Cuando un incendio forestal queda reducido a cenizas, la emergencia parece terminar, pero sus efectos pueden permanecer mucho más tiempo de lo que muestra el paisaje quemado. El humo, las partículas contaminantes y el impacto psicológico de estas catástrofes dejan una huella silenciosa en la salud humana. Ahora, una investigación de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) pone el foco en una etapa especialmente vulnerable: el embarazo.
El estudio revela que las mujeres embarazadas expuestas a grandes incendios forestales tienen más probabilidades de dar a luz antes de tiempo y de tener bebés con bajo peso al nacer. Un efecto que los investigadores califican como “pequeño, pero consistente”, aunque advierten de que se trata de un riesgo evitable si se adoptan medidas específicas de protección durante estas emergencias.
La investigación, publicada en la revista Perspectives Demogràfiques, analiza los datos de 3,4 millones de nacimientos registrados en España entre 2008 y 2021 y los cruza con episodios de grandes incendios, aquellos que superaron las 500 hectáreas quemadas. Los resultados apuntan a una relación entre la exposición prenatal al fuego y determinadas complicaciones en el nacimiento.
La autora del trabajo, María Rubio-Cabañez, investigadora del Centro de Estudios Demográficos de la UAB, explica que los resultados no implican un riesgo comparable al de hábitos como fumar o consumir alcohol durante la gestación, pero sí muestran un impacto que no debe ignorarse. Según sus datos, la exposición a estos episodios aumenta alrededor de un 10% la probabilidad de que el bebé nazca con bajo peso.
Dos amenazas durante el embarazo: contaminación y estrés
Los investigadores señalan que los incendios pueden afectar al desarrollo fetal por dos vías principales. La primera es el humo. Los fuegos liberan grandes cantidades de partículas finas PM2,5, capaces de penetrar en los pulmones y llegar al torrente sanguíneo. Estas sustancias pueden desencadenar procesos inflamatorios y alterar el suministro de oxígeno y nutrientes al feto.
La segunda vía es menos visible, pero también relevante: el estrés. Un incendio puede obligar a abandonar el hogar, alterar la rutina familiar y generar miedo e incertidumbre. Estas situaciones pueden elevar los niveles de cortisol en las embarazadas, una hormona relacionada con respuestas del organismo que pueden influir en el desarrollo del embarazo.
Los científicos todavía no pueden determinar qué peso tiene cada factor, si la contaminación del aire o el impacto emocional de vivir una emergencia. Sin embargo, María Rubio-Cabañez recuerda que el humo puede afectar incluso a personas que viven lejos del foco del incendio y que no perciben un peligro inmediato.
El humo viaja kilómetros y amplía el impacto de los incendios
La amenaza de los incendios forestales no se limita a quienes están cerca de las llamas. Las partículas contaminantes pueden desplazarse a grandes distancias y exponer a miles de personas durante días. Esta característica convierte al humo en una de las consecuencias más difíciles de controlar de estos episodios extremos.
La evidencia científica acumulada en los últimos años ya había relacionado la contaminación de los incendios con problemas respiratorios, enfermedades cardiovasculares y un aumento de la mortalidad. Un estudio publicado en The Lancet estimó que entre 2000 y 2019 cientos de miles de muertes anuales estuvieron vinculadas a la contaminación generada por los fuegos.
Además, investigaciones del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) han señalado que las partículas PM2,5 procedentes de incendios podrían tener un impacto especialmente perjudicial. Cathryn Tonne y Julia Moore, investigadoras de ISGlobal, destacan que existe una evidencia sólida sobre el aumento del riesgo de mortalidad en los días posteriores a la exposición, aunque todavía quedan incógnitas sobre las consecuencias acumuladas de convivir con episodios repetidos de humo.
Un nuevo reto sanitario en un mundo con más incendios
El avance del cambio climático está favoreciendo unas condiciones más propicias para incendios frecuentes e intensos, lo que convierte la protección de la población vulnerable en un desafío creciente. Para los autores del estudio, las mujeres embarazadas deberían considerarse un colectivo prioritario durante las alertas por incendios forestales.
La recomendación pasa por reforzar la información, mejorar los sistemas de alerta y facilitar medidas preventivas para reducir la exposición al humo. Porque el incendio no termina cuando desaparecen las llamas: parte de su impacto continúa en el aire y puede alcanzar incluso a quienes todavía no han nacido. @mundiario