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Vanguardia 13 Jul, 2026 05:00

Trump: Del fracaso en Irán a los manotazos en México

Don Augurio Malsinado es un pobre hombre a quien persigue siempre un hado adverso. La suerte le ha sido contraria desde que nació: su mamá no le dio el pecho; le dio la espalda. Hoy salió de su casa y supo que en esta fecha su mala suerte se cebaría más en él, primero porque es día 13, y luego porque al salir pisó una caca de perro. Todo el tiempo anduvo oliendo, y no precisamente a ámbar. Sus temores se cumplieron fatalmente. Contra el destino nadie la talla, cantó Gardel en su dolido tango. Esa noche fue a una casa desafinada, o sea de mala nota. Necesitaba desfogar sus rijos, contenidos desde semanas antes. Encontró vacío el lupanar. La madama, mariscala o mamasanta –madrota en términos vulgares– se aburría frente a la caja registradora, y un ebrio solitario bebía en la barra una cerveza ya caliente. Las mujeres estaban despatarradas en sus sillas. Una tejía de gancho; otra leía una revista policiaca, y las demás miraban al vacío, como si pudieran llenarlo con su vista. Don Augurio Malsinado se alegró: tenía a su disposición todas las sexoservidoras, llamadas antes putas. Y aquí debo decir cómo se confirmó la ominosa sospecha del señor en el sentido de que ese día no era su día. Requirió una por una a las mujeres, y todas le dijeron: “Esta noche no. Me duele la cabeza”. Es cierto: como dijo “El Zorzal Criollo”: contra el destino nadie la talla... En su desatinada guerra contra Irán, el loco Trump ya no quiere queso, sino salir de la ratonera. Se metió en un berenjenal que cada día se le enreda más. Desde la guerra de Vietnam, y ya antes en Corea, se perdió el mito de la invencibilidad militar de Estados Unidos, y este nuevo fracaso se suma a otros, como el de Afganistán, donde el poderío norteamericano se ha estrellado contra insuperables resistencias de los pueblos atacados. Ahora pesa sobre el orate de la Casa Blanca una amenaza de muerte que de seguro lo preocupará, y un juramento de venganza que pone en alerta máxima a los encargados de la seguridad nacional americana, pues tales aseveraciones del nuevo ayatolá iraní hacen pensar en posibles actos de terrorismo. Trump figura ya entre los peores presidentes que ha tenido en su historia la nación del norte. Buscará compensar su fracaso en Irán con acciones contra otros países, y en ese contexto México está en el primer lugar de la lista. Esperemos entonces nuevos manotazos del amarillento desquiciado... Doña Harlota tenía sospechas acerca de la conducta de su esposo, don Borleto. Contrató a un detective privado para que lo siguiera, y le pidió que cada noche le informara acerca de los movimientos de su marido. Al final del primer día, el investigador le presentó su informe: “El señor fue a un bar de mala muerte en un barrio arrabalero. Luego se dirigió a un motel de paso de tarifa baja en una colonia popular”. “¡Santo Cielo! –exclamó doña Harlota, que no olvidaba las jaculatorias aprendidas de su madre–. ¿Y qué andaba haciendo mi marido en esos ínfimos lugares?”. Respondió el detective: “La estaba siguiendo a usted”... Aparece de nuevo aquí el tal Capronio, sujeto ruin y desconsiderado. De ese jaez los hay en todas partes. Le dijo a su esposa: “Cuando era soltero decidí esperar a que llegara la mujer ideal para unirme a ella”. “¡Nonito! –se emocionó la señora–. ¿Y yo fui esa mujer?”. “No –respondió Capronio–. Lo que pasa es que la mujer ideal nunca llegó”... La chica adolescente le comentó a su mamá: “El autor de este libro dice que en las relaciones humanas los opuestos se atraen”. “Es cierto –confirmó la señora–. Cuando nos casamos, tu papá y yo éramos completamente distintos. Yo estaba embarazada, y él no”... FIN.

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