El incendio de La Mierla, en Guadalajara, ha dejado de avanzar sin control y empieza a abrir una ventana de esperanza tras una semana de máxima tensión. El fuego, considerado ya el más grave de la historia de Castilla-La Mancha, ha calcinado más de 32.000 hectáreas y ha obligado a desplegar uno de los mayores dispositivos de emergencia que se recuerdan en la comunidad. La estabilización del incendio supone un cambio decisivo, aunque las autoridades advierten de que todavía quedan jornadas complicadas por delante.
El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, confirmó este miércoles desde el puesto de mando avanzado de Tamajón que el incendio entra en una fase de “estabilización”, después de varios días en los que las llamas avanzaron impulsadas por las condiciones meteorológicas adversas. Según el dirigente autonómico, los equipos de extinción han conseguido situarse “por primera vez por delante del incendio”, una señal de que la emergencia empieza a estar bajo mayor control.
La evolución favorable permitirá retirar progresivamente algunas de las medidas más restrictivas adoptadas durante los últimos días. Cinco municipios —Riofrío del Llano, Cardeñosa, Santiuste, Angón y Rebollosa de Jayaque— comenzaron a abandonar la situación de evacuación, mientras que también se esperaba el regreso de los vecinos de La Mierla, localidad donde se originó el fuego.
La magnitud del incendio ha obligado a mirar más allá de la extinción inmediata. Aunque el descenso de la intensidad de las llamas supone un alivio para los habitantes de la zona y para los cientos de profesionales movilizados, el impacto ambiental, económico y social será una de las grandes preocupaciones durante los próximos meses. El paisaje afectado tardará años en recuperarse y muchos municipios afrontarán ahora una compleja etapa de reconstrucción.
Un incendio que deja una huella histórica en Castilla-La Mancha
Durante su visita a la zona afectada, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, volvió a reclamar un pacto de Estado frente a la emergencia climática. El jefe del Ejecutivo insistió en que los incendios forestales no pueden abordarse únicamente cuando las llamas ya están arrasando territorios, sino que requieren prevención, planificación y una respuesta coordinada durante todo el año.
Sánchez subrayó que España ha registrado 22 grandes incendios entre enero y julio, una cifra que multiplica por cuatro la del mismo periodo del año anterior. Además, recordó que el país supera ya las 100.000 hectáreas quemadas, una superficie que refleja, según sus palabras, la dimensión del desafío al que se enfrentan las administraciones.
Más allá del debate político, el incendio de Guadalajara vuelve a situar sobre la mesa una realidad cada vez más evidente: los episodios extremos de calor, sequía y viento están transformando la forma en la que se producen y combaten los grandes fuegos. La emergencia climática ha dejado de ser una previsión de futuro para convertirse en un problema que afecta directamente a pueblos, ecosistemas y servicios públicos.
La reconstrucción será el próximo gran desafío
Emiliano García-Page destacó la labor de los equipos de emergencia y aseguró que el operativo permitió proteger hasta 40 núcleos de población que estuvieron en riesgo. Según explicó, sin el despliegue realizado, varios municipios podrían haber sufrido daños mucho mayores.
Ahora comienza una segunda fase: evaluar las pérdidas y recuperar una zona que ha sufrido uno de los golpes ambientales más importantes de su historia reciente. El Gobierno central ya ha anunciado que asumirá el 50% de los costes de recuperación tras el incendio, una ayuda que busca acelerar la vuelta a la normalidad de los municipios afectados. @mundiario