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El Economista 18 Aug, 2026 09:10

Casa Vazqueño: El viñedo de Chihuahua donde la copa también sabe a rancho

Antes de tener vides, cabañas o botellas con su apellido, Casa Vazqueño tuvo un pozo. Fidencio Vázquez lo imaginó desde niño, mientras trabajaba con su padre en unas tierras de temporal del sur de Chihuahua, sujetas a lo que decidiera la lluvia. Se propuso perforarlo cuando tuviera los recursos suficientes. Años después lo hizo y con el agua comenzó a cambiar la capacidad productiva del rancho.

“Pocas veces en la vida tiene uno el honor o la fortuna de lograr los sueños, más cuando son sueños que tiene desde pequeño”, cuenta Fidencio Vázquez. Su entrada al vino no ocurrió desde una mesa de cata, sino desde la ganadería, la agricultura y el conocimiento de una tierra trabajada por tres generaciones.

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Casa VazqueñoCortesía

De Los Charcos al viñedo

La historia comienza formalmente en 1970, cuando el potrero de Los Charcos, ubicado en el Valle de los Olivos, pasó a formar parte del patrimonio de la familia Vázquez. Ahí cultivaban maíz y frijol para las comunidades de la región, además de producir ganado.

En 2002, las tierras llegaron a la segunda generación. Fidencio Vázquez impulsó la tecnificación del rancho mediante sistemas de riego y comenzó a diseñar una plantación de nogales. Cuatro años después, 40 hectáreas fueron destinadas a este cultivo, una actividad estrechamente vinculada con la economía agrícola de Chihuahua.

Casa Vazqueño se constituyó como proyecto en 2020. La vid llegó un año después, con una hectárea experimental plantada con cepas provenientes de Francia. En el mismo periodo comenzaron a cultivar olivos.

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Restaurante en Casa VazqueñoCortesía

La respuesta del terreno permitió ampliar el viñedo en 2022 con otras 14 hectáreas. De esa primera etapa salieron apenas 360 botellas, elaboradas con variedades como Tempranillo, Merlot, Chardonnay, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Malbec, Petit Verdot y Shiraz.

En 2025 se sumaron ocho hectáreas con nuevas plantaciones de Chardonnay, Chenin Blanc y Pinot Noir. Actualmente, Casa Vazqueño cuenta con más de 20 hectáreas de viñedo dentro de un sistema agrícola donde también conviven nogales, olivos y ganado.

Uvas cultivadas a 1,600 metros

El viñedo se encuentra a 1,600 metros sobre el nivel del mar. La combinación entre el clima fresco de la sierra, la radiación solar y la diferencia de temperatura entre el día y la noche favorece una maduración lenta, capaz de conservar acidez y desarrollar concentración aromática.

Producir en esta zona también obliga a administrar el agua. El proyecto utiliza sensores de humedad, estaciones meteorológicas y sistemas de riego eficiente. A ello se suman productos orgánicos para conservar la humedad del suelo, portainjertos adaptados a las condiciones del valle e insectos benéficos para el control de plagas.

“El suelo del rancho lo tratamos como si fuera nuestro niño chiquito”, explica Andrés Vázquez. El productor asegura que buscan reducir paulatinamente los insumos químicos sintéticos para dejar una tierra productiva a las siguientes generaciones.

 Los nogales, olivos, vides, estanques de peces y la ganadería permiten distribuir los riesgos de una actividad condicionada por el clima y aprovechar de manera distinta cada parte del terreno.

Etiquetas construidas con elementos del rancho

Las primeras etiquetas retomaron colores y grecas asociados con la cultura rarámuri debido a la cercanía con la Sierra Tarahumara. Sin embargo, la familia reconsideró aquella decisión: utilizar esos códigos podía convertirse en una forma de apropiación cultural.

“¿Cómo contamos nuestra historia a través de las etiquetas? Qué mejor manera que hacerlo por medio del rancho”, explica Selenia Vázquez.

Las ilustraciones actuales parten de animales, objetos y paisajes que existen en la propiedad o en sus alrededores. Estirpe, un Cabernet Sauvignon, reproduce la imagen de una vaca con su becerro y recupera la historia ganadera familiar. Tiempo, elaborado con Tempranillo, muestra una campana relacionada con una iglesia centenaria de la región. Otras etiquetas presentan un nogal, un olivo, formaciones de piedra y un zorzal de la zona.

El fierro 34 aparece como otro elemento de identidad. El número tres representa a las generaciones de la familia dedicadas al ganado, mientras que el cuatro corresponde al agua, el sol, la tierra y el esfuerzo, elementos que Casa Vazqueño relaciona con la visión rarámuri del territorio.

Origen, el primer ensamble del proyecto, reúne Cabernet Sauvignon, Shiraz, Malbec y Petit Verdot. Su etiqueta combina distintos componentes del rancho para explicar que el vino no surgió como una actividad separada, sino como una extensión de la agricultura y la ganadería.

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Casa VazqueñoCortesía

En 2025, Casa Vazqueño abrió sus puertas al público e inauguró Elvira, restaurante nombrado en memoria de la abuela de la familia. Su cocina utiliza parte de los alimentos producidos en la propiedad, entre ellos carne, nuez, aceite de oliva y tilapia criada en sus estanques.

Durante la presentación del proyecto en Ciudad de México, esa lógica se trasladó a un menú compuesto por milhojas de papa con tartar de res; ceviche de tilapia al estilo peruano; risotto preparado con vino tinto y acompañado con un corte de carne; y una tarta de manzana con frangipane de nuez.

“Nosotros no nada más somos un viñedo; somos un proyecto integral”, resume Andrés Vázquez.

El vino no sustituyó la historia agrícola de la familia: le dio una nueva forma de narrarse. Cada botella remite al pozo, al fierro ganadero, al nogal o a las piedras del valle. Casa Vazqueño propone entender el vino como el resultado de todo lo que tuvo que ocurrir en el rancho antes de llegar a la copa.

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