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El Financiero 06 Aug, 2026 05:33

La Agencia de Transformación Digital y redes sociales: un as bajo la manga

La adicción a las redes sociales (RRSS) y el uso excesivo de las plataformas digitales “es un asunto de salud pública”, declaró Sheinbaum en la Mañanera. Tiene razón.

Los riesgos estructurales del diseño y funcionamiento de las plataformas digitales, particularmente en redes sociales, que combinan mecanismos de aprendizaje mediante refuerzo intermitente, recompensas sociales con “likes”, presión de pertenencia y comparación social, guiados mediante un diseño persuasivo de notificaciones, métricas públicas y scroll infinito, con algoritmos de recomendación integrados que optimizan la exposición y el engagement, aumentando la frecuencia de “chequeos” y el prolongamiento de sus sesiones, están afectando permanentemente nuestra salud mental.

Evidentemente, —por su etapa de neurodesarrollo— esto afecta con mucha mayor gravedad a las niñas, niños y adolescentes (NNA).

Así, México se sube a la tendencia mundial para regular las redes sociales para menores de edad, prometiendo desde la vocería de la SEP una iniciativa para finales de mes, que pueda aplicarse desde el siguiente ciclo escolar.

Sin embargo, es urgente considerar algunos datos que parecieran desapercibidos y que no requieren reforma alguna para echar a andar las facultades del gobierno desde la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones (ATDT) y la Secretaría de Economía.

De entrada, en México el 95.1% de los adolescentes de 12 a 17 años usa internet, y el 95.1% de esa conectividad ocurre en el hogar —no en la escuela (ENDUTIH 2024). Por ello, prohibir celulares en las aulas no tiene el alcance suficiente y los límites al uso excesivo de pantallas y redes sociales en NNA no pueden recaer solo en las posibilidades que tenga cada familia.

El diseño adictivo de las plataformas está pensado precisamente para vencer autorregulaciones individuales o controles parentales, los cuales resultan prácticamente inútiles entre los 14 y los 17 años, grupo de mayor riesgo, porque estas generaciones saben usar VPNs, crear cuentas falsas y burlar candados tecnológicos. Por ello, el Estado tiene que nivelar esa cancha digital.

Por otro lado, la experiencia global ha demostrado que la prohibición no funciona sin un sistema que garantice la verificación de edad mínima. En Australia, pionero en la prohibición, el 80% de los NNA sigue usando RRSS (YouGov); mientras que en Reino Unido o en Brasil se han establecido diversos mecanismos, empezando por la verificación real de edad mínima, con mejores resultados.

En nuestro país, la infraestructura técnica con la que se ha desarrollado Llave MX, vinculada a la CURP vía RENAPO, ya suma más de 10 millones de usuarios activos a mayo de 2026, con dos niveles de autenticación.

Este mecanismo puede resultar fundamental para implementarlo como mecanismo de autentificación de edad mínima de 16 años para obtener y usar una cuenta de redes sociales. Mientras que, por su parte, Economía puede encaminar acuerdos comerciales con obligaciones directas para las plataformas, como la prohibición de perfilar a cuentas de menores, diseño o contenido inapropiado para su edad.

Por supuesto, —en conjunto con la SEP—, es positivo prohibir en paralelo el acceso a redes dentro del horario y las aulas escolares, así como establecer paredes tecnológicas que impidan que, en entornos vinculados con el desarrollo de las infancias y las adolescencias, se pueda tener acceso a las plataformas restringidas.

Celebro que este tema sea prioridad para el gobierno de Sheinbaum. Solo que es urgente ejercer las facultades ya existentes: bloqueo tecnológico a menores de 16 años a través de la ATDT con Llave MX y a la Secretaría de Economía encomendar rediseños de las plataformas digitales.

La protección a nuestros NNA de los excesos de las plataformas digitales es el punto de encuentro para todas las y los mexicanos. La ruta ya existe: una ley que regule es deseable, pero lo perfecto es enemigo de lo bueno.

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