La corta memoria, pecado ciudadano
El pasado jueves 2 de julio corrió como pólvora una singular noticia. Gilda Susana Lozoya Austin, hermana del otrora flamante director de Pemex y hoy probado mentiroso y criminal confeso, Emilio Lozoya, fue detenida en las inmediaciones del Aeropuerto de la CDMX. La noticia fue, sin duda, peculiar; para muchos, sorprendente, aunque para nadie debió resultar una sorpresa.
Piquete al café
No debió ser una sorpresa porque Gilda Lozoya es tan hermana de Emilio como su cómplice. Al igual que la mamá. Gilda forma parte del grupo más íntimo del cártel encabezado por su hermano. Fue su beneficiaria y operadora financiera, encargada de fondear operaciones con dinero negro desde, al menos, un banco en el extranjero y en paraísos fiscales. Estos son los señalamientos de la Fiscalía General de la República desde hace más de ocho años. Está en los expedientes; está en los documentos bancarios que así lo acreditan.
Estas acusaciones han sido avaladas por los jueces que han conocido del juicio contra Lozoya, del cateo a su casa de Lomas de Bezares y, desde 2019, contra la propia Gilda, quien estuvo libre, a la vista de las autoridades y deambulando cual princesa, a pesar de haberse librado en su contra una orden de aprehensión. Así que no dejemos que la corta memoria que nos caracteriza como sociedad nos haga pensar que la historia de Gilda Lozoya acaba de empezar, que es un golpe de la nada contra ella y, mucho menos, que es una perseguida política. La pregunta aquí no es solamente por qué detuvieron a Gilda Lozoya para después soltarla con alfombra roja, sino por qué no la detuvieron antes.
Los Lozoya: Siempre al margen y por arriba
Si bien la narrativa de la ‘4T’ es siempre mentirosa, altiva, defensista y vacía, hay un aforismo del presidente Juárez que verdaderamente han hecho girones para luego limpiarle la cara a propios y aliados: Al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie, y uno de los mejores ejemplos es la familia Lozoya, que siempre ha vivido al margen de la ley y por arriba de los simples mortales. Y no de ahorita, sino desde que su ancestro asesinó, junto con otros, a Pancho Villa; pasando por el papá y su grupo limantouriano, que se autollamó Los Tóficos; la predilección por el hijo durante la administración peñista y la protección servil y acomplejada de la ‘4T’ frente a esta finísima familia, que no es más que un grupo de delincuentes de cuello blanco, con nueve vidas y siete suelas.
Mire usted si no. A Lozoya le aceptaron denunciar sin pruebas, a costa de engañar al presidente López Obrador y ofreciéndole no solo impunidad, sino un proceso entre algodones. Se conformaron con dictarle infundios teledirigidos a diversos actores políticos y aceptaron que no imputara a uno de sus mayores cómplices, que es Alonso Ancira. O sea, la FGR de Alejandro Gertz y el exconsejero jurídico, Scherer, se le cuadraron a Lozoya, como lamentablemente muchos policías de crucero se le cuadran a los autos con escolta en la zona de las Lomas de Chapultepec. La extrapolación de la relación de los mexicanos pudientes con cualquier autoridad.
Después, a Lozoya lo trajeron para recibirlo con un convoy señuelo; lo volaron en helicóptero de la policía para meterlo a una suite del Ángeles del Pedregal y que ahí tuviera su primera aparición ante un juez mexicano, sin más obligación que un mail como medida cautelar y un muy dudoso brazalete que aparentemente aparece y desaparece al gusto del gran barón.
En las grabaciones que se filtraron se escucha al jefe de esta familia, al hoy fallecido Juan Ramos, esbirro y secuaz de Alejandro Gertz, quienes dirigieron la audiencia de la mamá de Emilio y Princess Gilda para que no hubiera contacto con la prensa, qué decirle al juez y garantizar que la Ma Barker mexicana pudiera llegar pronto y bien a su casa, sin rendir ninguna cuenta real a la justicia mexicana. Porque esa es otra: en México, más que justicia, hay un sistema de justicia. La justicia, como valor democrático, es otra cosa y aquí es más escasa que un trébol de cuatro hojas. Sin falsas modestias, sin mi seguimiento al caso, sin mi arrojo y, a veces, desesperación por tener justicia, Lozoya nunca hubiera pisado la cárcel y el asunto Odebrecht/Agronitrogenados estaría enterrado ya en la corta memoria que nos caracteriza.
Se tenía que decir y aquí se dijo más de una vez
La detención de Gilda huele mal. ¿Por qué ahora? ¿Por qué en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México? ¿Por qué no había un amparo en trámite? La orden por lavado de dinero era sabida por todos desde 2019. Solamente aquí, la denuncié en tres columnas: Omisión y Encubrimiento Institucional (7 de noviembre de 2025), Vean cómo, quiénes y cuánto cobran en Pemex (9 de febrero de 2026) y Preguntas (o apuntes) para Ernestina (5 de diciembre de 2025).
Gilda Lozoya… ¿Y si sí?
Sin descartar que un buen elemento de Interpol haya roto los acuerdos solo haciendo su trabajo, qué pudo haber sucedido para que se haya decidido dar inicio al juicio contra Gilda. ¿Y si sí se acabó el dinero y comenzó lo lógico? ¿Y si sí se habrían peleado los hermanos Lozoya y ahora la hermana declarara contra el Emilio? ¿Y si sí fue esto una entrega negociada de Princess Gilda para recomponer su vida y terminar con la omertá que se juró en esa familia? ¿Y si sí fuera una fractura entre el cártel Lozoya y la ‘4T’? En esto caben todas las preguntas posibles. Lo único que no me trago es que este juicio empezó por haber encontrado a una prófuga que tiene todo que ver en los juicios de Lozoya y que este juicio será uno sin presiones políticas ni económicas de uno y otro lado. Solo veamos la manera en que la jueza casi le pide disculpas a Princess Gilda por el mal momento que pasó. Al tiempo, y de esto seguiré escribiendo.