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AM 17 Jul, 2026 23:35

Así fue la vida de José Guadalupe Posada en León

Historia 291

Esta es la historia 291 de 450 que te contaremos sobre León

Mucho antes de convertirse en el grabador más reconocido de México, José Guadalupe Posada vivió durante 16 años en León. Aquí instaló su taller, imprimió sus primeros trabajos de manera independiente y construyó una etapa de su vida que permanece resguardada en archivos, documentos y en la memoria de la ciudad.

La antigua calle del Indio Triste, actualmente Gante, fue el punto donde el grabador instaló su imprenta después de dejar Aguascalientes, tras los problemas derivados de la publicación de El Jicote, un periódico que cuestionaba a personajes políticos de la época.

León no fue solamente un lugar de paso para Posada. Aquí permaneció 16 años, se casó, tuvo un hijo, trabajó para comercios y fábricas de la región, destacó en la elaboración de imágenes religiosas y desarrolló una etapa distinta de su producción artística, antes de trasladarse a la Ciudad de México.

Un León del Porfiriato recibió al grabador

Cuando Posada llegó a León, la ciudad atravesaba una etapa de crecimiento económico y social. Era una población marcada por sus talleres, comercios y actividades productivas relacionadas con la fabricación de calzado, textiles, talabartería y distintos oficios.

Los documentos históricos describen a un León con una fuerte presencia religiosa, donde templos, celebraciones y estampas formaban parte de las costumbres de sus habitantes.

Rodolfo Herrera Pérez, director del Archivo Histórico Municipal de León, explica que el contexto de la ciudad fue importante para entender el trabajo que Posada desarrolló durante su estancia.

León era una ciudad muy tranquila, estamos hablando del tiempo del Porfiriato. Era una ciudad muy trabajadora, se le conocía como la ciudad de las industrias sin humo, porque la zapatería y otras actividades no utilizaban chimeneas como otro tipo de industrias”, señaló.

En esta ciudad encontró un espacio donde la imprenta y la litografía tenían clientes y necesidades específicas. Las imágenes religiosas, los libros, los anuncios comerciales y los materiales para negocios formaban parte de una demanda constante.

Grabado de José Guadalupe Posada, incluido en el Apéndice del libro Moral práctica (1876), sobre las Fiestas de León. Foto: Archivo AM

La historia detrás de su llegada

La llegada de José Guadalupe Posada a León no fue casual. Antes de instalarse en la ciudad había trabajado en Aguascalientes junto con Trinidad Pedroza, con quien participó en el periódico El Jicote, caracterizado por sus críticas políticas.

El periódico generó molestias entre algunos sectores del gobierno de la época. Las críticas publicadas provocaron represalias que llevaron a Pedroza y Posada a buscar un nuevo destino para continuar su trabajo.

Fue así como León se convirtió en su destino.

“José Guadalupe Posada se vino a León para instalar una sucursal de la imprenta que ya estaba en Aguascalientes. Tuvieron algún problema porque estamos hablando del tiempo del Porfiriato y parece que hubo una amonestación por parte del gobierno de Aguascalientes”, explicó el director del Archivo Histórico Municipal.

En la calle del Indio Triste

En mayo de 1872 quedó registrada la instalación del taller mediante una tarjeta de presentación donde se anunciaba:

“Trinidad Pedroza tiene la honra de avisar a usted que ha establecido en esta ciudad su Litografía e Imprenta”.

El establecimiento se ubicaba en la primera calle del Indio Triste número 14, actualmente calle Gante, una zona donde años después seguiría presente la memoria de aquella imprenta.

Posada construyó una vida en León

Durante sus primeros años en la ciudad, Posada se dedicó al trabajo de imprenta y litografía. Aunque Trinidad Pedroza regresó posteriormente a Aguascalientes, Posada permaneció en León al frente del taller.

Fue aquí donde comenzó a desarrollar una etapa propia como grabador.

Su producción estuvo muy relacionada con la vida cotidiana de la época. Realizó estampas religiosas, ilustraciones para libros, carteles, retratos, invitaciones para actos religiosos y civiles, además de una amplia variedad de trabajos comerciales.

También realizó imágenes para periódicos y diversos encargos que llegaban de negocios de la región.

La calidad de sus grabados permitió que su trabajo llegara más allá de León. Fábricas de cigarros, comercios y establecimientos de municipios cercanos solicitaban sus servicios.

Entre sus clientes estuvieron negocios de San Francisco del Rincón, como la fábrica de cigarros La Aurora; de Arandas, con La Encantadora y El Ferrocarril Mexicano; de Lagos, con La Fragancia, la Botica del Refugio y La Esperanza; de Silao, con El Gorro de la Libertad; además de establecimientos de Mineral de La Luz y otras zonas.

Además, elaboró cajetillas de cigarros, etiquetas para cerillos, tarjetas de felicitación, esquelas mortuorias y propaganda comercial.

El hombre detrás del taller

León también fue el lugar donde Posada construyó una vida personal.

El grabador se casó en la ciudad con María de Jesús Vela el 20 de septiembre de 1875 y aquí nació su hijo.

Sus años en León representan una etapa distinta a la que después desarrollaría en la Ciudad de México. No era todavía el artista asociado con los esqueletos y las escenas del Día de Muertos que años más tarde formarían parte de su reconocimiento.

Aquí su trabajo estaba ligado principalmente a las necesidades de una sociedad que buscaba imágenes para sus negocios o celebraciones.

Durante esta etapa también tuvo contacto con la enseñanza. Fue maestro de grabado en una escuela secundaria de la ciudad y realizó una representación del centro de León con una técnica particular.

Entre las anécdotas que rodean su paso por León existe una relacionada con la figura que años después daría origen a La Catrina.

Se cuenta que durante una visita al jardín de San Juan de Dios observó a una mujer que buscaba aparentar una posición social distinta a la que tenía. En aquella época algunas personas utilizaban polvo de garbanzo para aclarar su piel y buscar parecer parte de otro grupo social. Esa imagen habría permanecido en la memoria del artista.

La inundación de 1888

Después de 16 años de vivir en León, la vida del grabador en la ciudad cambió definitivamente tras uno de los acontecimientos más difíciles en la historia local: la inundación de 1888.

El desastre afectó gran parte de la ciudad, dejó miles de viviendas dañadas y modificó la vida de muchas familias.

De acuerdo con los registros históricos, Posada dejó León después de este episodio. Sus biógrafos señalan que la muerte de su hijo y una oportunidad de trabajo en la Ciudad de México fueron parte de los motivos que marcaron su salida.

“Supuestamente murió su hijo y él, viendo la situación, se va a la Ciudad de México. Recibió una oferta de trabajo y allá desarrolló su talento”, señaló el director del Archivo Histórico.

Continuó en Ciudad de México

Aunque su nombre quedó ligado para siempre a La Catrina y a la Ciudad de México, una parte esencial de la historia de José Guadalupe Posada comenzó en León.

Fue entre las calles del Centro Histórico, en un modesto taller de la antigua calle del Indio Triste, donde consolidó su oficio, formó una familia y desarrolló buena parte de la experiencia que años después lo convertiría en uno de los grabadores más importantes de México.

La etapa leonesa de Posada es menos conocida que el resto de su trayectoria, pero sigue viva en documentos, impresos y recuerdos que permiten reconstruir aquellos 16 años en los que hizo de León su casa, su taller y uno de los capítulos más importantes de su vida.

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