 42,5% de las ventas exteriores gallegas, una proporción muy superior a la media española.

Esta concentración no es necesariamente una debilidad en tiempos de bonanza, pero sí puede convertirse en un riesgo cuando cambian las condiciones globales. La automoción vive una transformación histórica por la electrificación y la competencia china. El textil depende de cadenas globales sometidas a costes, tensiones logísticas y cambios de consumo. Galicia necesita seguir exportando mucho, pero también exportar de forma más diversificada: más sectores, más empresas, más mercados y más valor añadido.

Desde el punto de vista de la oferta, la construcción aparece como el sector más dinámico, con un crecimiento del 6%. Los servicios avanzan un 2,5% y la industria un 2,3%, aunque la industria manufacturera se ralentiza con claridad y apenas crece un 0,9%, lejos del 3,7% registrado un año antes. Este dato merece atención. Una economía que aspire a mejorar salarios, productividad y autonomía estratégica no puede conformarse con una industria que pierde tracción. Galicia necesita vivienda, infraestructuras y actividad constructora, pero su futuro no puede descansar solo sobre el ladrillo ni sobre los servicios tradicionales.

También el sector primario crece menos que en el ejercicio anterior, aunque mantiene un comportamiento mejor que el conjunto español. No es un dato menor para una comunidad donde el campo, el mar, la cadena alimentaria y el territorio siguen siendo piezas esenciales de la identidad económica y social. Modernizar el sector primario, retener población y añadir valor a la producción agroalimentaria y pesquera debería formar parte de cualquier estrategia económica seria.

Buenas noticias para el empleo

El mercado laboral ofrece, quizá, la lectura más alentadora. La actividad aumenta con fuerza, especialmente entre las mujeres, las personas mayores de 45 años, la población con estudios superiores y los trabajadores de nacionalidad extranjera. La ocupación también crece y, lo que es más relevante, el empleo creado es indefinido. Galicia se sitúa así como la segunda comunidad autónoma con menor tasa de temporalidad, solo por detrás de Madrid. En un país acostumbrado durante décadas a crear empleo precario en las fases expansivas, esta mejora cualitativa tiene una importancia indudable.

Sin embargo, tampoco aquí conviene caer en la complacencia. Galicia mantiene una de las tasas de ocupación más bajas entre las comunidades autónomas, y la tasa de paro, aunque contenida en el 9%, aumenta ligeramente según la EPA por el fuerte incremento de la población activa. Además, el desempleo sigue golpeando más a mujeres, jóvenes, extranjeros y personas con menor nivel formativo. Preocupa especialmente el aumento del paro de larga duración, que crece en Galicia mientras disminuye en el conjunto de España.

Las remuneraciones, por debajo de la media

La distribución de la renta también aporta elementos para la reflexión. La remuneración de los asalariados gana peso en el PIB gallego, pero sigue por debajo de la media española. En Galicia, el peso de las rentas salariales asciende al 44,4%, mientras que en España alcanza el 48,6%. La economía gallega mejora, pero todavía debe trasladar con más intensidad ese crecimiento a salarios, productividad y oportunidades laborales estables.

La conclusión es clara: Galicia atraviesa un momento económico favorable, pero no definitivo. Crecer por encima de Europa es una buena noticia; hacerlo con más empleo indefinido, más inversión y una demanda interna sólida, también. Pero el verdadero desafío consiste en convertir este ciclo positivo en una transformación estructural.

Galicia necesita más industria, más innovación, más empresas exportadoras, más diversificación sectorial y una política ambiciosa de talento. Necesita aprovechar su posición en automoción, textil, agroalimentación, naval, energía, biotecnología y servicios avanzados para no limitarse a resistir mejor que Europa, sino para construir una economía más competitiva, más productiva y más inclusiva. Porque la pregunta ya no es si Galicia crece. Los datos demuestran que sí. La pregunta decisiva es si ese crecimiento servirá para preparar mejor el futuro o si volverá a dejar intactas las viejas fragilidades de siempre. @mundiario

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