México llegó al Mundial 2026 con una condición que durante años fue presentada como parte de la solución para romper su techo histórico: 13 de sus convocados militaban en clubes de Europa, la mayor cantidad para una Selección Mexicana en una Copa del Mundo durante este siglo.
La cifra superó los 11 futbolistas europeos de Rusia 2018 y los nueve de Qatar 2022. Sin embargo, el resultado volvió a ser el mismo en lo esencial: México no alcanzó los cuartos de final y quedó fuera del Top 8 tras perder 3-2 ante Inglaterra en el Estadio Azteca.
La conclusión fácil sería decir que exportar jugadores no sirve. Pero el Mundial dejó una pregunta más incómoda y también más útil: ¿basta con contar cuántos mexicanos juegan en Europa o habría que analizar en qué ligas compiten, cuánto juegan y qué peso tienen realmente en la Selección?
La derrota ante Inglaterra reforzó esa duda. México tuvo su convocatoria más europea del siglo, pero solo cuatro de esos 13 futbolistas comenzaron el partido más importante del torneo:
- Jorge Sánchez
- César Montes
- Johan Vásquez
- Raúl Jiménez
El resto del once inicial estuvo formado por seis jugadores de la Liga MX y Julián Quiñones, quien milita en Arabia Saudita.
¿Qué ventajas tuvo México ante Inglaterra y por qué no pudo aprovecharlas?
México no llegó al partido del domingo 5 de julio en una posición débil. Al contrario, tuvo una serie de condiciones favorables que pocas veces coinciden en una eliminación mundialista.
El Tri jugó en casa, ante su afición y en un Estadio Azteca donde no perdía un partido oficial desde 2013. Además, había disputado tres de sus cuatro encuentros anteriores en ese escenario y estaba adaptado a los más de 2 mil 200 metros de altura de la Ciudad de México, mientras Inglaterra llegó con poco tiempo para aclimatarse.
México también llegaba en su mejor momento del torneo. Había ganado sus primeros cuatro partidos y no había recibido un solo gol, algo que antes solo habían logrado Brasil en 1986 e Italia en 1990 después de cuatro encuentros de un Mundial. Además, venía de vencer 2-0 a Ecuador para conseguir su primer triunfo en una fase de eliminación directa mundialista en 40 años.
El equipo de Javier Aguirre incluso comenzó mejor ante Inglaterra. Raúl Jiménez tuvo una oportunidad de cabeza a los 15 minutos que Jordan Pickford logró detener. México presionó, tuvo el apoyo del estadio y mantuvo el partido bajo control durante el inicio.
Pero una selección que aspira a estar entre las ocho mejores del mundo también se mide por la forma en que responde cuando un partido cambia.
Y México no respondió a tiempo.
Jude Bellingham anotó dos veces en un lapso de apenas dos minutos. Inglaterra pasó del 0-0 al 2-0 antes de que el Tri pudiera reorganizarse. Julián Quiñones logró descontar antes del descanso y devolvió a México al encuentro, pero los errores todavía no terminaban.
¿Cuáles fueron las fallas de México en el partido que definía el pase a cuartos?
La derrota no puede resumirse únicamente en que Inglaterra tiene mejores futbolistas.
México permitió dos goles casi consecutivos cuando el partido se mantenía equilibrado. Después recibió otro en el momento en que tenía una ventaja que debía cambiar el encuentro.
Al minuto 54, Jarell Quansah fue expulsado después de una revisión del VAR por una entrada sobre Jesús Gallardo. México tenía más de media hora por delante y un jugador más sobre el campo.
Sin embargo, apenas seis minutos después, Anthony Gordon quedó frente al arco y el portero Raúl Rangel cometió la falta que terminó en penalti. Harry Kane convirtió el 3-1.
Es decir, Inglaterra amplió su ventaja cuando ya jugaba con 10 futbolistas.
Raúl Jiménez volvió a acercar al Tri con otro penalti y dejó el marcador 3-2. Quedaban más de 20 minutos, México tenía superioridad numérica e Inglaterra cedió buena parte de la posesión. Aun así, el tercer gol mexicano nunca llegó.
Ahí estuvieron las dos caras de México en el Mundial.
El equipo mostró capacidad para competir, reaccionar y mantenerse en el partido. Pero también recibió dos goles en un periodo muy corto, concedió un penalti cuando tenía un jugador más y no logró convertir la superioridad numérica y territorial del cierre en el empate.
Javier Aguirre resumió el problema después de la eliminación: ante rivales de ese nivel, los errores se castigan.
¿Qué significa realmente que México tuviera 13 jugadores en Europa?
La convocatoria de 2026 sí marcó un cambio.
México pasó de nueve futbolistas en Europa durante Qatar 2022 a 13 en este Mundial. Los seleccionados estaban distribuidos en ocho ligas del continente.
Entre ellos había jugadores como Johan Vásquez, Santiago Giménez y Raúl Jiménez, además de futbolistas en España, Italia, Inglaterra, Países Bajos, Bélgica, Grecia, Turquía, Rusia y Chipre.
Pero agruparlos a todos bajo la misma etiqueta puede ocultar diferencias importantes.
No es lo mismo:
- pertenecer a un club europeo que jugar cada semana;
- competir en una de las ligas más exigentes que hacerlo en un torneo de menor nivel;
- salir joven de México que llegar a Europa después de varios años en la Liga MX;
- ser titular habitual que tener pocos minutos;
- disputar partidos de máxima presión cada semana que enfrentar ese nivel solo con la Selección.
Solo cuatro fueron titulares contra Inglaterra.
México tuvo la convocatoria con mayor presencia europea del siglo, pero el equipo elegido para buscar los cuartos de final todavía dependió en buena medida de futbolistas formados y activos en la Liga MX.
La estadística del récord, por sí sola, no explica cuánto aumentó realmente el nivel competitivo del equipo.
¿Qué cinco cambios necesita el futbol mexicano para llegar regularmente a cuartos de final?
La eliminación ante Inglaterra dejó una conclusión que va más allá del resultado de un solo partido. México puede aumentar el número de jugadores en Europa, competir mejor y avanzar más que en Qatar 2022, pero eso no garantiza que se convierta en una selección que llegue regularmente a cuartos de final.
Para romper ese techo, el debate tendría que pasar de los ajustes de un ciclo mundialista a cambios que afecten la forma en que se forman, compiten y desarrollan los futbolistas mexicanos.
No existe una sola medida capaz de resolver el problema. Tampoco hay garantía de que una reforma produzca resultados inmediatos. Pero cinco cambios aparecen de manera constante cuando se discute qué separa a México de las selecciones que compiten regularmente entre las ocho mejores del mundo.
1. ¿Debe la Liga MX reducir el número de extranjeros para abrir más espacio a los mexicanos?
El primer cambio estaría dentro de la propia Liga MX.
La discusión no consiste únicamente en prohibir o limitar futbolistas extranjeros. El problema de fondo es cuánto espacio existe para que los jugadores mexicanos, especialmente los jóvenes, puedan competir cada semana.
Una posible reforma sería reducir el número de extranjeros que pueden participar en un partido y acompañar esa medida con obligaciones para incluir futbolistas menores de 23 años en las convocatorias.
Una propuesta de este tipo podría establecer:
- un máximo de cinco extranjeros por partido;
- la presencia obligatoria de al menos cuatro mexicanos menores de 23 años en cada convocatoria;
- mecanismos para evitar que los jóvenes solo aparezcan en el plantel sin recibir minutos reales.
La medida tendría una intención clara: aumentar la competencia entre futbolistas nacionales y ampliar la base disponible para la Selección.
Sin embargo, limitar extranjeros por sí solo tampoco resolvería el problema. Dar un lugar a un jugador mexicano no garantiza que tenga el nivel necesario. Por eso, cualquier reducción tendría que ir acompañada de mejores fuerzas básicas, entrenadores, seguimiento y exigencia.
El objetivo no debería ser que los jóvenes jueguen únicamente por su nacionalidad, sino que tengan una ruta real para competir y desarrollarse.
2. ¿Cómo lograr que los mejores jóvenes salgan antes a Europa y realmente jueguen?
El segundo cambio estaría relacionado con la exportación de talento.
El Mundial 2026 mostró que contar jugadores en Europa ya no es suficiente. México tuvo 13, pero solo cuatro fueron titulares ante Inglaterra.
El siguiente paso debería ser medir la calidad de esas experiencias.
Más que preguntar cuántos futbolistas mexicanos están en Europa, habría que observar:
- a qué edad salieron;
- cuánto tiempo juegan;
- en qué nivel compiten;
- si son titulares;
- si participan en torneos internacionales;
- y si permanecen el tiempo suficiente para consolidarse.
Uno de los obstáculos es económico. La Liga MX puede ofrecer salarios que permiten a algunos jugadores permanecer en México en lugar de aceptar procesos más inciertos en Europa.
Una alternativa sería crear incentivos para los clubes que exporten futbolistas jóvenes.
Por ejemplo, podría existir un fondo que compense parcialmente a los equipos cuando vendan talento mexicano a clubes europeos o premios para las instituciones que formen jugadores capaces de consolidarse en el extranjero.
La meta no debería ser enviar futbolistas por enviar.
El objetivo tendría que ser que más mexicanos salgan jóvenes, permanezcan, jueguen y enfrenten cada semana un nivel que los prepare para partidos como el de Inglaterra.
3. ¿México necesita recuperar un ascenso y descenso real?
El tercer cambio estaría en la estructura de competencia.
El futbol mexicano lleva años discutiendo el ascenso y descenso sin resolver por completo qué modelo quiere tener.
Una opción sería recuperar un sistema de ascenso y descenso con consecuencias deportivas reales.
La otra sería mantener una liga cerrada, pero imponer exigencias mayores a los clubes en formación, infraestructura, fuerzas básicas y desarrollo de jugadores.
El problema aparece cuando el sistema queda en un punto intermedio.
Sin una amenaza deportiva clara para los equipos que terminan en los últimos lugares y sin obligaciones fuertes para producir talento, existe el riesgo de reducir la presión competitiva.
La discusión, por lo tanto, no debería limitarse a preguntar si debe volver el descenso.
La pregunta es qué modelo genera mayor exigencia.
Si México decide tener ascenso y descenso, tendría que funcionar de manera real. Si decide mantener una estructura cerrada, los clubes tendrían que cumplir estándares mayores de desarrollo deportivo.
4. ¿Qué tendría que cambiar en las fuerzas básicas?
El cuarto cambio probablemente tendría los resultados más lentos, pero también podría ser el más importante.
México necesita producir más jugadores de alto nivel en todas las posiciones.
No basta con encontrar una generación con buenos mediocampistas o delanteros. Una selección que aspira a mantenerse entre las ocho mejores necesita competencia interna en cada zona del campo.
Eso implica invertir durante años en:
- centros regionales de alto rendimiento;
- detección de talento fuera de las grandes ciudades;
- nutrición;
- psicología deportiva;
- preparación física;
- análisis de datos;
- formación de entrenadores;
- seguimiento individual de los futbolistas.
También tendría que existir una mayor conexión entre las selecciones juveniles y la Selección Mayor.
Un jugador no debería aparecer en el proyecto nacional únicamente cuando debuta en Primera División. El seguimiento tendría que comenzar antes y mantenerse durante su desarrollo.
La inversión tampoco debería concentrarse solo en encontrar al próximo delantero.
México necesita producir centrales, laterales, porteros y mediocampistas con capacidad para competir al máximo nivel.
Una verdadera reforma de fuerzas básicas tardaría años en dar resultados. Por eso, cualquier proyecto serio tendría que mantenerse más allá de un presidente federativo, un entrenador o un ciclo mundialista.
5. ¿Debe cambiar la forma en que México mide el éxito de su Selección?
El quinto cambio no está en un reglamento ni en una convocatoria.
Está en la forma en que el futbol mexicano define sus objetivos.
Durante décadas, clasificar al Mundial fue considerado una obligación y superar la fase de grupos se convirtió en la principal medida del rendimiento.
Pero una selección que quiere estar regularmente entre las ocho mejores necesita otro nivel de exigencia.
La discusión tendría que partir de una escala más clara:
- quedar fuera antes de octavos debería considerarse un fracaso;
- llegar a cuartos tendría que ser un objetivo regular;
- alcanzar semifinales debería representar un éxito;
- mantenerse entre las ocho mejores debería ser la meta de largo plazo.
El nuevo formato del Mundial incluso volvió insuficiente la vieja idea del “quinto partido”. México puede jugar cinco encuentros y aun así no llegar a cuartos.
El objetivo real ya no puede medirse por el número de partidos disputados.
La medida tendría que ser si el país logra instalarse de manera constante entre las ocho mejores selecciones del mundo.
Ese cambio también implicaría dejar de evaluar todo a partir de un solo Mundial.
Una reforma seria necesitaría mantenerse durante 10 o 15 años, incluso si los primeros resultados no son inmediatos.
La Selección que podría convertir a México en un equipo habitual de cuartos de final quizá no esté formada todavía. Algunos de esos jugadores podrían estar hoy en categorías infantiles.
Por eso, el problema no se resolverá únicamente con un nuevo entrenador, una mejor convocatoria o algunos futbolistas más en Europa.
Para cambiar el resultado, México tendría que cambiar también el sistema que produce a esos jugadores.
¿Quién tiene el poder para cambiar el futbol mexicano?
Los cambios no dependen de una sola persona. De acuerdo con ChatGPT, las principales decisiones están repartidas entre:
- Mikel Arriola: estructura de competencia, reglas de la Liga MX y desarrollo de jóvenes.
- Ivar Sisniega: proyecto deportivo nacional, selecciones y estrategia de largo plazo de la FMF.
- Director Técnico a cargo: convocatorias, integración de jóvenes y cultura de exigencia, aunque no puede modificar problemas estructurales.
- Los dueños de los clubes: tienen el mayor peso en decisiones como extranjeros, ascenso y descenso y prioridades de inversión.
En la práctica, cualquier reforma profunda necesitaría acuerdos entre la FMF, la Liga MX y los propietarios. Sin ese respaldo, será difícil sostener durante 10 o 15 años un proyecto que priorice el desarrollo deportivo sobre los resultados de corto plazo.
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