Si bien es habitual que en ocasiones cualquiera persona pudiera expresar que ama “un suéter cómodo o una cámara nueva”; esta oración “no suele tomarse de forma literal” ya que “es una especie de taquigrafía emocional que utilizamos para expresar nuestro cariño por objetos preciados”, explican Joel Krueger, quien es profesor Asociado de Filosofía en la Universidad de Exeter, y Thomas Telfer, quien es docente de Filosofía en la Universidad de Exeter, en su artículo titulado “You can love an AI but can it love you back? Philosophy has the answer“ publicado en The Conversation.
"Lo afectivo es esencial para el pensamiento humano... a la inteligencia artificial le falta la dimensión afectivo-analógica, la emoción que los datos y la información no pueden comportar”, describe el filósofo Byung-Chul Han, en su artículo “La inteligencia artificial es incapaz de pensar” publicado en Bloghemia.
Sin embargo, prosiguen Krueger y Telfer tanto la vida y como el amor “son complicados, y a veces la gente proclama amor romántico hacia objetos inanimados y Forman apego emocional intenso hacia muñecas sexuales, almohadas corporales o avatares holográficos de personajes ficticios”.