HUB
Publicidad Responsiva - Banner Superior
Radar Inteligente
Mundiario 07 Jul, 2026 06:12

Europa necesita reforzar sus dos pilares para garantizar su seguridad

Durante décadas, Europa construyó uno de los proyectos políticos y económicos más exitosos de la historia contemporánea bajo una premisa que apenas necesitó ser cuestionada: la seguridad militar estaba garantizada por Estados Unidos a través de la OTAN. Ese equilibrio permitió que la integración comunitaria avanzara sin necesidad de desarrollar una auténtica arquitectura europea de defensa. Hoy, sin embargo, ese escenario ha cambiado profundamente.

El historiador y profesor de Estudios Europeos de la Universidad de Oxford Timothy Garton Ash, cuyas reflexiones suele publicar El País, sostiene una idea tan sencilla como poderosa: Europa descansa sobre dos grandes pilares. El primero es económico y político, representado por la Unión Europea. El segundo es militar y estratégico, representado por la OTAN. Ambos tienen su sede en Bruselas, pero durante demasiado tiempo han evolucionado casi en paralelo, sin la coordinación que exige el nuevo contexto internacional.

La invasión rusa de Ucrania primero y, posteriormente, la incertidumbre provocada por el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca han obligado a revisar muchos de los supuestos sobre los que descansaba la seguridad europea. No se trata únicamente de cuestionar el grado de compromiso futuro de Washington con la defensa del continente. El verdadero desafío consiste en que Europa asuma una responsabilidad mucho mayor sobre su propia seguridad sin romper el vínculo transatlántico que ha garantizado la paz durante más de siete décadas.

La fortaleza europea reside en combinar integración política y capacidad militar. La UE puede financiar el rearme, pero la OTAN continúa siendo el principal escudo defensivo

Las cifras reflejan la magnitud del proyecto común. La OTAN ha pasado de los doce países fundadores en 1949 a los treinta y dos actuales. La Unión Europea ha evolucionado desde los seis miembros de la antigua Comunidad Económica Europea hasta los veintisiete socios actuales. Veintitrés Estados europeos forman hoy parte simultáneamente de ambas organizaciones y representan alrededor de dos tercios del producto interior bruto del continente. Esa coincidencia institucional constituye una fortaleza excepcional que hasta ahora no siempre ha sido plenamente aprovechada.

La principal aportación de la Unión Europea en este nuevo escenario no consiste en sustituir a la OTAN, sino en fortalecer el componente económico, industrial y financiero de la defensa común. Bruselas dispone de instrumentos para impulsar ese esfuerzo colectivo, desde el Fondo Europeo de Defensa hasta iniciativas recientes como SAFE (Security Action for Europe), destinadas a facilitar inversiones conjuntas y mejorar las capacidades industriales del continente.

La financiación constituye uno de los grandes retos. Reforzar ejércitos, modernizar capacidades, desarrollar tecnologías críticas y aumentar la producción de armamento requiere recursos extraordinarios que ningún Estado miembro puede afrontar aisladamente con la misma eficacia que mediante mecanismos coordinados. Precisamente ahí la Unión Europea dispone de un margen de actuación considerable como catalizador de inversiones comunes y como impulsora de una mayor integración industrial en materia de defensa.

¿Puede ser la UE un sustituto de la OTAN?

Convertir a la UE en un sustituto completo de la OTAN sería, probablemente, un error estratégico. El artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea incorpora una cláusula de asistencia mutua, pero su alcance político y militar dista mucho del compromiso operativo que representa el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte. La credibilidad de la disuasión colectiva continúa descansando sobre una estructura militar integrada que Europa tardaría muchos años en reproducir por sí sola.

La cuestión, por tanto, no es elegir entre Bruselas y Bruselas, entre la Unión Europea y la Alianza Atlántica, sino conseguir que ambas organizaciones actúen como piezas complementarias de una misma estrategia. Mientras la UE puede aportar capacidad financiera, coordinación industrial y cohesión política, la OTAN continúa ofreciendo planificación militar integrada, mando operativo, interoperabilidad entre fuerzas y capacidad de respuesta inmediata.

Ese proceso exige además una progresiva europeización de la propia OTAN. No para romper la alianza con Estados Unidos, sino para equilibrarla. Europa necesita incrementar su peso operativo, asumir mayores responsabilidades y disponer de medios suficientes para responder incluso en escenarios en los que el respaldo estadounidense pudiera resultar más limitado o tardío. Se trata, en definitiva, de construir una autonomía de actuación compatible con la cooperación transatlántica.

El apoyo a Ucrania, pieza esencial de la seguridad europea

En ese contexto, el apoyo sostenido a Ucrania sigue siendo una pieza esencial de la seguridad europea. La resistencia ucraniana ha demostrado hasta qué punto la determinación política, la innovación tecnológica y la capacidad de adaptación pueden alterar los cálculos estratégicos de una potencia mucho mayor. Mantener ese respaldo no solo responde a razones de solidaridad con un país agredido, sino también a un evidente interés de estabilidad para toda Europa.

Al mismo tiempo, conviene evitar que el necesario incremento del gasto militar reabra viejas suspicacias entre los propios europeos. El fuerte esfuerzo inversor anunciado por Alemania, por ejemplo, ha despertado inquietudes en algunos socios como Francia o Polonia, recordando que la integración europea nació precisamente para superar las rivalidades nacionales que durante siglos alimentaron los conflictos del continente. De ahí la importancia de que el rearme europeo se articule mediante mecanismos compartidos y no exclusivamente nacionales.

Europa afronta uno de los momentos estratégicos más delicados desde el final de la Guerra Fría. La respuesta no pasa por abandonar el modelo construido durante décadas, sino por actualizarlo. Fortalecer el pilar económico que representa la Unión Europea y consolidar el pilar militar que encarna una OTAN cada vez más europeizada no son objetivos incompatibles, sino complementarios.

La credibilidad de la disuasión depende, en última instancia, de algo más que del volumen de los presupuestos militares. Depende de transmitir una voluntad política inequívoca. Si Europa demuestra que está preparada para financiar su defensa, coordinar sus capacidades y responder unida ante cualquier amenaza, aumentarán las posibilidades de preservar precisamente aquello que ha definido al proyecto europeo desde sus orígenes: la paz, la estabilidad y la libertad. @mundiario

Contenido Patrocinado