Los líderes del tercer partido de la coalición gobernante, el Verde, son la última pieza del régimen que captó la atención de Estados Unidos. Sus dirigentes y quienes participan en las campañas de propaganda –empresas consultoras y actores, entre ellos– están siendo investigados por delitos que van desde tráfico de influencias, enriquecimiento ilícito y asociación delictuosa. La información ya fue transmitida al gobierno mexicano, pero no se sabe si, al menos hasta este momento, se la hayan comunicado a los dirigentes o si se estén tomando acciones paralelas.
El Partido Verde no tiene un liderazgo formal reconocido, porque se dirige a través de una estructura de órgano colegiado. Es una mascarada, como ha sido durante sus décadas de existencia mercenaria, porque opera bajo el control de sus dirigentes históricos, en donde el jefe máximo es Jorge Emilio González, el heredero de un partido que nació familiar y que ha convertido en una empresa muy eficiente, donde lo que vende son votos al mejor postor.