La economía de China se desaceleró más de lo esperado en el segundo trimestre y registró su crecimiento más débil en más de tres años, lo que aumenta la presión sobre los responsables políticos para acelerar el gasto público y cumplir la meta anual de crecimiento.
El Producto Interno Bruto creció un 4.3% interanual, según datos publicados este miércoles por la Oficina Nacional de Estadísticas, por debajo del límite inferior del objetivo oficial de entre 4.5% y 5% para este año. El resultado también quedó por debajo del 4.5% previsto por los economistas consultados por Bloomberg, tras el avance del 5% registrado en el primer trimestre.
En conjunto, la economía creció un 4.7% en el primer semestre. Frente al trimestre anterior, el PIB avanzó un 0.9%, su menor expansión en más de dos años.
La magnitud de la desaceleración probablemente dominará la agenda cuando el Politburó del gobernante Partido Comunista se reúna este mes. Los funcionarios podrían optar por acelerar el gasto y reforzar la inversión en infraestructura después de que los recortes del gasto en los últimos meses frenaran la actividad tras un comienzo de año mejor de lo esperado.
"Hay margen para acelerar el gasto fiscal dentro del presupuesto aprobado para respaldar la inversión en infraestructura", dijo Ding Shuang, economista jefe para Gran China y el Norte de Asia de Standard Chartered Plc, uno de los dos analistas de la encuesta que acertó la cifra del PIB. "Creemos que el gobierno priorizará la implementación de las políticas ya existentes".
Aunque el crecimiento del primer semestre se mantiene dentro del rango fijado por Pekín, el primer ministro Li Qiang no descartó nuevos estímulos y esta semana pidió "preparar y estudiar políticas adicionales".
Los datos también mostraron que la inversión en activos fijos cayó un 5.7% en el primer semestre frente al mismo período del año anterior, un resultado peor al previsto y que profundiza el descenso de 4.1% registrado entre enero y mayo.
Las ventas minoristas sorprendieron positivamente al crecer un 1%, después de haber caído un 0.6% en mayo, pese a que la mayoría de los economistas esperaba un nuevo retroceso. La producción industrial aumentó un 5.3%, superando las previsiones, mientras que la tasa de desempleo urbano descendió al 5% desde el 5.1% de mayo.
"La desaceleración del crecimiento en el segundo trimestre se debe principalmente a factores temporales y externos", afirmó Mao Shengyong, subdirector de la Oficina Nacional de Estadísticas. Agregó que algunos sectores, como la minería del carbón, se vieron afectados por factores puntuales, mientras que "las bases de la economía, que sigue siendo estable y mejora su estructura, permanecen sin cambios".
La reacción de los mercados fue moderada tras la publicación de los datos. El yuan offshore mantuvo una ganancia de 0.1% y el rendimiento del bono del gobierno a 10 años se mantuvo estable en 1.73%.
Tras los datos, bancos como Morgan Stanley, Goldman Sachs y Australia & New Zealand Banking Group redujeron sus previsiones para el crecimiento de China en 2026 y ahora esperan una expansión de entre 4.5% y 4.6%.
El Banco Popular de China tampoco mostró urgencia por intensificar los estímulos. El vicegobernador, Zou Lan, afirmó que la entidad utilizará sus herramientas de política "en función de las necesidades de gestión de liquidez".
Además, señaló que el banco central ajustará la tasa de interés según la evolución de la economía y de la inflación, al tiempo que reafirmó la actual orientación de política monetaria "moderadamente flexible".
Las ventas minoristas de bienes, excluidos los automóviles, aumentaron un 3% interanual en junio, mientras que las compras de vehículos se desplomaron más de un 16%. Los descensos en las ventas de productos como electrodomésticos se moderaron durante el festival anual de compras en línea "618", según economistas locales.
El deflactor del producto interno bruto, una medida amplia de la evolución de los precios en la economía, volvió a terreno positivo por primera vez desde comienzos de 2023. Sin embargo, ello responde principalmente al mayor costo de productos importados como el petróleo, mientras persisten las presiones deflacionarias derivadas del exceso de oferta.
Las preocupaciones sobre la salud de la segunda mayor economía del mundo se han intensificado desde abril, cuando el crecimiento comenzó a perder fuerza y a mostrar mayores desequilibrios. Aunque el impacto del conflicto con Irán ha contribuido a poner fin a varios años de deflación, la confianza de consumidores y empresas continúa siendo débil.
Las exportaciones alcanzan niveles récord y la producción manufacturera se mantiene sólida, impulsada en gran medida por la expansión mundial de la infraestructura para inteligencia artificial. Sin embargo, las tensiones comerciales persisten y amenazan a una economía cada vez más dependiente de las ventas al exterior. El riesgo es que los beneficios de ese auge permanezcan concentrados en sectores como la fabricación de productos electrónicos y no se extiendan al resto de la economía.
El desplome histórico de la inversión en activos fijos durante el último año ha encendido las alarmas en China y pone en duda la eficacia de una de las principales herramientas utilizadas por las autoridades para impulsar el crecimiento durante períodos de debilidad económica.
Si bien la fuerte dependencia de la inversión ha generado problemas de sobrecapacidad y desperdicio de recursos, también ayudó a estabilizar la economía en momentos de crisis, como durante la crisis financiera mundial de hace casi dos décadas.
Casi todas las categorías de inversión de capital retrocedieron en junio. La inversión inmobiliaria cayó un 18% en el primer semestre respecto del año anterior, su mayor descenso desde que existen registros en 1992, aunque la caída de los precios de la vivienda se moderó en junio.