Con la apertura de la red y el acceso cada vez más sencillo a todo el contenido que existe, cuidar a los niños y jóvenes de lo que los acecha ahí es una de las decisiones que debería dejarnos sin dormir.
Sin embargo, a veces creo que apenas nos ponemos al corriente en uno de los temas, ya aparecieron tres más que requieren una atención urgente. Pero por ahora, tenemos que admitir y atajar el problema que son la influencia de las redes sociales en los chicos.
Cuando los jóvenes menores de edad cometen crímenes, se les juzga a partir de criterios y reglas que toman en cuenta su edad y, la idea es, que también se toman medidas a partir de su desarrollo.
Deberíamos cuidar a los adolescentes en la web tanto o más de lo que lo hacemos en las calles, porque según los expertos, aún se encuentran en una etapa en la que requieren tanto de contención como una guía cercana para tomar decisiones.
Por eso creo que la pregunta de ¿tenemos claro qué pasa con los jóvenes cuando matan? La propuesta de debatir bajo qué criterios deberíamos juzgar a los menores de edad es acertada y si bien es un paso lejano, es el primero que podría ayudarnos a lograr un contexto que los ayude a construir un entorno, no solo para obtener un castigo si fuera necesario, sino también un camino para prevenir tragedias.
¿Todo el desarrollo mental de un jovencito es el mismo cuando toma una decisión de esa magnitud o es víctima de muchísimas circunstancias que también deberíamos tomar en cuenta?
Lo pregunto en particular por el caso más reciente que sucedió en el centro del país. El 24 de marzo, un joven de 15 años en Lázaro Cárdenas, Michoacán, tomó un arma y fue con ella a la escuela. A las siete de la mañana, después de llegar al plantel, disparó a dos maestras. A Tatiana Madrigal, primero, y a Mariana del Rosario Sagrero, después.
Por la gravedad de sus heridas, ambas murieron momentos después. El jovencito fue detenido por personal de la escuela y esperaron a que llegaran las autoridades.
Horas antes, había publicado en sus redes sociales. Posó con el arma larga frente al espejo, apuntó y siguió grabando un video. Justo después esa publicación, subió otro video de la comunidad incel (célibes involuntarios, por su abreviatura en inglés), donde también hacía publicaciones en contra de los movimientos feministas.
El caso es un retrato muy complejo de una serie de problemas que tenemos cocinando desde hace tiempo. La violencia a la que son expuestos los jóvenes, el impacto de las redes sociales en ellos, control de armas, un entramado legal que permita remediar de fondo y prevenir eventos similares.
Justo ayer la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, llamó a debatir si los jóvenes que cometen algún tipo de delito deberían ser juzgados bajo algún tipo de criterio distinto.
Cuando queremos juzgar a un chico de 15 años por un asesinato, ¿ya es un adulto?. Este no es el primer caso que tenemos de niños con armas, pero debería ser el primero que marque una discusión seria sobre el tema.
@Micmoya