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El Diario 30 Jun, 2026 19:39

Ganarle al dolor

Ciudad de México— Referente de las historias de crecimiento que exploran la adolescencia, el director Fernando Eimbcke pensaba que hacer una película con un niño sería fácil. Al hacer ‘Moscas’, aceptó que se equivocaba rotundamente.
“Me preguntaron: ‘¿Quieres un acting coach?’ Y yo en mi soberbia: ‘No, no, no necesito’. Al segundo día hablé y dije: ‘Por favor, ayúdenme’”, recuerda con humor el realizador (‘Temporada de Patos’, ‘Club Sándwich’).
“Trabajar con un niño es otra cosa”, agrega en entrevista. “No tiene nada que ver con dirigir adolescentes o actores profesionales. No es nada romántico. Tienes que jugar”.
Y Eimbcke jugó. En el rodaje de ‘Moscas’, que ganó el Premio del Jurado Ecuménico en la Berlinale y llega mañana a cines, acabó, afirma, con el corazón feliz pero las rodillas adoloridas.
Pasó mucho tiempo a la altura de su pequeña estrella, el desconocido Bastian Escobar, un remolino de carisma hallado en un largo proceso de casting. Teresita Sánchez, su otra protagonista, también quedó deslumbrada.
“Yo como adulta ya traigo como ideas, una mente condicionada. Él no, es químicamente puro, entonces no queda más que ponerte al servicio de su ser, de su quehacer, de su brillar”, refiere la actriz.
Rodada en blanco y negro, ‘Moscas’ es una historia de amor, pérdida y soledad. Dolorosa, pero reconfortante. Se ubica en el Multifamiliar Miguel Alemán, frente al Hospital 20 de Noviembre, al sur de la CDMX.
Presenta a Olga (Teresita Sánchez), una irritable jubilada que habita uno de los edificios. Con problemas económicos, decide rentar un cuarto a alguien que tenga un familiar enfermo en el nosocomio.
Su nuevo inquilino, Tulio (Hugo Ramírez), tiene a su esposa en tratamiento por cáncer. Con él está su hijo, Cristian (Escobar), a quien mete como polizón. La presencia del niño, inquieto y travieso, generará tensión con la mujer.
Sin embargo, Cristian despliega una facilidad innata para ganarse el cariño de los demás. El espectador no tardará en presentir que con su encanto derribará todas las defensas de Olga.
“En mi personaje se puede ver una hosquedad, que realmente es miedo, miedo de vivir, de sentir, de estar vulnerable. A mí me parece que Olga es un ser muy, muy conmovedor”, opina Sánchez.
“Y el niño representa la oportunidad de cambiar, de transmutar. De pronto estamos imbuidos en mil cosas, pero al abrir la ventana y ver el sol dices: ‘ésta es la vida’”.
Admirador del minimalismo del japonés Yasujiro Ozu, Eimbcke narra con profunda sencillez la trama. Pero ahora también homenajea a otro maestro, Charles Chaplin, y a su humor humanista.
Lo “chapliniano” se verá en el deambular de Cristian, por aquí y allá, estableciendo inesperadas pero entrañables conexiones. Necesita ver a su madre, pero en el ala del hospital donde ella está no se permiten niños.
“Es una manera de acercarte al dolor de una manera digna, de acercarte a personajes que están pasando por una situación dolorosa”.
‘Moscas’ tiene varios paralelismos con ‘Temporada de Patos’, la ópera prima de Eimbcke, de 2004. Reaparecen el blanco y negro, la ubicación en un multifamiliar y la obsesión por un videojuego.
Cristian se empeña en acabar Cosmic Defender, donde repele un ataque alienígena.
Su padre le explicó la enfermedad de su madre con la maquinita, comparando a los extraterrestres invasores con células cancerígenas.
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