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Quadratin 02 Apr, 2026 17:28

Auténtica liberación frente a imperialismos mesiánicos

En el arranque de los oficios de la Semana Santa, el papa León XIV ha compartido dos mensajes demoledores sobre el poder y la fe cristiana que, aunque no llevan destinatarios concretos, sí parecen calzar y describir de cuerpo entero a sectores específicos y protagonistas de la trepidante coyuntura geopolítica.

En ambos, el pontífice ha hecho una crítica puntual contra los liderazgos, sus patrocinadores y sus esbirros, por desatar guerras –de intereses mundanos y utilitarios– disfrazadas de trascendencia moral, espiritual o religiosa. Con elegancia, León XIV denuncia a quienes incluso teatralizan la fe cristiana mediante idealizaciones vulgares del éxito, el triunfo, la fuerza o el dominio.

En primer lugar, el Papa Prevost no adorna la realidad: “En el mundo, prevalece el mal”, reconoce; y afirma que en buena medida proviene de confundir “la grandeza de Dios” con el éxito, el poder, la utilidad: “Siempre estamos tentados a buscar un Dios que ‘nos sirva’, que nos haga ganar, que sea útil como el dinero y el poder”. El pontífice, apoyado en el pasaje evangélico donde Jesús lava los pies a sus discípulos, afirma que Dios sí acompaña a la humanidad, pero lo hace desde el gesto gratuito y humilde del servicio.

Para el Papa, la omnipotencia de Dios no es de un orden titánico, no es pantagruélica ni avasallante, sino que su teofanía es humilde, abajada y servicial; por eso recuerda que el gesto de servicio y amor cristiano auxilia a “purificar las idolatrías y blasfemias” que mancillan tanto la imagen de Dios como la del hombre. Frente a la realidad terrible de las guerras, invasiones, ocupaciones y abusos del poder militar, económico y propagandístico, el Papa advierte que el pecado del hombre es “percibirse poderoso cuando domina”, o cuando “quiere vencer matando a quien es igual a él”, o cuando “se considera grande cuando es temido”.

El señalamiento del Papa en torno a que la idolatría al poder y a la dominación incluso se manifiesta en la perversión de la moral cristiana, ha caído como balde de agua fría en la Casa Blanca de los Estados Unidos, la cual retiró –justo después de la homilía del Papa en el Jueves Santo– el video del Almuerzo de Pascua donde la pastora Paula White, directora de la Oficina de Fe, comparó al mandatario Trump con Jesucristo y le predicó: “Porque él [Jesucristo] fue victorioso, usted fue victorioso; y gracias a su victoria usted será victorioso en todo lo que emprenda”. La misma White también ha urgido a los cristianos norteamericanos a donar su diezmo para patrocinar a Israel en los actos bélicos que sostiene y prometió a los fieles “recompensas espirituales” si contribuyen con el gobierno de Netanyahu.

En contraste, el papa León XIV asegura que el amor de Cristo es un servicio humilde y sacrificial; que se entrega incondicionalmente incluso en medio de la traición; que Dios no pide que se le devuelva el gesto de servirlo “sino que lo compartamos entre nosotros” pues “ante una humanidad abatida por tantos ejemplos de brutalidad, postrémonos también nosotros como hermanos y hermanas de los oprimidos”.

Pero no es todo; junto a la homilía del Jueves Santo fueron publicados otros mensajes del Papa en sus redes sociales; en ellos se reitera su crítica (“Ni en el ámbito pastoral, ni en el ámbito social y político, el bien puede provenir de la prepotencia”) y también su esperanza en que el amor radical por el hombre es el único gesto transformador: “La cruz es parte de la misión. La ocupación imperialista del mundo se ve interrumpida desde dentro, la violencia que hasta hoy se erige en ley queda desenmascarada. El Mesías pobre, prisionero, oprimido, se precipita en la oscuridad de la muerte, pero así saca a la luz una nueva creación”, dicen los posts.

En estos mensajes, el Papa condensa una perspectiva de salida a los conflictos mundanos revestidos de mesianismos políticos: reconoce que todo imperialismo es una ocupación; que la liberación nace objetivamente entre los últimos y los más humildes, incluso en los humillados y descartados; que desde el poder las violencias pueden erigirse en leyes y es preciso desenmascararlas para confrontarlas; pero, sobre todo, que la redención de la humanidad comienza en los abismos de la realidad física y existencial, y que tiene como protagonista a un mesías pobre, prisionero y oprimido; no a un rey, ni un magnate, ni a un líder falsamente ungido con poder y victoria.

León XIV así ha iniciado sus primeros misterios pascuales como pontífice: lanzando un mensaje interpelante y oportuno al mundo cristiano en esta convulsa segunda década del siglo: “Dios ha dado ejemplo no de cómo se domina, sino de cómo se libera; de cómo se da la vida, no de cómo se destruye [...] Dios no nos ama porque seamos buenos y puros; nos ama, y por eso nos perdona y nos purifica”; y finalmente, el Papa ha querido desmontar simplificaciones de un dios guerrero, poderoso y vencedor pues, como explica, Jesús no planteó una paradoja (“si no me acoges [aceptas y recibes] como siervo, no puedes creer en mí ni seguirme como Señor”) sino un “ejemplo para aprender a amar” porque ese es el “Signo que Dios imprime en la historia del mundo, y es tarea de toda una vida”.

*Director VCNoticias.com

@monroyfelipe

La nota Auténtica liberación frente a imperialismos mesiánicos apareció primero en Quadratín México.

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