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El Diario 04 Apr, 2026 08:23

Bailan la ‘danza de los fariseos’

La danza es la forma que tienen los rarámuri de agradecer a Onorúame, su Dios Padre y su Dios Madre, por eso durante Semana Santa no cesan de bailar al ritmo del tambor; con sus huaraches de llanta, sus trajes tradicionales y su cuerpo lleno de manchas blancas, como lo hicieron ayer en la colonia Tarahumara de Ciudad Juárez.
Pese a vivir a kilómetros de la sierra de Chihuahua, cada año los integrantes de la comunidad indígena que habitan en esta frontera se reúnen para celebrar el Viernes Santo con la “danza de los fariseos” o la “danza de los pintos”, un Viacrucis con “Jesús Rarámuri” y compartir los alimentos.
Se trata de una fusión de sus tradiciones ancestrales con el cristianismo: “danzamos, purificamos el espacio, a las personas. Para nosotros esta celebración es importante, porque Onorúame mandó a su hijo y pues claramente nos deja esta marca para conmemorar”, informó Rosalinda Guadalajara Reyes, líder de la colonia ubicada en las faldas de la sierra de Juárez.

Con las marcas de Jesucristo en el cuerpo
Las danzas comienzan desde el Jueves Santo. Las niñas y mujeres con sus coloridos y amplios vestidos; y los niños y hombres con sus tradicionales trajes de manta, sus huaraches de llanta, su “koyera” alrededor de la frente y el cuerpo lleno de manchas blancas que reflejan las marcas de Jesucristo en el cuerpo.
Ayer, la comunidad se dividió en dos grupos en una lucha contra el bien y el mal: los fariseos, pintados de blanco, y los soldados que utilizaron ropa de civil. Pero todos bailaron todo el tiempo, buscando en cada pisada debilitar “al de abajo” y agradar “al de arriba”, explicó Rogelio Chávez, de 23 años, quien nació en Ciudad Juárez, pero cuyos padres provienen de la alta Tarahumara.
La mayoría de los participantes de este año fueron niñas, niños y adolescentes, porque “se busca mucho que los niños participen, se involucren y conozcan el significado de la danza”, para que preserven sus tradiciones en la ciudad, destacó Rosalinda.
Como cada año, el capellán jesuita Chartur acompañó a la comunidad indígena en la representación del viacrucis, por lo que después de danzar en la explanada de la colonia, el ritual continúo dentro del templo de Nuestra Señora del Pinole, en donde permanecía una cruz de madera cubierta con una sábana blanca.

Un doloroso camino
Primero, les recordó el significado del Viacrucis, que es la representación del doloroso camino que vivió Jesús hasta llegar al Calvario en donde fue crucificado. Luego, uno de los habitantes cargó la cruz de madera cubierta con la sábana, mientras era custodiado por tres mujeres rarámuri que fungían de soldadas, siguiendo a los danzantes bajo cada uno de los siete arcos de hierbas que colocaron alrededor del templo, como símbolo de la entrada al cielo.
En cada arco, Chartur reflexionó con ellos sobre las acciones de los gobernantes, los chabochis (mestizos) y los propios rarámuri contra el pueblo originario de la sierra de Chihuahua.
El viacrucis culminó dentro del templo, con la adoración a Jesucristo en la cruz y un ritual de la purificación del alma con incienso que llevó a cabo Rosalinda.
“Nosotros tenemos lo que es la purificación del alma, de cada una de las personas. Con el incienso purificamos a cada una de las personas que asistieron” al igual que al inicio de la Semana Santa, el Miércoles de Ceniza, recordó Rosalinda.
El jesuita, quien participa en cada una de sus celebraciones religiosas, pero siempre manteniendo el dialogo con la comunidad y respetando sus tradiciones, destacó la importancia del baile en la cosmovisión del rarámuri, quienes bailan en círculos, para representar el movimiento del mundo, el ciclo de la vida y honrar a Onorúame.
“Desde que llegaron los primeros misioneros cristianos, ellos hacían sus celebraciones en el monte y con la primera construcción de templos ellos los adoptan… la pastoral indígena, propuesta desde el Episcopado Mexicano, nos invita a todos los que acompañamos a grupos indígenas a que nuestra labor sea descubrir a Jesús en sus tradiciones, descubrir a Jesús en sus usos y costumbres. Y, algunas veces es complicado, pero hay un dialogo profundo y hay lazos muy fuertes que se van creando con el tiempo”, externó Chartur.
Como en todas las celebraciones importantes de la comunidad rarámuri, el compartir la comida se convierte también en un ritual, por lo que ayer todos compartieron sus alimentos en el centro de la colonia habitada actualmente por aproximadamente 125 familias, pero en donde también se reunieron habitantes de la comunidad indígena asentada en Los Kilómetros.
Compartir la comida une más a la comunidad, les recuerda que son una familia, dejan a un lado las envidias y agradecen a Onorúame.

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