Lionel Messi miró al 84' hacia la zona más alta del Estadio de Atlanta, visiblemente agobiado. ¿Qué buscaba? Nada menos que la enorme pantalla y el cronómetro. A Argentina le quedaba muy poco tiempo para buscar la gesta en la Semifinal contra Inglaterra.
Segundos antes, el '10' se había llevado las manos al rostro, decepcionado por un pésimo centro a segundo poste. Se le notaba visiblemente angustiado, mientras el cronómetro seguía su curso.
CANCHA hizo marca personal a los últimos minutos del que pudo ser el último partido decisivo en un Mundial para Messi (el duelo por tercer lugar no tiene la misma jerarquía), y que solo fue el trampolín para la tercera Final de su trayectoria en Copa del Mundo.
En ese momento Messi ya recorría el campo en horizontal. Se involucró para que aquí no acabara el sueño de los argentinos. Curiosamente, un minuto después de que viera tan fijamente la pantalla jaló la marca de dos adversarios y tocó para Enzo Fernández cuyo zapatazo le devolvió el alma al cuerpo a los argentinos.
Messi festejó con tanta euforia que hasta se montó en la espalda de Enzo. Mientras, el portero inglés Jordan Pickford lanzaba una colección de regaños a sus compañeros que no taparon el disparo.
A pesar de que Inglaterra intentó cortar el ritmo, Argentina no perdió la dinámica. Con la de palo, la derecha, y ya tirado como extremo derecho más que como enganche (como al principio de su carrera), Lionel le puso un bombón a Lautaro al 90'+2', para el gol del pase a la Final.
Todos los jugadores de la banca argentina corrieron como desposeídos a abrazar a Messi. Y ahora fue Enzo Fernández quien levantó en hombros a Lionel, al jugador que cargó con la responsabilidad de una histórica voltereta, un 2-1, como en 1986 bajo la guía de Diego Armando Maradona.
Hasta Gonzalo Montiel, el siempre tímido Montiel, alentó a la gente para que no dejaran de gritar y cantar y presionar a los ingleses.
En los últimos minutos del juego, esos que se vuelven eternos en este Mundial por la cada vez más larga compensación, Messi reclamó una y otra vez al árbitro para que pitara el final del juego, momento en el que en solitario en la media cancha solo atinó a señalarle la otra pantalla, porque el tiempo de reposición había terminado y el partido seguía.
Se acabó la Semifinal y el '10', dentro del círculo central, se hincó y agitó los puños mientras seis compañeros pegaban un sprint desde la banca para abrazarlo, para agradecerle por ese espíritu que hoy, a sus 39 años, ha llevado a Argentina a otra Final de la Copa del Mundo.
"¡Vamos!", gritó Messi, mientras agitaba las manos en dirección a las gradas que hervían de argentinos.