La selección española de fútbol ha inscrito su nombre con letras de oro en la final de la Copa del Mundo de 2026, un hito histórico que responde, en gran medida, al esfuerzo de un bloque sólido y solidario donde el bien común siempre se ha priorizado sobre los destellos individuales.
No obstante, y con el debido respeto para los goleadores de la noche en Arlington, Mikel Oyarzabal y Pedro Porro, de justicia es reconocer que los dos verdaderos arquitectos de la victoria por cero a dos frente a Francia fueron Rodrigo Hernández y Fabián Ruiz. Desde la sala de máquinas nacional, esta pareja de mediocampistas completó un partido memorable que merece ser recordado con letras de molde.
El actual Balón de Oro de 2024 y el doble campeón de la Champions League con las filas del París Saint-Germain dominaron la contienda de principio a fin, "comiéndose con patatas" a una selección de Francia que partía con la vitola de indiscutible favorita. Al conjunto dirigido por Didier Deschamps de nada le valió su impecable trayectoria previa en el torneo ni el potencial de sus estrellas. El combinado galo se topó con la seriedad defensiva, el despliegue táctico y la jerarquía organizativa de un doble pivote español que gobernó la zona medular con un auténtico puño de hierro desde el pitido inicial.
Incluso antes de que se produjera el fatídico e involuntario error del defensor Lucas Digne sobre el césped tejano, el control de Rodri y Fabián sobre el terreno de juego era ya una realidad incuestionable. Centrocampistas de la talla física y técnica de Adrien Rabiot o Aurélien Tchouaméni se vieron completamente superados, incapaces de sostener el ritmo de circulación y la presión tras pérdida impuesta por los futbolistas españoles. La clarividencia del madrileño para temporizar y la verticalidad del andaluz en la conducción neutralizaron por completo cualquier intento de respuesta del cuadro del gallo.
En este punto del camino hacia el segundo título mundial de la historia de España, resulta obligatorio ensalzar la clarividencia de Luis de la Fuente. El seleccionador riojano tuvo que convivir con duras críticas de un sector de la afición y de la prensa que se llevó las manos a la cabeza al confirmarse la suplencia de Pedri en beneficio de Fabián Ruiz. Sin embargo, el tiempo y los resultados han vuelto a dar la razón al técnico nacional, consolidando la entrega de la batuta del equipo al jugador del PSG como una de las decisiones más determinantes e inteligentes de todo el campeonato veraniego.
El acierto del maestro riojano y la asfixia táctica sobre los galos
El futbolista andaluz ha demostrado aportar al ecosistema de la selección el mismo talento asociativo y la visión entre líneas que caracterizan al joven jugador canario, pero añadiendo además un despliegue y un desgaste físico sencillamente impresionante.
Esta descomunal capacidad de trabajo resultó clave en Arlington para asfixiar la salida de balón de la zaga francesa y recuperar el esférico en zonas de máxima influencia ofensiva. De la Fuente dio definitivamente con la tecla ganadora a partir de los cuartos de final ante Bélgica, diseñando un sistema táctico sin fisuras.
La madurez táctica demostrada por España en la recta decisiva de la competición ha silenciado cualquier atisbo de duda sobre la sabiduría y la gestión del seleccionador de Haro. Su capacidad para potenciar el talento colectivo y exprimir el momento dulce de futbolistas como Fabián y Rodri ha transformado a la Roja en una máquina competitiva casi perfecta.
Con el billete para la gran final del próximo domingo en Nueva Jersey asegurado en el bolsillo, el combinado nacional se prepara para afrontar el desafío definitivo con el respaldo de una medular que es pura garantía de éxito.
El panorama futbolístico internacional asiste con admiración al renacimiento de una España fiel a su estilo de posesión pero dotada ahora de una agresividad y un dinamismo físico que desarma a los rivales más potentes del planeta. El desgaste de los dos mediocampistas nacionales frente a las acometidas de Kylian Mbappé y sus compañeros quedará como una de las grandes lecciones de juego posicional de la historia de las fases finales de la Fifa. El domingo aguarda la gloria de la segunda estrella, pero el monumento futbolístico a los cerebros del centro del campo español ya está construido en la memoria de los aficionados. @mundiario