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Mundiario 15 Jul, 2026 19:41

Rajoy se atrinchera en la soberbia y la xenofobia al negarse a pedir perdón

El expresidente del Gobierno español Mariano Rajoy ha provocado un monumental incendio diplomático y un profundo rechazo social tras la publicación de su controvertida columna de opinión previa a las semifinales en el diario El Debate en la que afirmó tajantemente que la selección nacional de Francia cuenta con una plantilla de altísimo nivel eso sí sin franceses.

Este menosprecio cargado de un indiscutible sesgo xenófobo y racista cuestiona de manera directa la nacionalidad y la pertenencia de unos deportistas de élite por el simple hecho de tener orígenes familiares migrantes o un color de piel oscuro ignorando que la inmensa mayoría de ellos nacieron y se criaron en territorio galo.

La respuesta de las instituciones francesas y españolas no se hizo esperar siendo calificado el escrito por el Ejecutivo de Emmanuel Macron como absolutamente inaceptable y aberrante, mientras la embajada recordaba que veintitrés de los veintiséis convocados nacieron en el país. Lejos de asumir la gravedad de sus afirmaciones o de mostrar un mínimo de sensibilidad hacia la diversidad del fútbol moderno se ha negado de manera obstinada a pedir perdón defendiendo que sus palabras eran meramente sarcásticas y apelando a un supuesto buen humor que nadie más ha sabido encontrar.

En un intento de desviar la atención y eludir su responsabilidad Rajoy ha emitido nuevos textos en los que se victimiza y acusa formalmente al Gobierno de Pedro Sánchez de chivarse a ministros extranjeros y amplificar la tormenta mediática únicamente para generar ruido y tapar sus propios problemas políticos.

Lo que verdaderamente buscaba el exmandatario con semejante desprecio era conectar con los prejuicios más rancios de un sector de la población validando de forma consciente las tesis excluyentes de la ultraderecha europea que vinculan de forma obsesiva la identidad nacional con la pureza étnica en lugar de con el arraigo legal y el civismo republicano.

La cerrazón de Rajoy ante el clamor internacional demuestra una preocupante falta de empatía y una soberbia institucional impropia de quien ostentó la máxima representación del Estado español puesto que prefiere enconar las relaciones con un socio histórico antes que admitir un error evidente.

Estrellas del deporte han tenido que salir a responder con madurez recordando que el fútbol debe servir fundamentalmente para integrar a la sociedad y que Francia y España son dos ejemplos perfectos de esa rica pluralidad cultural que el expresidente pretende negar con su rancia ironía periodística. La negativa a rectificar confirma que el objetivo de la columna no era realizar un análisis puramente deportivo sino agitar intencionadamente el debate identitario buscando una rentabilidad política basada en la polarización y el rechazo al diferente.

La insistencia de su entorno político en disculpar el agravio catalogándolo como una simple anécdota o una broma malentendida agrava sustancialmente la ofensa hacia los futbolistas y menosprecia el dolor de quienes sufren diariamente el racismo estructural en el continente europeo.

El fútbol actual refleja con total fidelidad la realidad de un mundo interconectado y el intento de despojar arbitrariamente de su condición de franceses a figuras como Kylian Mbappé solo evidencia un anacronismo intelectual profundo y un total desconocimiento del alma republicana francesa que no entiende de colores ni de religiones ante la ley. Con este empecinamiento en no retractarse Rajoy alimenta un terraplanismo social peligroso que antepone las impresiones superficiales y los prejuicios ideológicos a los datos reales y objetivos de la documentación civil y el derecho internacional.

La sociedad democrática exige que sus antiguos dirigentes mantengan una conducta ejemplar y un respeto escrupuloso hacia los derechos humanos por lo que su silencio y su posterior soberbia ante la condena generalizada manchan de manera inevitable su legado político en la historia contemporánea de España.

Es lamentable que se prefiera mantener encendida la llama de la crispación y el conflicto diplomático para presentarse ante sus seguidores como una víctima de la supuesta corrección política cuando en realidad lo único que se le pide es la decencia básica de reconocer que sus palabras fueron profundamente desafortunadas.

Al final, la mejor respuesta la han dado los propios jugadores en el terreno de juego demostrando que la verdadera identidad de un equipo moderno se forja con el trabajo la convivencia pacífica y el compromiso mutuo valores que están muy por encima de las estrechas miras y de los sesgos heredados de quienes no logran aceptar el pluralismo y el mestizaje de nuestro tiempo actual.

Por todo ello la pregunta sigue en el aire, reflejando la indignación de millones de ciudadanos que no comprenden por qué es tan sumamente difícil pronunciar una palabra de disculpa, cuando se ha causado un daño evidente a la dignidad de las personas y a la imagen exterior de un país que mayoritariamente abomina de cualquier manifestación de intolerancia en el ámbito del deporte. @mundiario

 

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