La semana pasada concluyó la segunda ronda de conversaciones entre México y Estados Unidos sobre la revisión del T-MEC.
El secretario de Economía confirmó que el 1 de julio los tres países definirán la ruta del acuerdo y definirán si tendrá una extensión automática por 16 años o un esquema de revisiones periódicas por 10 años. Esa fecha es el inicio formal de la negociación que definirá las condiciones del comercio norteamericano para la próxima década.
México llega con una contradicción que creo conviene nombrar con claridad.
Por un lado, los números del comercio exterior nunca habían sido mejores: nos mantuvimos como el principal socio comercial de Estados Unidos por segundo año consecutivo, las exportaciones manufactureras alcanzaron niveles récord y el nearshoring pasó de promesa a operación real en varios sectores clave.
Por el otro, la economía interna cuenta una historia distinta con un PIB que apenas creció 0.2% anual en el primer trimestre de 2026, una inversión total que cerró 2025 en 22.9% del PIB (su nivel más bajo para un cuarto trimestre desde 2022) y solo un 11% de los proyectos de nearshoring anunciados desde 2023 materializados en inversión confirmada.
Considero que esa contradicción, entre exportar más, pero invertir menos, no es un dato menor y es una señal clara de los límites del modelo que llevamos a negociar.
La segunda ronda dejó claro cuáles son los temas centrales: las reglas de origen para productos industriales, la seguridad económica (que es la forma diplomática de hablar de la presencia de empresas chinas operando desde México) y el comercio de acero, aluminio y automotriz. Además, se acordó crear un comité para revisar la compatibilidad regulatoria entre los países en sectores clave.
Especialistas señalan que el elefante blanco en las mesas de negociación sigue siendo China y cómo se construye una región de América del Norte más sólida. La presión sobre los proveedores de insumos importados fuera del T-MEC va a crecer independientemente de cómo termine la negociación, considerando que el gigante asiático es el segundo proveedor de importaciones de México y que casi una cuarta parte de los insumos para vehículos proviene de China.
Para el empresario exportador, estos temas están por convertirse en realidades concretas que no dependen del resultado del 1 de julio: las reglas de origen se van a endurecer, el contenido regional va a aumentar y la trazabilidad documental va a ser más exigente.
Esas no son especulaciones, están en la mesa de negociación desde la primera ronda. Aquí es donde la negociación diplomática se convierte en decisión empresarial concreta.
Conversando con clientes exportadores, veo que muchas empresas siguen esperando el resultado del 1 de julio para decidir si invierten en proveedores locales, en certificaciones o en capacidad productiva. Esa espera tiene un costo real, puesto que las condiciones que el T-MEC renegociado va a imponer, no se pueden cumplir de un día para otro, requieren inversiones que toman meses en madurar.
Aún cuando la incertidumbre sobre si el acuerdo dura 16 años o 10 es real, la certeza de la dirección a tomar ya existe. Necesitamos más contenido regional, más integración norteamericana, menos dependencia de insumos asiáticos.
Las empresas que empiecen a moverse en esa dirección hoy llegarán mejor posicionadas al siguiente capítulo, sea cual sea la duración que acuerden los tres países.
Llevamos a la mesa del T-MEC los mejores números exportadores de nuestra historia, un verdadero activo real.
Pero también llevamos una inversión productiva que no creció al ritmo que las exportaciones exigen y un crecimiento interno que no refleja el dinamismo exportador que tanto celebramos.
Resolver esa contradicción no es tarea exclusiva de los negociadores, es tarea de cada empresa exportadora decidir si sigue esperando el resultado o empieza hoy mismo a construir las capacidades que el acuerdo va a requerir.
El T-MEC se negocia en las mesas diplomáticas, pero la competitividad se construye en las plantas, en las cadenas de proveedores y en las decisiones de inversión que se toman antes de que la negociación termine.