En casa, el uso del agua suele reducirse a abrir y cerrar la llave. Sin embargo, detrás de cada hábito cotidiano hay decisiones que impactan en su consumo. Rocío Dévora García, dedicada al hogar, ha llevado esta reflexión a la práctica. En su casa cuenta con un sistema de tratamiento de aguas grises y ha impartido cursos en el DIF sobre huertos urbanos, orgánicos y nutrición. Para ella, el punto de partida no está solo en ahorrar, sino en entender cómo se utiliza el recurso dentro y fuera del hogar. Desde su experiencia, plantea una forma distinta de habitar los espacios de manera más eficiente y sin renunciar a la comodidad.
¿Por qué es importante hoy hablar del uso del agua dentro del hogar?
El agua es y siempre será un recurso indispensable para la vida en general; es de vital importancia utilizarla de forma consciente y responsable. Somos más personas cada día las que requerimos del agua y por contaminación y derroche estamos viviendo desde la dosificación hasta la carencia en muchos hogares.
En la vida cotidiana, ¿cuáles son las áreas de la casa donde más se desperdicia agua, muchas veces sin darnos cuenta?
Nuestros hábitos de consumo tienen una huella de agua que no vemos. Muchos productos, incluso los de uso breve o desechables, requieren agua para fabricarse, por lo que comprar cosas innecesarias implica desperdiciarla. También en la alimentación hay diferencias. Producir carne roja consume mucha más agua que opciones como pollo, pescado o verduras. En general, todo lo que compramos, comida, ropa, objetos, utiliza agua en su proceso.
Ser conscientes de esto nos ayuda a tomar mejores decisiones de consumo. En casa, gran parte del desperdicio ocurre en la lavadora y la regadera; esa agua, al ser gris (sin desechos orgánicos), puede reutilizarse de forma segura para regar plantas y jardines.