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Quadratin 13 Mar, 2026 11:00

Lanza Alejandro Alonso su nuevo proyecto: ‘El Escultor’

TOLUCA, Edomex, 13 de marzo de 2026.- El escritor Alejandro Alonso presenta su nueva novela llamada ‘El Escultor’, la cual muestra como quien vuelve a un sitio que lo marcó para siempre. No lo hace desde la nostalgia fácil ni desde el discurso identitario. Lo suyo es otra cosa: una mezcla de obsesión, accidente, arquitectura, misterio y tiempo roto.

La novela nace, explicó el artista, de una primera impresión casi física. Cusco, capital andina y sitio patrimonial de la humanidad, se le reveló hace más de treinta años como un espacio donde la piedra habla. No como ruina muerta, sino como una presencia viva. A diferencia de otros espacios prehispánicos —piensa en Tenochtitlán—, ahí los españoles no destruyeron el basamento incaico: edificaron encima. Esa superposición de tiempos, de estructuras y de silencios fue el primer detonante estético de El Escultor, que lanza la editorial andina Siete Culebras.

Historia pensada desde el lugar

Las grandes piedras perfectamente ensambladas, la simetría casi imposible, el peso de una ciudad construida sobre otra, lo llevaron a pensar la historia no desde los personajes, sino desde el lugar. Ahí aparece Edgar Allan Poe, particularmente “Sombra y Silencio”: relatos donde no hay protagonistas claros, pero sí un misterio que emana del espacio. Alonso quiso hacer lo mismo en los Andes: construir una historia de misterio nacida de la piedra.

Aunque ‘El Escultor’ es una obra de ficción, la novela dialoga con el terror, la ciencia ficción y una inquietud muy contemporánea. Hay ecos de epidemia, de colapso, de cuerpos y de marginación, pero sin caer en etiquetas fáciles.

La incapacidad vista de muchas maneras

El protagonista es un personaje marcado por una condición congénita que nunca se nombra. No hay diagnóstico ni explicación. Es deliberado. Para Alonso, hablar de “discapacidad” es limitado: todos, dice, cargamos con incapacidades visibles o invisibles para amar, para aprender, para relacionarnos.

Ese personaje —siempre cubierto, visible solo a través de los ojos— percibe el universo de una manera distinta. Su relación con el mundo no es social, es cósmica. Observa los astros, el movimiento, el orden invisible de las cosas. Marginado, encuentra en la piedra su única forma de catarsis. Esculpe porque ahí logra comunicarse con aquello que no puede decir de otro modo. La materia se vuelve lenguaje.

Perú, un accidente de lugar

Que la historia suceda en Perú no responde a un gesto ideológico ni a una exaltación latinoamericanista. Alonso es tajante: no cree en esos discursos. No fue a Cusco a buscar patria, identidad ni redención. Fue a accidentarse. Literal y simbólicamente. Vagó por Sacsayhuamán, bajó colinas al anochecer, se dejó caer por callejones, vivió la bohemia y el exceso. De ahí surgió una introspección que no pasa por lo intelectual, sino por el cuerpo. Ese cúmulo de accidentes y regresos —porque volvió muchas veces a Perú— terminó filtrándose en la novela como una ruptura del tiempo.

El Escultor no es lineal. Empieza con una detonación y termina con un suicidio, pero no queda claro cuándo sucede realmente la historia. ¿Antes o después de una epidemia? ¿En el pasado, en el presente o en un futuro que ya ocurrió? Hay un capítulo clave y breve, el 24, y sucede en “el pasado de un presente que ya es futuro”. Esa ambigüedad no es un error: es el corazón del libro.

Una lectura accesible pero compleja

Alonso reconoce que la novela puede leerse de manera accesible, incluso por lectores jóvenes, pero bajo esa superficie hay zonas de sombra que remiten otra vez a Poe: silencios, huecos, preguntas sin respuesta. El misterio no se resuelve porque no quiere resolverse.

Aunque la experiencia que nutre la novela tiene más de tres décadas, El Escultor no fue escrita de golpe. Su proceso tomó alrededor de diez años. Fue enviada a dictamen en España, donde despertó interés editorial, y también a lectores andinos, quienes señalaron algo crucial: el manejo del lenguaje coloquial. Alonso decidió no publicar hasta resolver ese punto. Encontró la clave en el Quechuañol de Juan Guevara y John David Rodríguez, Siete Culebras 2015, Cusco, Perú, un diccionario de términos locales que le permitió afinar voces y diálogos sin traicionar la novela.

Finalmente, El Escultor se publicó en Perú. No como una ofrenda ni como una disculpa, sino como un agradecimiento honesto a un territorio que le permitió mirar de otro modo. En México, reconoce, el camino editorial no se ha abierto con la misma facilidad. Aun así, Alonso no parece preocupado por encajar. Su proceso es diletante, obsesivo, lento. Tiene otras novelas y libros inéditos, pero esta historia necesitaba su propio tiempo.

'El Escultor' es, en esencia, eso: una novela nacida de la piedra, del accidente, del silencio y de una pregunta que nunca termina de responderse. Y quizá ahí radica su fuerza.

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