Mucho hemos hablado de las Mipymes, pero poco hemos entendido. La economía mexicana camina gracias a las micro, pequeñas y medianas empresas; incluso me atrevería a decir que son estas las que, en gran parte, sostienen a las grandes empresas. Para dimensionar, en México hay más de cinco millones de Mipymes que representan el 99.8% de las unidades económicas y que generan casi veinte millones de empleos, equivalentes a poco más del setenta por ciento del empleo total, y aportan cerca del cincuenta y dos por ciento del PIB. Y aun así, su debilidad estructural suele limitar su productividad.
Por muchos años, el debate sobre el por qué una Mipyme logra consolidarse o no, se centró exclusivamente en un tema de financiamiento: a mayor número de créditos, mayor éxito. Y sí, esto sigue siendo piedra angular, pero también hay otros factores que lo determinan, y hoy el gobierno de México está poniendo el foco en los principales problemas y retos que estas tienen: la informalidad, el poco acceso a la digitalización, el acceso a vehículos financieros, los trámites burocráticos, la falta de liquidez y su esperanza de vida (52% de las Mipymes desaparece antes de los dos años).
Por ello, desde la Secretaría de Economía, hemos trabajado en diseñar una política nacional diferenciada, partiendo de la premisa de que no todas las Mipymes son iguales ni necesitan lo mismo, con ejes transversales como el financiamiento, la digitalización y la integración.
Recientemente, la Secretaría de Economía lanzó junto con VISA y más de 10 agregadores de pagos, uno de los programas más ambiciosos en los últimos años para la digitalización de las Mipymes. Este programa tiene como objetivo incrementar la aceptación de pagos digitales, facilitar la formalización de negocios y ampliar el acceso a servicios financieros. Esta iniciativa ha logrado en seis meses, lo que no se había logrado en años: digitalizar 734,000 negocios y esperamos cerrar el año con más de 1 millón y para 2030, llegar a las 3.24 millones de Mipymes digitalizadas.
Y quizá se preguntarán: ¿Bueno, y por qué es relevante esto? Hoy, la bancarización y la digitalización no son una opción: son una necesidad para formar parte del encadenamiento productivo. Es lo que determina si estás dentro o fuera del mercado. Genera un efecto dominó para acceder a más herramientas que permitan aumentar la productividad y la competitividad, abrir mercados y promover una verdadera inclusión financiera, como acceso a ventas en línea, exportación, vender a mayor escala y rápido, reducción de costos operativos, historial crediticio, seguridad, incorporación al mercado, escalar proveeduría, entre otros.
Aún queda trabajo por hacer, tanto en el sector público como en el privado, para fortalecer a las Mipymes. No obstante, los resultados comienzan a ser evidentes. Hoy observamos un incremento del 68% en las ventas con tarjeta, un avance que va más allá de las cifras: representa más empleo, mayor actividad económica y mejores herramientas e incentivos para quienes impulsan el crecimiento del país y constituyen el motor del Plan México.