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Mundiario 18 Aug, 2026 18:11

Trump mide su hegemonía en Florida frente al asedio demócrata y un inesperado escollo de Alaska

Las urnas de este martes no deciden todavía quién gobernará Florida ni quién ocupará el escaño de Alaska en el Senado. Pero sí empiezan a dibujar el terreno de juego de unas elecciones de noviembre que medirán la fortaleza de Donald Trump, la capacidad de los demócratas para recuperar terreno y el grado de resistencia del Partido Republicano en algunos de sus bastiones tradicionales.

En Florida, el foco está puesto en la sucesión de Ron DeSantis. El gobernador republicano no puede optar a un tercer mandato consecutivo y su salida ha abierto una carrera en la que Byron Donalds, congresista por el suroeste de la Península y candidato explícitamente respaldado por Trump, llega a las primarias como claro favorito. Los sondeos le sitúan por delante del vicegobernador Jay Collins y del resto de aspirantes republicanos. Pero la verdadera incógnita no está tanto en quién ganará la primaria republicana como en qué margen tendrá el vencedor cuando llegue noviembre.

Donalds representa una transición política de calado. DeSantis convirtió Florida en uno de los principales laboratorios del conservadurismo estadounidense y consolidó una ventaja republicana que parecía difícil de discutir. Ahora Trump trata de mantener esa hegemonía mediante un candidato que ha recibido su respaldo y que pretende prolongar buena parte de la agenda MAGA (Make America Great Again) del Estado.

La candidatura de Donalds tiene además una dimensión histórica: si vence en noviembre, se convertiría en el primer gobernador negro de Florida. Su discurso combina la continuidad ideológica con asuntos más directamente relacionados con la vida cotidiana, como el coste de la vivienda, los impuestos y el acceso a la educación.

El demócrata David Jolly, antiguo congresista republicano que desertó de las filas conservadoras y posteriormente se incorporó al Partido Demócrata, encabeza la carrera de su formación. Su perfil moderado aspira a ampliar el electorado más allá de la base demócrata tradicional y atraer a independientes y a republicanos descontentos con Trump.

El factor Trump entra directamente en la papeleta

Un sondeo de la Universidad del Norte de Florida citado antes de la jornada electoral situaba a Donalds con una ventaja reducida sobre Jolly en un eventual enfrentamiento de noviembre, 46 % frente a 41 %. La diferencia es muy distinta de la que permitió a DeSantis derrotar con claridad a Charlie Crist en 2022.  Eso no significa que Florida haya dejado de ser republicana. La elección de gobernador podría ser más competitiva de lo que su reciente historia electoral hacía pensar.

La elección también funciona como un termómetro indirecto de la relación entre Trump y el electorado de Florida, su feudo. El presidente ganó el Estado por más de 13 puntos en 2024 y Florida continúa siendo un territorio profundamente favorable al Partido Republicano. Pero el declive en su popularidad a nivel nacional, sumado a su política migratoria con ICE al frente en un Estado en el que el 22 % de los vecinos son hispanos, pueden modificar el margen con el que los republicanos afronten noviembre.

La estrategia demócrata pasa precisamente por aprovechar esa posible erosión sin presentar un candidato demasiado alejado del perfil habitua del Estado. Jolly encarna esa apuesta de antiguo republicano, moderado y con experiencia institucional. Si se desplaza demasiado hacia el centro, puede desmovilizar a la izquierda demócrata; si se acerca demasiado a las posiciones progresistas, puede perder la ventaja que pretende obtener entre independientes y republicanos moderados.

El mapa electoral también favorece al Partido Republicano

Las primarias llegan además después de una profunda remodelación de los distritos electorales de Florida, en una guerra nacional de gerrymandering. El nuevo mapa de circunscripciones electorales aprobado bajo control republicano está diseñado para favorecer al Partido Republicano en las elecciones a la Cámara de Representantes. La configuración podría dejar una delegación de 24 republicanos frente a solo cuatro demócratas.

La nueva distribución ha obligado incluso a algunos congresistas demócratas veteranos a buscar nuevos distritos. Debbie Wasserman Schultz, por ejemplo, compite ahora en una circunscripción diferente después de que la suya fuera redibujada para favorecer a los republicanos. Su candidatura en el distrito 20 ha levantado ampollas en la base demócrata de mayoría afrodescendiente en Broward County, la principal circunscripción progresista del estado.

Alaska: una grieta inesperada en el Senado

Mucho más incierta aparece la carrera de Alaska. El senador republicano Dan S. Sullivan, en el cargo desde 2015, afronta una primaria abierta en la que también compite otro candidato llamado Dan J. Sullivan, un antiguo profesor jubilado. La coincidencia de nombres ha añadido una dosis de confusión a una contienda que ya era especialmente relevante para los dos grandes partidos.

Alaska utiliza un sistema electoral singular en el que todos los candidatos concurren juntos a las primarias y los cuatro más votados pasan a noviembre. En la elección definitiva se aplica el voto preferencial por rondas. Ese mecanismo convierte la carrera en un escenario especialmente difícil de pronosticar.

Y ahí aparece Mary Peltola, antigua congresista demócrata y una figura mucho más moderada que el perfil nacional de su partido. Peltola ya demostró en 2022 que un demócrata puede ganar en Alaska y ahora aspira a repetir la operación desde una posición que combina defensa de intereses locales, energía y una identidad política alejada de los extremos nacionales. Algunos sondeos recientes han situado a Peltola por delante de Sullivan. Un estudio de Data for Progress citado por el modelo de Nate Silver le otorgaba seis puntos de ventaja tanto en la primera ronda como en una eventual confrontación final.

La cautela resulta obligada toda vez que Alaska sigue siendo un Estado de fuerte tradición republicana y el resultado dependerá también de quiénes consigan acceder a la elección de noviembre. Pero la mera competitividad de la carrera ya es políticamente significativa. @mundiario

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