En Argentina, el 24 de marzo es una fecha de duelo, marchas y disputas políticas. Un día como este martes, pero de hace 50 años, se inició la última dictadura cívico-militar en el país sudamericano. El golpe cívico-militar de 1976 derrocó a Isabel Perón e instauró una dictadura que gobernó hasta 1983 y llevó a cabo desapariciones, torturas y robo de bebés, así como forzó a miles de personas al exilio.
México se convirtió en ese momento en uno de los destinos elegidos para muchas de las personas que huyeron de la persecución de la dictadura. De obreros a académicos, miles de personas llegaron al país norteamericano en busca de asilo. La tradición mexicana de brindar asilo político y refugio a los perseguidos por regímenes autoritarios comenzó en la década de 1940, cuando el gobierno del presidente Lázaro Cárdenas recibió a los derrotados en la Guerra Civil Española y se extendió a los perseguidos por las dictaduras militares en Sudamérica de la segunda mitad del siglo XIX. Poco antes de la dictadura en Argentina, México abrió sus puertas al exilio chileno que huía de la represión encabezada por Augusto Pinochet en Chile. Entre los asilados se encontraba la familia del presidente Salvador Allende, destituido por el golpe de 1973, y de varios miembros de su gabinete. Esta es la historia de asilo brindado a los argentinos.
La embajada mexicana en Buenos Aires abre sus puertas La salida de argentinos hacia México comenzó dos años antes que la dictadura, con la salida de perseguidos por razones políticas y gremiales en 1974, poco después de la muerte del presidente Juan Perón. Entonces, las primeras familias solicitaron asilo formalmente ante la representación diplomática mexicana en Buenos Aires. La embajada de México en Argentina, ubicada en el exclusivo barrio de Belgrano, en la capital argentina, se convirtió en el primer asilo para decenas de personas tan pronto inició la dictadura de una junta cívico militar encabezada por Jorge Videla. “El presidente (Luis) Echeverría me llamó, me dio instrucciones muy concretas con relación al asilo… a las posibilidades de asilo, que tenía que estar muy, muy generoso y muy abierto a todas estas posibilidades… me dijo: ‘se aproximan momentos difíciles para la Argentina, queremos que usted recuerde que la política de México ha sido siempre de puertas abiertas y de generosidad’”, dijo el entonces embajador de México en Argentina, Roque González Salazar.Los 68 asilados que vivieron en diferentes momentos y temporalidades en la embajada mexicana, una casa apta para ocho personas, promovieron –en medio del encierro colectivo– cotidianidades que dieron cierta continuidad a su vida, de acuerdo con un artículo de Araceli Leal Castillo del Instituto Mora. Muchos de estos asilados estuvieron en la casona que era territorio mexicano durante días, semanas o meses, hasta que lograban partir hacia México, en donde eran recibidos por el gobierno que les ofrecía casa y oportunidades de trabajo. La Junta Militar retrasó la expedición del salvoconducto de acuerdo al grado de hostilidad que guardaban a los asilados. Juan Manuel Abal Medina, un dirigente peronista, se resguardó en la embajada mexicana desde 1976 y hasta 1982, cuando estalló la guerra de las Malvinas y la Junta aceptó brindarle un salvoconducto. Otro caso emblemático fue el del expresidente Héctor Cámpora, quien permaneció en la embajada de México por tres años. Obtuvo un salvoconducto por razones de salud —un cáncer de laringe— hasta 1979. Murió en México un año después.
Un exilio difícil de cuantificar No todos los argentinos que salieron del país entonces lo hicieron por decisión propia, algunos fueron obligados a elegir entre la cárcel o el destierro, indica Pablo Yankelevich, académico de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (INAH) en un artículo. Yankelevich dice que es muy difícil conocer la cantidad exacta de argentinos que salieron del país durante la dictadura, por la falta de estadísticas oficiales argentinas durante la época y también por la clandestinidad de muchas de las huidas.“No hay antecedentes equiparables en la historia argentina contemporánea de la salida forzada de ciudadanos huyendo de la persecución política en una cantidad similar”, indica José Miguel Candía, investigador del Instituto Mora y el INAH en un artículo. Si bien el número de perseguidos argentinos en México fue pequeño tanto si se lo compara con otros países de destino (España o Italia), como si se lo vincula al total de extranjeros en el país, lo cierto es que el volumen de argentinos creció en 347% entre 1970 y 1980, de acuerdo con cifras del Censo Nacional de Población, citadas por Yankelevich. De acuerdo con los archivos del Instituto Nacional de Migración (INM) mexicano, entre 1974 y 1983, 8,776 argentinos solicitaron la regularización de su situación migratoria. De ellos, solo 175 fueron asilados políticos.
Una lucha por la memoria El aniversario encuentra a los argentinos en medio de una batalla política por cómo se narra esta violencia, luego de que el presidente Javier Milei cuestionara consensos instalados desde el retorno de la democracia. El gobierno cifra en menos de 9,000 el número de desaparecidos, sostiene que en los años de dictadura hubo una guerra en la que se cometieron excesos de ambos lados y relativiza el rol de la dictadura militar, al describirlo como parte de un enfrentamiento con organizaciones armadas. Sin embargo, organizaciones de defensa de los derechos humanos indican que más de 30,000 personas desaparecieron durante la dictadura. ]]>