Los Diablos Rojos parecían un auténtico cadáver futbolístico en las primeras rondas eliminatorias contra Senegal, con un vestuario al borde de la ruptura absoluta y un pie fuera del torneo. Sin embargo, en un giro de guion el equipo resucitó de sus cenizas de forma milagrosa. Ahora se presenta ante España en los cuartos de final como un peligroso e impredecible rival que ha dejado atrás todos sus miedos a la eliminación.
La catarsis belga se vivió en un agónico duelo ante los africanos cuando el seleccionador Rudi García tomó la decisión de retirar del campo a sus dos máximas estrellas para cambiar la dinámica. Aunque la tensión interna casi lleva a las manos a varios futbolistas en el banquillo, el destino unificó al grupo en una prórroga mítica que terminó en victoria. Ese conato de incendio fue, paradójicamente, el clic definitivo que logró unificar a un vestuario históricamente fracturado.
Tras el milagro, el técnico consumó una revolución sin precedentes de cara a los octavos de final frente a Estados Unidos, dejando en el banquillo a las vacas sagradas de la vieja guardia. La jugada le salió redonda con un contundente triunfo por cuatro goles a uno que consolidó una pizarra que España debe estudiar con lupa. El nuevo sistema se sostiene sobre una defensa renovada y un centro del campo donde la libertad creativa ha devuelto la ilusión.
La primera gran advertencia para Luis de la Fuente está bajo los tres palos, ya que contar con Thibaut Courtois es, prácticamente, jugar con una ventaja competitiva enorme. El guardameta ha sostenido a su nación en cada partido con intervenciones milagrosas que frustraron a los delanteros rivales en las rondas previas. Si la Roja quiere romper las tablas, necesitará una precisión quirúrgica ante un portero que se encuentra en un auténtico estado de gracia.
El segundo factor clave es el nuevo orden jerárquico en la medular, personificado en un Youri Tielemans que ha asumido los galones de capitán tras la tormenta interna. El centrocampista del Aston Villa se ha convertido en el verdadero motor del equipo, dotando al bloque de una fluidez posicional que el esquema español debe maniatar de inmediato. Su capacidad para cambiar el ritmo y sus pases largos son el nexo perfecto entre la veteranía y la juventud del cuadro europeo.
El peso de la historia y el deseo de cambiar un destino escrito
En los costados de la zona de ataque, la pizarra belga ofrece una dualidad táctica muy definida que puede llegar a marear a la zaga española si no se toman las marcas adecuadas. Por un lado emerge la figura de Leandro Trossard, un perfil frío, cerebral y sumamente calculador que destaca como el jugador que más ocasiones de gol genera. El extremo del Arsenal compensa cualquier falta de velocidad pura con una visión periférica envidiable y un guante en ambos pies.
En el extremo opuesto se encuentra el perfil salvaje de Dodi Lukébakio, quien aporta un despliegue físico brutal y una gran capacidad para romper líneas en conducción vertical sobre el césped. El atacante tiende a trazar diagonales hacia el interior para explotar su potente disparo de pierna zurda, liberando carriles para las proyecciones de sus compañeros. Marc Cucurella tendrá una jornada de máxima exigencia para contener estas dos amenazas tan distintas.
Por si fuera poco, los laterales belgas también se han convertido en armas de destrucción masiva, especialmente Maxim De Cuyper por la banda izquierda de la zona defensiva. El carrilero del Brighton representa un peligro constante en las jugadas de estrategia e incluso en los saques de banda en largo que funcionan como córneres encubiertos. Eso sí, su vocación ofensiva dejará espacios libres a su espalda, un oasis ideal que Lamine Yamal buscará castigar con vehemencia.
Para el frente de ataque, la estrategia belga dosifica su pólvora con una gestión de minutos y un desgaste físico impecable sobre los centrales del equipo contrario. El joven Charles de Ketelaere se ha ganado a pulso el puesto de delantero titular gracias a su movilidad e inteligencia para arrastrar marcas de los defensores. Su trabajo sucio debilita la resistencia rival durante los primeros dos tercios del encuentro, preparando el terreno para el golpe definitivo.
El verdadero peligro de esta renacida Bélgica reside en su súper revulsivo de lujo: Romelu Lukaku, quien ha aceptado su nuevo rol con una efectividad goleadora verdaderamente aterradora. Al entrar fresco en los segundos tiempos, el histórico ariete castiga a las defensas cansadas aprovechando al máximo los espacios en transición. España está avisada frente a un rival que ya estuvo muerto en este torneo, no tiene nada que perder y cuenta con las armas necesarias para arruinar el sueño mundialista. @mundiario