“Sé un filósofo; mas nunca, con toda tu filosofía, dejes de ser un hombre”. Así inició David Hume su autobiografía, escrita en abril de 1776, a cuatro meses de su fallecimiento en agosto, pues ya presagiaba la proximidad de su deceso. Esta frase resume el carácter y el estilo filosófico de Hume: un bon vivant que disfrutaba de la buena comida y la bebida en ilustre compañía. El 25 de agosto se conmemoró su 250 aniversario luctuoso.
El pensador escocés fue un escéptico que criticó agudamente a la filosofía racionalista e idealista, a las que consideraba abstractas y alejadas del sentido común. Hume, en cambio, optó por un pensamiento afín a la experiencia humana, tanto en el lenguaje como en los conceptos y su aplicación. Su lectura es amena y demoledora, pues invita a reflexionar –e incluso deconstruir– conceptos como la causalidad, la moralidad y Dios.