LA GUAIRA- Había una valla publicitaria en la carretera costera a lo largo de la costa norte de Venezuela con una foto gigantesca de un sonriente Nicolás Maduro, el exdirigente del país, y las palabras “una tierra que fluye leche y miel”, una frase bíblica que describe una tierra bendita.
Pero detrás del letrero no estaba Maduro, ni había leche, ni miel. Solo montañas de escombros, bolsas para cadáveres y campamentos improvisados para miles de venezolanos que quedaron sin hogar tras los devastadores terremotos consecutivos de junio.