Los fantasmas que nos quedan/Andrea Luna*
Mientras tecleo estas palabras en el ordenador, me pregunto si una fuerza extraña me hace colocar los vocablos “correctos” dentro de la página en blanco. No me refiero a inspiraciones milagrosas, mucho menos a entidades tenebrosas, posesiones demoniacas o usurpadores de identidad; sino a algo interno que reconoce qué es lo que debe salir en forma de grafías significativas.
A veces, imagino que, dentro del cerebro, hay otro yo diminuto con la misma máquina electrónica coordinando los párrafos que escribo o escribiré. Lo hace sin parar, incluso, mientras duermo y los va almacenando en archiveros pesados que más tarde vuelve a sacar para dar rienda suelta a un número indefectible de ideas. En ocasiones, ese yo minúsculo exige algún tipo de alcaloide, acumulado en la cafeína, como recompensa a su labor. Por mi parte no puedo negarme, es un precio justo apagar.
Minutos después, la idea de pensar en otro individuo en mi cabeza me genera cierta sospecha, ¿quién será el yo verdadero y el yo falso? ¿ambas seremos la escritora legítima? ¿acaso somos especímenes ficticios creados por un tercer yo, o peor aún, forjados por el lector? Sí, tú, lector.
No lo sé aún, aunque lo único que por ahora puedo afirmar, es que las letras salen de forma impetuosa desde dentro, como un golpe de letra súbita.
*Autora del libro Autómatas disfuncionales.
Instagram: @luna_daconte