La universidad española atraviesa una señal de alarma que va mucho más allá de una simple posición en una lista internacional. El ranking de Shanghái, considerado una de las clasificaciones académicas más prestigiosas del mundo, refleja en su última edición una pérdida de presencia de España: ocho universidades han desaparecido de la clasificación y solo dos han logrado incorporarse. El retroceso no responde a un desplome repentino de la calidad, sino a un problema estructural que lleva años creciendo: la dificultad para competir en investigación con sistemas universitarios que destinan muchos más recursos a la ciencia.
La Universidad de Barcelona continúa siendo la institución española mejor situada, aunque aparece en la franja comprendida entre los puestos 151 y 200. Tras ella se mantienen otros grandes nombres del sistema universitario nacional, como la Universidad Autónoma de Barcelona, la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad de Granada. Sin embargo, el dato más llamativo es la caída global: España pasa de contar con 36 universidades presentes el año anterior a quedarse con 30.
Entre las universidades que abandonan la clasificación figuran las de Baleares, Cádiz, Cantabria, Carlos III de Madrid, Córdoba, Jaén, Las Palmas de Gran Canaria y Lleida. En el lado contrario, regresan al listado la Universidad Rey Juan Carlos y la Universidad de Valladolid, dos incorporaciones que evidencian también la enorme volatilidad que pueden tener estos rankings cuando se analizan instituciones situadas fuera de los primeros puestos.
El ranking de Shanghái no mide únicamente prestigio o reputación. Sus indicadores están centrados principalmente en la capacidad investigadora: premios Nobel y medallas Fields vinculados a la institución, investigadores altamente citados, publicaciones científicas y artículos aparecidos en revistas como Nature y Science. Un modelo que favorece a las universidades con grandes estructuras científicas y una inversión sostenida durante décadas.
La carrera científica mundial deja atrás a quienes no aumentan su inversión
El catedrático de Economía de la Universidad de Castilla-La Mancha Julio del Corral considera que la pérdida de posiciones de España era previsible. A su juicio, el problema no está en que las universidades españolas hayan dejado de hacer buena ciencia, sino en que otros países han acelerado mucho más rápido. Especialmente China, cuyas universidades han experimentado un crecimiento extraordinario gracias a una apuesta económica masiva por la investigación.
“Si otros sistemas avanzan más rápido, aunque tú mantengas tu nivel, pierdes posiciones”, es la idea que resume una competición global en la que la inversión se ha convertido en un factor decisivo. El propio Del Corral, según señala El País, advierte de que algunos indicadores del ranking fueron diseñados originalmente para comparar a las grandes universidades del planeta y pueden generar diferencias enormes entre instituciones de élite y centros que intentan consolidarse.
Uno de los elementos que más puede alterar la clasificación es la presencia de investigadores altamente citados. La llegada o salida de uno de estos científicos puede provocar cambios importantes en la posición de una universidad, incluso aunque su actividad general apenas haya variado. Es una de las razones por las que algunas instituciones españolas experimentan subidas y bajadas bruscas de un año para otro.
La Universidad de Zaragoza es un ejemplo de esta dinámica. Su mejora en la clasificación está relacionada con el aumento de autores altamente citados y con una mayor proyección internacional. Su rectora, Rosa Bolea, destaca que la universidad española cuenta con investigadores capaces de competir al máximo nivel, pero reclama una estructura más sólida que permita mantener ese talento.
El problema no es solo aparecer en un ranking, sino sostener la ciencia
El rector de la Universidad de Barcelona, Joan Guàrdia Olmos, insiste en que detrás de estos resultados existe una cuestión más profunda: la financiación. Recuerda que la mayor parte de la ciencia española se desarrolla en las universidades y reclama presupuestos estables, menos burocracia y una apuesta política que no dependa de ciclos concretos.
La investigación necesita tiempo, equipos y recursos. Muchos proyectos requieren años de trabajo antes de ofrecer resultados, y competir internacionalmente exige unas condiciones que permitan atraer y retener talento. La falta de personal investigador estable, las dificultades para iniciar una carrera científica y unas becas que muchos consideran insuficientes forman parte de un problema que amenaza el relevo generacional.
Julio del Corral reclama aumentar programas como las ayudas FPU y FPI, tanto en número como en cuantía, para evitar que los mejores expedientes abandonen la investigación por falta de perspectivas económicas. “No podemos pedir a nuestros mejores estudiantes que se dediquen a la ciencia en condiciones poco atractivas”, sostiene.
La Universidad de Valladolid y la Universidad Rey Juan Carlos celebran su regreso al ranking, aunque sus responsables coinciden en que mantenerse en estas clasificaciones exige una estrategia de largo recorrido. La rectora vallisoletana, Pilar Garcés, subraya que competir con grandes universidades internacionales requiere recursos para laboratorios, experimentos y contratación de investigadores.
El descenso español en Shanghái no debe interpretarse únicamente como una caída simbólica. Los rankings influyen en la capacidad de atraer estudiantes, investigadores y financiación internacional. Por eso, la pérdida de presencia funciona como un aviso: sin una inversión continuada en conocimiento, incluso los sistemas universitarios con talento pueden perder terreno frente a quienes han decidido convertir la ciencia en una prioridad estratégica. @mundiario