A lo largo de los años, la educación ha incorporado distintas herramientas para facilitar la enseñanza y el aprendizaje. Desde la llegada de internet hasta las plataformas digitales actuales, cada avance tecnológico ha representado nuevos retos para docentes y estudiantes. Hoy, la inteligencia artificial (IA) se suma a esa lista y plantea la pregunta: ¿cómo utilizarla sin que sustituya el proceso de aprendizaje?
Cuando internet comenzó a popularizarse, a finales de los años 90 y principios de los 2000, surgieron problemas relacionados con el uso de información sin citar fuentes y la consulta de sitios poco confiables. Con la inteligencia artificial ocurre un fenómeno similar. Herramientas como ChatGPT y Gemini pueden apoyar la búsqueda y organización de información, pero no son infalibles y pueden generar datos incorrectos o inventados, por lo que no deben utilizarse como única fuente.