Por Alejandro Moreno
Hay decisiones que se pagan de inmediato y otras que se pagan con años de retraso. La que Estados Unidos tomó el 1 de julio de 2026 pertenece a la segunda categoría, y su factura apenas comienza a llegar. Ese día, en una reunión virtual convocada al amparo del artículo 34.7 del T-MEC, Washington comunicó a México y Canadá que no acepta renovarlo automáticamente por 16 años más. En su lugar, el acuerdo seguirá vigente hasta 2036, pero sometido a revisiones anuales, cuyo alcance –13 temas propuestos por México y 14 por Estados Unidos– todavía se está negociando. La siguiente ronda bilateral está fijada para la semana del 20 de julio.
No es, técnicamente, una ruptura. El representante comercial estadounidense fue explícito: el tratado no se termina, permanece en vigor mientras se resuelven las inconformidades que Washington ha identificado. Pero tampoco es una simple formalidad. Convertir un horizonte de certeza de 16 años en un ciclo de revisiones anuales es, en sí mismo, un mensaje: Estados Unidos ya no está dispuesto a brindarle a México la confianza que le dio en 2018.