Mientras las ciudades enfrentan veranos cada vez más intensos como consecuencia del cambio climático, existe un sector particularmente vulnerable del que pocas veces se habla: los miles de perros y gatos que sobreviven en las calles e incluso en domicilios particulares.
Las islas de calor urbanas se originan por la sustitución de áreas naturales por concreto, asfalto, techos y superficies oscuras que absorben y almacenan la energía solar. Durante el día, estos materiales alcanzan temperaturas extremas y, por la noche, liberan lentamente el calor acumulado, impidiendo que la ciudad se refresque.