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Vanguardia 18 Sep, 2026 06:30

NosotrAs: Yo no canto el territorio, lo cuento a lomo de mula y lo devuelvo

Me cansé de que me contaran mi tierra como si no hubiéramos estado ahí.

Nos dijeron que Saltillo lo fundaron hombres a caballo, con espada. Y yo pregunté: ¿y quién le dio de comer a ese caballo? ¿Quién le curó la pata a la mula? ¿Quién hizo el sarape que le quitó el frío a ese hombre cuando el desierto le quiso cobrar la conquista y de comer al que arreaba?

Nadie me supo responder. Entonces me fui a buscarlas. Y las encontré.

Aprendí a querer a la mula porque es como nosotras. Es híbrida, no le pidieron permiso para nacer. Es terca, porque si no es terca se muere. Es estéril según la ciencia, pero cargo con la vida de todos.

Esa es nuestra territorialidad. No es la del que clava una estaca y dice: esto es mío. Es la de la que camina y dice: esto lo sostengo.

La mula territorializó el Camino Real de Tierra Adentro no porque un hombre la montó, sino porque una mujer caminó a su lado 2,600 kilómetros sin dejarla caer. Si la mula se caía, se caía el maíz, el metate, el niño. Nosotras no montábamos por poder. Caminábamos por lealtad, cariño, amor y ambición. Y así se hizo el norte.

El Camino Real de Tierra Adentro no era una ruta donde se llevaba plata o insumos para las nuevas poblaciones. Era un cordón.

Nos enseñaron el Camino Real como una línea en un mapa de hombres importantes.

Yo lo entendí como un cordón umbilical que nos une.

Por ahí no solo pasó la plata de Zacatecas. Por ahí pasamos nosotras y aprendimos dónde había agua, dónde se podía parir, sembrar, rezar sin que te quemaran por bruja.

El camino no conquistó. El camino cuidó. Fue cocina, lavadero, partera, refugio. Y eso solo lo hace un cuerpo femenino que no divide el territorio, lo une.

Por eso digo que el Camino Real es femenino. No por ideología. Por memoria.

El sarape no lo hizo el telar. Lo hicieron las manos antes del telar.

Aquí es donde más me duele la historia.

Documentaron al hombre en el telar de Saltillo y dijeron: él hace el sarape. Y sí, él lo teje al final.

Pero ¿quién trasquiló la oveja, quién lavó la lana con las manos quemadas por el frío, quién cardó, quién hiló hasta la madrugada, quién tiñó con el añil y la grana, quién sembró el algodón que luego mezclamos con la lana?

Fuimos nosotras.

El sarape no es una prenda. Es creación femenina. Te cubre cuando naces, te abriga cuando trabajas, te viste cuando te casas, te tapa cuando te mueres. ¿Qué otra cosa hace eso? Solo un vientre.

Yo no tejo sarapes. Tejo la historia que le quitaron al sarape, a las mujeres que caminaron el Camino Real. Y al tejerla, me tejo a mí y a nosotras.

Creo desde la feminidad no para enfrentarme con los varones. Creo desde la feminidad para decirles: hicimos equipo. Ustedes cuidaron el camino, nosotras tejimos el destino. Sin nosotras, no hubiera habido Saltillo que fundar.

Por eso, en Proyecto Orígenes canto y documento, para que no se les olvide a las niñas que vienen:

La vid te alimenta, la mula te lleva, el sarape te abriga y la historia, por fin, te nombra.

Soy Rossy Garza. Soy del camino.

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