La violencia contra niñas y niños sigue creciendo en la frontera y, lo más grave, muchas veces ocurre donde deberían estar más seguros. Autoridades han reconocido que se trata de un problema persistente, marcado por la cercanía entre víctimas y agresores, lo que dificulta denunciar y rompe la posibilidad de proteger a tiempo.
Un caso reciente volvió a encender las alertas, luego de que un hombre fue detenido, acusado de homicidio en grado de tentativa y violencia familiar agravada en perjuicio de tres menores. De acuerdo con la representación social, uno de los niños, de seis años, ingresó en estado crítico a un hospital tras los hechos ocurridos en una vivienda de la colonia Manuel Valdez.
Las investigaciones señalan que el detenido también es presunto responsable de agresiones contra otros dos menores, de seis y cuatro años, quienes se encontraban bajo su cuidado.
Es alarmante, porque autoridades estatales han reconocido que la violencia, particularmente la de tipo sexual, mantiene una incidencia alta en Ciudad Juárez. El problema se agrava porque, en muchos casos, los responsables forman parte del entorno cercano de las víctimas, lo que propicia que los hechos permanezcan ocultos y sin denuncia.
Frente a este panorama, especialistas y funcionarios coinciden en que la denuncia es clave para romper el ciclo de violencia. Recomiendan prestar atención a cambios de conducta en niñas y niños, como aislamiento, miedo constante o alteraciones en el comportamiento. También es fundamental que familiares, docentes y vecinos actúen ante cualquier señal y reporten de inmediato a las autoridades.
Líneas de emergencia, instancias de protección y organizaciones civiles están disponibles para atender estos casos, pero requieren que alguien dé el primer paso. Permitir que la violencia permanezca en el ámbito familiar solo prolonga el daño y garantiza la impunidad.
En una ciudad donde la violencia se ha normalizado en muchos niveles, proteger a la infancia debería ser una prioridad innegociable. Romper el silencio no solo salva vidas, también evita que el dolor se repita dentro de las mismas paredes.