La insatisfacción corporal no es tendencia; no es un estilo de vida; no es un accidente. Se trata de un evidente modelo de negocio rentable en la era digital. Diversos espacios de divulgación han sido saturados con información sobre tratamientos para bajar de peso, cómo vestir para lucir un cuerpo más delgado o qué faja es más efectiva. Hoy, este fenómeno tiene una red de mayor cobertura: las redes sociales.
Navegar por el mundo digital es como un arma de doble filo. Por un lado, se puede encontrar información valiosa, que aporta conocimiento, datos reales y conciencia; por el otro, se encuentra contenido que pone en riesgo o perjudica la salud mental de las y los usuarios, creando inseguridades a partir de tendencias que responden a un sistema controlador.