HUB
Publicidad Responsiva - Banner Superior
Radar Inteligente
El Diario 14 Mar, 2026 12:46

¿América Latina está lista para dejar ir a Cuba?

Políticos de izquierda de toda América Latina han considerado a Cuba como un referente ideológico por décadas. Fidel Castro y sus guerrilleros inspiraron a la región cuando disminuyeron el analfabetismo, expandieron la salud pública y elevaron la esperanza de vida.

Cuba solía ostentar, hasta entre sus oponentes, cierto respeto como un bastión inquebrantable de la resistencia a generaciones de presidentes estadounidenses.

Pero ahora Cuba se está quedando sin petróleo y su economía se acerca al colapso. Una nueva oleada de líderes de derecha en América Latina no ve a Cuba como un epicentro de nostalgia revolucionaria, sino de disfunción autoritaria. Y en un giro rotundo, los políticos de izquierda que gobiernan los tres países más poblados de la región —Brasil, México y Colombia— no envían combustible de emergencia a Cuba por temor a provocar la ira del presidente Donald Trump.

“En donde todo gesto de independencia tiene un castigo fulminante inmediato” por parte de Estados Unidos, dijo Jesús Silva-Herzog Márquez, politólogo del Instituto Tecnológico de Monterrey. “Uno no sabe cuál es el efecto de la ira del presidente Trump”.

En conjunto, la reorientación de los vínculos de América Latina con Cuba refleja un cambio radical en la política de la región, que marca una ruptura con el amplio cobijo diplomático que había existido hacia la isla. Ahora, los dirigentes latinoamericanos consideran que el precio de apoyar a Cuba es demasiado alto después de 67 años de la persistencia del régimen comunista unipartidista frente a la resistencia estadounidense.

México es un ejemplo de este dilema. Fue la cuna de la Revolución cubana, desde donde un Fidel Castro exiliado comenzó su lucha armada. También fue el protector de Cuba por mucho tiempo, al suministrarle petróleo al tiempo que la defendía de forma fiable en la escena mundial.

A principios de año, México se había convertido en el principal proveedor de petróleo de Cuba. Al mismo tiempo, México depende del comercio con Estados Unidos de forma excepcional. A finales de enero, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, detuvo todas las exportaciones de petróleo a Cuba después de que el gobierno de Trump amenazara con imponer aranceles significativos a los países que suministran combustible a Cuba.

Brasil y Colombia, dos países exportadores de petróleo liderados por políticos de izquierda que en el pasado habían intentado reducir el aislamiento de Cuba al presionar al gobierno estadounidense para que retirara a Cuba de su lista de Estados patrocinadores del terrorismo, tampoco están haciendo mucho por disminuir la escasez de energía de Cuba.

Venezuela, que acudió al rescate de Cuba tras el colapso de la Unión Soviética y era, hasta hace poco, el principal proveedor de petróleo de Cuba, dejó de enviar combustible al gobierno cubano después de que las fuerzas estadounidenses capturaran al líder de Venezuela, mataran a 32 asesores cubanos en el operativo y tomaran el control de la industria petrolera venezolana.

Ecuador, profundizando el aislamiento regional de Cuba, expulsó a todos los diplomáticos cubanos y alegó injerencia de agentes cubanos en sus asuntos internos. Nicaragua interrumpió los viajes sin visado para los cubanos, lo que eliminó una importante ruta para que los migrantes llegaran a Estados Unidos. Guatemala, Honduras y Jamaica cancelaron acuerdos que pagaban a Cuba por suministrar médicos. Las misiones médicas de Cuba en todo el mundo son una fuente indispensable de dinero para su gobierno.

En México, una arraigada tradición de ayudar a Cuba parece operar con los días contados.

Después de la Revolución cubana en 1959, México fue el único país de Latinoamérica que se negó a ceder a la presión estadounidense ejercida sobre todos los países miembro de la Organización de los Estados Americanos para que rompieran los lazos diplomáticos y comerciales con Cuba.

Esa postura produjo un acuerdo informal en el que México defendería sistemáticamente a Cuba en los foros internacionales y se opondría al embargo comercial estadounidense, mientras que Fidel Castro se comprometía a no exportar la revolución a suelo mexicano.

Durante los gobiernos de izquierda de Sheinbaum y su predecesor, Andrés Manuel López Obrador, la protección de México pasó de la retórica diplomática a convertirse en un salvavidas económico fundamental para Cuba.

Cuando los envíos de petróleo de Venezuela a Cuba cayeron drásticamente en los últimos años debido al colapso económico de Venezuela, México se convirtió en uno de los principales proveedores de petróleo subvencionado de Cuba, incluso cuando la industria petrolera mexicana estaba lastrada por la disminución de la producción y el aumento de las deudas.

Después de que Estados Unidos incrementara la presión a Venezuela en el periodo previo a la captura de su líder, Nicolás Maduro, en 2025 México sobrepasó a Venezuela para convertirse en el principal proveedor de petróleo de Cuba. Pero no por mucho tiempo.

A finales de enero, cuando el gobierno de Trump amenazó a México con imponer aranceles si seguía enviando petróleo, el gobierno de Sheinbaum pasó a enviar alimentos y medicinas en su lugar.

En toda América Latina, el bloqueo de los envíos de petróleo a Cuba del gobierno de Trump pone a prueba estos lazos en un momento crucial. El combustible para los medios de transporte es cada vez más escaso y los apagones asolan la red eléctrica, lo que plantea preguntas sobre si el régimen podrá sobrevivir. El viernes, Cuba reconoció por primera vez que estaba en conversaciones con Estados Unidos para apaciguar la confrontación.

En Brasil, el país más poblado de América Latina, el gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha tenido que equilibrar una tradición de apoyo a Cuba con las amenazas de represalias de Washington y el escepticismo interno cada vez mayor sobre la ayuda a Cuba.

“Este camino de escalar la presión, de asfixiar sistemáticamente a la isla, acaba victimizando a toda la población”, dijo Celso Amorim, principal asesor de política exterior de Lula, en una entrevista telefónica.

La campaña de presión estadounidense destinada a forzar a los dirigentes cubanos a hacer concesiones, dijo Amorim, muy probablemente tendría el “efecto contrario” de endurecer un régimen para el que enfrentarse a Estados Unidos es un principio ideológico básico.

Aun así, Brasil, con su economía diversificada y su condición de mayor productor latinoamericano de petróleo y materias primas agrícolas, podría adoptar una postura más asertiva para aligerar la crisis en Cuba.

Pero, al igual que México, Brasil está limitando su ayuda a la ayuda humanitaria, principalmente de alimentos básicos. La compañía petrolera nacional de Brasil, Petrobras, produce casi el doble de petróleo que Pemex, su homóloga mexicana, pero ha optado por no suministrar combustible a Cuba.

Amorim dijo que no podía hablar en nombre de Petrobras. Pero citó la extensa red de vínculos bancarios internacionales de la empresa, incluso en Estados Unidos, que podría exponerla a “sanciones secundarias o medidas en represalia”.

Un portavoz de Petrobras, que cotiza en bolsa, pero está controlada por el gobierno de Brasil, no respondió inmediatamente a una consulta sobre el enfoque de la empresa respecto a Cuba.

Hay otros factores que tienen peso en las deliberaciones de Brasil sobre la ayuda a Cuba. Dado que el Partido de los Trabajadores de Lula, de tendencia política de izquierda, ha estado en el poder en Brasil durante la mayor parte del último cuarto de siglo, las autoridades han sido objeto de críticas por anteriores esfuerzos para reforzar la economía de Cuba.

En el primer mandato de Lula, Brasil comenzó a financiar la construcción del Puerto del Mariel, un puerto de aguas profundas que puede operar con enormes buques de carga. El Banco Nacional de Desarrollo de Brasil aportó más de 600 millones de dólares para el proyecto.

Pero el proyecto se estancó y dejó a Brasil con la deuda impagada de Cuba. Cuando el político de derecha Jair Bolsonaro fue el presidente de Brasil de 2019 a 2023, utilizó el apoyo de sus oponentes a Cuba como argumento para movilizar a sus propios partidarios. Ahora Lula se enfrenta a un intento de reelección contra el hijo de Bolsonaro, Flavio Bolsonaro, en lo que se está convirtiendo en una contienda muy competitiva.

La represión cada vez más draconiana a la disidencia en Cuba, incluida la expansión de grupos civiles que espían e informan a sus vecinos y las nuevas medidas de censura que criminalizan las críticas al sistema político cubano en internet, también han afectado la imagen de Cuba. Como ocurrió en Venezuela durante el mandato de Maduro, quien también encarceló a cientos de críticos políticos, estas medidas han diluido el apoyo que Cuba tenía tradicionalmente en la izquierda brasileña.

“El trato dado por Cuba a la oposición en el país ha hecho muy difícil que incluso los cuadros de línea dura del Partido de los Trabajadores apoyen al régimen”, dijo Matias Spektor, politólogo de la Fundación Getúlio Vargas de São Paulo.

También está el efecto que el declive económico de Cuba está teniendo en Brasil y otros países de América Latina. Desde 2020, se calcula que 2,75 millones de personas han huido de Cuba, el mayor declive demográfico de la historia moderna del país.

La diáspora cubana experimenta un cambio importante. Aunque Estados Unidos sigue siendo el principal objetivo de muchos migrantes cubanos, unas políticas estadounidenses más estrictas han convertido a países como Brasil y México en unos de los destinos principales.

Brasil ha experimentado el mayor aumento de la migración cubana. En 2025, los cubanos se convirtieron en la mayor nacionalidad solicitante de asilo en el país, superando por primera vez a los venezolanos.

La llegada de tantos nuevos migrantes cubanos a Brasil y a otros países de la región se considera un claro ejemplo de los fracasos del régimen cubano y de su modelo de gobierno de economía planificada, dijo Lillian Guerra, historiadora de la Universidad de Florida.

“Ninguna de esas personas está vitoreando a su gobierno”, dijo Guerra. “Todos ellos han sido vectores de lo que realmente ocurre en Cuba”.

Este éxodo se produce en un contexto muy distinto al de hace década y media, cuando Cuba era el centro de una aceptación regional impulsada por la nostalgia revolucionaria y los esfuerzos por consolidar la autonomía frente a Washington durante las guerras en Irak y Afganistán.

En 2009, después de que Mauricio Funes, político de izquierda, asumiera la presidencia de El Salvador, convirtió a su país en el último de la región en reconocer a Cuba. La nación insular parecía haber cerrado el círculo desde su aislamiento en la década de 1960, cuando México era el único país latinoamericano que se atrevía a mantener lazos diplomáticos con La Habana.

Ahora el presidente de El Salvador es Nayib Bukele, un aliado de Trump que ha utilizado el encarcelamiento masivo y la suspensión de las libertades civiles para reducir la tasa de delincuencia de su nación, y ha emergido como una estrella de la derecha latinoamericana. Este mes, Bukele se unió a homólogos de países como Argentina, Honduras, Costa Rica, Ecuador y Paraguay, en una cumbre organizada en Florida por el gobierno de Trump.

Al formar una amplia coalición en desacuerdo con La Habana, Bukele y otros celebraron con entusiasmo cuando Trump dijo en la reunión que el gobierno comunista de Cuba había sido puesto de rodillas, y que “Cuba está en sus últimos momentos de vida tal como solía ser”.

Contenido Patrocinado