JUEGOS DE PODER
No somos un país rico, pero tampoco pobre. Tenemos, en realidad, una economía de renta media con mucha desigualdad. No nos caracterizamos por ser muy generosos ni donamos mucho de nuestro dinero ni trabajamos como voluntarios ni ayudamos a los extraños. En comparación con otras naciones nos sentimos satisfechos con la libertad de qué hacer con nuestras vidas.
Pensamos que sí hay una corrupción generalizada en el País.
Somos gente con emociones predominantemente positivas. Tendemos a reírnos, disfrutar e interesarnos en la vida cotidiana. En otros países, en cambio, domina la preocupación, tristeza y enojo.
Cuando nos piden imaginarnos una escalera con peldaños numerados del cero en la parte inferior al diez en la parte superior, donde dicha parte superior representa la mejor vida posible y la inferior la peor vida posible, tendemos a responder que estamos en el peldaño número siete, es decir, bastante satisfechos con nuestras vidas.
En suma, tomando en cuenta todas estas variables, somos una nación feliz. Así lo demuestra el último Informe Mundial sobre la Felicidad de 2026.
Estamos en el lugar doce de 147 naciones que se midieron. El año pasado aparecimos en el décimo.
En felicidad, solo nos superan, en orden descendente en el ranking mundial, Finlandia (número uno de la lista), Islandia, Dinamarca, Costa Rica, Suecia, Noruega, Países Bajos, Israel, Luxemburgo, Suiza y Nueva Zelanda.
Cada año que sale este estudio me sorprendo de lo bien que nos va en materia de felicidad.
Y es que, por un lado, la economía nacional lleva siete años sin crecer con todo lo que eso implica en la generación de empleos bien remunerados. A pesar de que el gobierno pasado sacó a más de 13 millones de mexicanos de la pobreza, todavía hay 38.5 millones que permanecen en esa condición.
La violencia nos ahoga todos los días con asesinatos, feminicidios, desapariciones, extorsiones y secuestros. Tenemos gobiernos bastante chafas que proveen servicios públicos deficientes (infraestructura, seguridad, salud, educación). En las grandes ciudades, el tráfico vial resulta insoportable.
Y, sin embargo, por otro lado, nos sentimos satisfechos con nuestras vidas cuando nos hacen la prueba de la “Escalera de Cantril” que tiene un peso importante en medir la felicidad.
El año pasado, cuando salió el reporte en cuestión, comencé a hacerles esta pregunta a propios y extraños. Todos me respondieron de siete en adelante. No me encontré a ninguno que se pusiera en peldaños bajos, incluso gente que yo sabía que tenían una vida con muchos problemas y penurias. A pesar de todo, se sentían satisfechos con su vida.
Parece que así somos los mexicanos.
¿Por qué?
El estudio del año pasado demostraba que se debía a las conexiones sociales.
Aquí en México, a diferencia de Europa, tenemos hogares más numerosos, donde vive más gente, con la posibilidad de desarrollar interacciones sociales positivas. Además, en México se suele compartir más la hora de las comidas, lo cual genera una mayor satisfacción vital.
En otras palabras, la interacción social con la familia, amigos y compañeros de trabajo nos hace más felices a los mexicanos.
Yo comparto esta tesis. A mí me hace muy feliz el “mueganismo mexicano” (permítanme esta expresión para denotar la unión familiar y social) porque he vivido y sufrido la experiencia de residir en países donde la gente está más sola.
El reporte este año sobre la felicidad se concentra en un tema que, de hecho, puede afectar esta interacción social y por tanto la felicidad: Las redes sociales.
Gloso los principales hallazgos que me parecen fascinantes:
• La satisfacción con la vida es mayor con bajos niveles de uso de las redes sociales y menor con niveles de uso más altos.
• Las actividades en Internet se dividen en dos grupos. La comunicación, las noticias, el aprendizaje y la creación de contenido se asocian con una mayor satisfacción vital. Las redes sociales, los videojuegos y la navegación por ocio se asocian con una menor satisfacción vital.
• Los datos de América Latina revelan que el tipo de plataforma es crucial. Las diseñadas para facilitar las conexiones sociales muestran una clara asociación positiva con la felicidad, mientras que aquellas impulsadas por contenido seleccionado algorítmicamente tienden a mostrar una asociación negativa con altas tasas de uso.
• Los países latinoamericanos combinan altos niveles de uso de las redes sociales con un alto bienestar juvenil, mientras que los países de habla inglesa muestran un bienestar juvenil inferior al que pueden explicar sus patrones de uso de Internet.
Me congratulo de vivir en un país feliz. Ante lo pesado de los problemas que tenemos, por lo menos disfrutamos de esa bendición.