Existe un aprendizaje que difícilmente cabe en un salón de clases. Están las enseñanzas que nacen al conversar con desconocidos que pronto se vuelven amigos; al probar un platillo cuyo sabor cuenta la historia de una región; al bailar por primera vez una jarana o al descubrir que una palabra en maya sigue viva en las conversaciones cotidianas.
Eso es precisamente lo que viven este verano 27 estudiantes de Brigham Young University (BYU), de Utah, Estados Unidos, quienes participan en una nueva edición del Programa de Verano BYU–Universidad Modelo, una alianza académica que desde hace años convierte a Yucatán en un aula abierta donde el idioma, la cultura y la convivencia se aprenden de primera mano.
Para Aubree Pace, estudiante de Trabajo Social, llegar a Mérida significó comprobar que la realidad supera cualquier referencia encontrada en libros o redes sociales.
“Siempre escuché historias de que México era un lugar hermoso y tenía expectativas muy altas. Hoy puedo decir que se cumplieron completamente. Además, muchas veces en redes sociales hablan de un México peligroso, pero aquí encontré un lugar tranquilo, lleno de cultura y personas muy amables”, comparte sonriente.
Su compañero Benjamin Lindsay, quien estudia Medicina con énfasis en Neurociencias y Español, también encontró algo que ningún curso universitario podía ofrecerle.
“Nunca había salido de Estados Unidos. Aquí estoy rodeado completamente por el español durante todo el día, y eso ha sido extraordinario.”
Lejos de limitarse al aprendizaje del idioma, ambos coinciden en que la experiencia ha consistido en comprender una forma distinta de vivir. Mientras en Estados Unidos el tiempo suele medirse por el reloj, Benjamin descubrió que en Yucatán las personas parecen dar mayor importancia al momento que comparten.
“Se vive el presente. La gente se enfoca más en el momento que está ocurriendo que en la hora. Eso me ha fascinado.”
Aubree añade otra diferencia que la sorprendió desde los primeros días.
“He sentido una cultura de apoyo. Las personas trabajan muy duro, pero siempre encuentras a alguien dispuesto a ayudarte. Los maestros también crean un ambiente donde uno puede preguntar y sentirse cómodo.”
Aprender con todos los sentidos
El programa combina clases universitarias con experiencias de inmersión cultural. Los estudiantes recorren zonas arqueológicas, cenotes, museos y comunidades, mientras complementan su formación con talleres de bordado en punto de cruz, jarana, teatro regional y gastronomía yucateca.
Para Aubree, la diferencia es enorme.
“Cuando visitas otro país normalmente solo observas. Aquí participamos. Bailamos, aprendemos bordado, conocemos la historia y entendemos por qué estas tradiciones siguen vivas.”
Benjamin incluso ya tiene un plan para cuando regrese a casa.
“Quiero hacer un bordado para una corbata. Aprendí lo suficiente para intentarlo.”
Ambos esperan con entusiasmo la muestra gastronómica incluida en el programa.
“La comida también es una forma de demostrar cariño”, dice Aubree. “Es compartir amistad y afecto a través de algo que preparas para otra persona.”
Una experiencia que marcará sus profesiones
Más allá de los recuerdos, ambos tienen claro que esta estancia influirá directamente en el ejercicio de sus futuras carreras.
Benjamin desea atender a pacientes latinos en Estados Unidos y considera que dominar el idioma va mucho más allá de traducir palabras.
“Como médico quiero que mis pacientes sientan que realmente los entiendo. La confianza también se construye por la manera en que uno habla y se comunica.”
Para Aubree, quien desea trabajar con comunidades migrantes, la experiencia tiene un significado profundamente humano.
“Ahora entiendo un poco mejor cómo se siente llegar a un país diferente, vivir un choque cultural y enfrentarse a lo desconocido. Eso me ayudará cuando acompañe a inmigrantes en Estados Unidos.”
Abrir una ventana al mundo
El profesor Tomás Hidalgo Nava, director del programa por parte de Brigham Young University y académico del Departamento de Español y Portugués, explica que el objetivo va mucho más allá del perfeccionamiento del idioma.
“En nuestra universidad tenemos un lema: ‘Nuestro campus es el mundo’. Cuando los estudiantes viven una experiencia internacional descubren nuevas culturas, desarrollan empatía y comprenden que existen distintas maneras de ver la vida.”
Cada participante atraviesa un proceso de selección que incluye ensayos, entrevistas y una evaluación de su nivel de español, con el propósito de garantizar que aproveche plenamente la experiencia.
“Tenemos estudiantes de Medicina, Trabajo Social, Historia, Contabilidad y muchas otras disciplinas. Esa diversidad también enriquece al grupo.”
Una alianza que crece año con año
Desde la Universidad Modelo, el doctor Luis Urzaiz, director de la Escuela de Humanidades, destaca que el programa ha evolucionado hasta convertirse en una auténtica inmersión académica y cultural.
Los estudiantes cursan cuatro asignaturas impartidas por profesores de la institución, enfocadas en lengua, traducción, literatura y cultura yucateca, mientras complementan su estancia con actividades que los acercan a las tradiciones del estado.
“Lo importante es que no solo aprendan español. Queremos que vivan la cultura maya, conozcan nuestras expresiones artísticas y comprendan cómo se vive realmente en Yucatán.”
Las visitas a zonas arqueológicas, cenotes, comunidades, museos y talleres permiten que el idioma deje de ser un ejercicio académico para convertirse en una herramienta cotidiana.
La recomendación para otros estudiantes de Brigham Young University llegó sin titubeos. Tanto Aubree Pace como Benjamin Lindsay coinciden en que volverían a elegir esta experiencia y animan a sus compañeros a aprovechar la oportunidad de participar en el programa de verano de la Universidad Modelo.
“Lo recomendaría al cien por ciento”, afirma Benjamin, mientras Aubree asegura que la estancia no solo permite perfeccionar el español, sino descubrir una cultura que difícilmente puede conocerse desde un salón de clases.
Para ambos, convivir con la comunidad yucateca, aprender de sus tradiciones y vivir el día a día en Mérida convierte este intercambio en una experiencia que deja huella tanto en el ámbito académico como en el personal.
El viaje continúa
Antes de regresar a Estados Unidos, el grupo realizará la última etapa de este verano académico con una visita a la Ciudad de México, donde continuará ampliando su conocimiento sobre la riqueza cultural del país.
Sin embargo, para Aubree y Benjamin, una parte importante del viaje ya quedó grabada en la memoria. No fueron únicamente los cenotes, la jarana, el bordado o las palabras en lengua maya. Tampoco el calor yucateco, del que bromean diciendo que “ese sí es el único peligro”. Lo que ambos conservarán será la certeza de que aprender un idioma también significa aprender a mirar el mundo desde otra perspectiva. Y, en ese proceso, Yucatán terminó convirtiéndose en una lección que difícilmente olvidarán.
En esta edición del Programa de Verano BYU–Universidad Modelo participan los estudiantes Renae Anderson, Abigail Bailey, Kira Baldwin, Hazel Brunner, Avery Bunker, Alisa Burt, Ethan Erickson, Olivia Fillmore, Natalie Ford, Isabelle Hancock, Samantha Hansen, Lauren Horsley, Kennedy Humphrey, Ezra Kleven, Lucy Ladle, Benjamin Lindsay, Maycee Murray, Sarah Nylund, Aubree Pace, Mary Rolfs, Lorenzo Shakespeare, Gavin Smith, Miles Vandre, Aubriel Vine, Shaylee Webster, Ashlyn Woolwine y Taylor Wright, acompañados por los profesores Gina Di Blasio Giunti y Tomás Hidalgo Nava, quienes guían al grupo durante esta experiencia académica y de inmersión cultural que, además de su estancia en Yucatán, concluirá con una visita a la Ciudad de México antes de su regreso a Estados Unidos.
Las asignaturas son impartidas por profesores de la Universidad Modelo: Spanish 3, por el Dr. Rogelio Rosado Marrero; Conversation, por la Lic. Mary Amy Carrillo Lara; Cultura maya y yucateca, por la Dra. Nancy Peniche (Módulo I) y la Dra. Evelia Magaña (Módulo II); y Literatura Yucateca, por el Mtro. Roberto Azcorra.- Darinka Ruiz Morimoto