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El Diario 04 Apr, 2026 18:20

Cesar Chavez fue la voz de gente como yo. Ahora, estamos de luto

El cofundador de la Unión de Campesinos era celebrado como un ejemplo de los derechos civiles. Pero una investigación del Times descubrió numerosas pruebas de que abusaba de las mujeres.

Antes de aprender cualquier cosa sobre la historia de Estados Unidos en la escuela primaria, yo ya sabía de los boicots a la uva que promovió Cesar Chavez.

Mi abuelo era un trabajador agrícola en los campos de Texas y formaba parte del Programa Bracero, una asociación entre México y Estados Unidos que utilizaba trabajadores mexicanos para paliar la escasez de mano de obra en los campos estadounidenses. Décadas después, mis primos adolescentes pasaban las vacaciones de verano trabajando turnos de 14 horas en propiedades dedicadas al cultivo de frutas y verduras.

Crecí en el condado de Hidalgo, Texas, donde las imágenes de Chavez estaban presentes en las reuniones comunitarias que convocaba su organización, que puso en contacto a mi madre con una clínica de asistencia jurídica que ayudaba a los residentes con bajos ingresos a encontrar viviendas que habían sido confiscadas por el Gobierno y se estaban subastando. Esos servicios ayudaron a que personas como mi madre pudieran tener una vida digna, y así ella pudo comprar nuestra vivienda familiar con descuento: una casa de tres habitaciones y dos baños con una alfombra marrón desgastada.

Por eso lloré cuando leí una reciente investigación de The New York Times sobre Chavez y los malos tratos que había infligido a las hijas pequeñas de la gente de su movimiento.

Chavez encarnó un movimiento de derechos civiles que cimentó el poder mexicoestadounidense. Habló en nombre de quienes trabajaban en el campo. Enorgulleció a los mexicoestadounidenses —como mis familiares— cuyas voces fueron silenciadas. Inspiró a muchos y era recordado con las calles, estatuas y escuelas que fueron bautizadas en su honor.

Las revelaciones calaron hondo en quienes nos beneficiamos del activismo de Chavez, despertando emociones complicadas sobre el mexicoestadounidense más venerado del movimiento.

Juventina Herrera, de 67 años, quien trabajó desgranando maíz hasta que se sometió a una operación de prótesis de rodilla hace 17 años, dijo que se sentía como si hubiera habido una muerte en la familia. Herrera, que vive en el condado de Hidalgo, donde se conmemora a Chavez con una carretera homónima, es hija de trabajadores del campo que fueron cautivados por Chavez y, durante décadas, se ofrecieron como voluntarios en su nombre.

“Es como tener que volver a enterrar a tus padres”, dijo Herrera, con la voz entrecortada. “Se ha borrado todo el trabajo que hizo por la comunidad hispana”.

Al igual que Herrera, yo también temía por el movimiento que logró mejores protecciones para personas como mi abuelito Juan Manuel, cuya mente y cuerpo fueron devastados por el párkinson, una enfermedad que se ha relacionado con los pesticidas a los que mi familia y yo hemos estado expuestos en las zonas rurales del sur de Texas. A Herrera, que se hizo maestra de escuela pública tras dejar el trabajo agrícola, le preocupa que los esfuerzos por eliminar el nombre de Chavez puedan menoscabar la historia del movimiento obrero que él ayudó a liderar.

La semana pasada, la Agencia de Educación de Texas ordenó a las escuelas públicas que omitieran las menciones a Chavez en las clases. Greg Abbott, el gobernador republicano que se opone a retirar los monumentos confederados vinculados a figuras históricas racistas, dijo que el Estado estaba trabajando para poner fin a las celebraciones en honor de Chavez y cambiar las menciones de su nombre en lugares públicos.

Stephanie Alvarez, quien enseña Estudios mexicoamericanos en la Universidad del Valle del Río Grande de Texas, dijo que las acusaciones contra Chavez eran más graves en un momento en que los latinos están en el punto de mira de la creciente represión de la migración por parte del Gobierno de Donald Trump.

“La gente está criminalizando a los latinos, deshumanizando a los latinos, secuestrando a los latinos”, dijo Alvarez. “Hay muchas emociones encontradas porque, al mismo tiempo, quieres defender tu cultura”.

Muchos nos sentimos enfadados y traicionados por el movimiento que no protegió a sus personas más vulnerables: Ana Murguía y Debra Rojas, quienes dijeron que tenían apenas 12 y 13 años cuando Chavez las agredió. Sus historias provocaron un trauma en quienes crecimos con víctimas de abusos sexuales infantiles.

La Unión del Pueblo Entero, una organización del Valle del Río Grande fundada en 1989 por Chavez y Dolores Huerta para mejorar las condiciones de vida en los barrios pobres —el mismo grupo que ayudó a mi madre a comprar la casa en la que aún vive—, ha estado celebrando sesiones comunitarias con profesionales de la salud mental a raíz de las acusaciones. Huerta reveló recientemente que Chavez, con quien creó el poderoso sindicato llamado la Unión de Campesinos de América (United Farm Workers), la había llevado a un campo de uvas aislado donde la violó.

Ramon Romero Jr., congresista estatal demócrata de Fort Worth, Texas, y presidente de la asamblea partidaria mexicoestadounidense, dijo sentirse desolado al leer que Rojas había desarrollado el hábito de la bebida y que Murguia había intentado suicidarse. Romero, que tenía previsto hablar en un desfile de Cesar Chavez antes de que se cancelara el acto, esperaba que sus historias inspiraran a las víctimas a hablar y a la gente a creerles cuando lo hicieran.

“¿Cuándo va a cambiar el entorno?”, dijo Romero. “Se puede hablar hoy de lo que pasó ayer. Si podemos superar el miedo, espero que mis hijas y mi nieta no estén en un lugar en el no sientan que, si les ocurre esto, no pueden hablar”.

Alberto Rodriguez, director del programa en el que enseña Alvarez, dijo que muchos académicos conocían la misoginia de Chavez antes de las recientes revelaciones, pero que publicar la información se consideraba incendiario debido a su fama. Mi hermana mayor, Jazmin —que no tocó una uva hasta pasados los 20 años— se había desilusionado con Chavez después de enterarse de que había utilizado insultos racistas para describir a los migrantes indocumentados.

Rodriguez, que durante su adolescencia trabajó en el campo con sus padres, dijo que las revelaciones podrían evidenciar las contribuciones de otros líderes comunitarios, incluidas las mujeres, que en gran medida han sido pasadas por alto. Afirmó que, tal vez, los estudios mexicoestadounidenses experimentarían un renacimiento, pues ya se han hecho más populares entre los estudiantes que se sintieron inspirados a aprender sobre su herencia tras la represión de la migración por parte del presidente Donald Trump.

El movimiento por los derechos mexicoestadounidenses fue mayor que Chavez, dijo Rodriguez, y además de los trabajadores agrícolas, incluyó a mujeres y a personas LGBT de ascendencia mexicana. Recibió una gran influencia de los afroestadounidenses, que ya habían desarrollado sofisticadas técnicas para luchar por la igualdad de trato, con muchos líderes en los que inspirarse, como Harriet Tubman, Ida B. Wells, Ella Baker, Frederick Douglass, Booker T. Washington y James Baldwin.

En aquel momento, los mexicoestadounidenses confiaban en Chavez. Incluso Huerta guardó su secreto sobre él —durante seis décadas— porque no quería comprometer al movimiento.

Rodriguez subrayó la necesidad de más mujeres ejemplares, sobre todo porque cada vez hay más estudiantes latinas en la universidad. La mayoría de los alumnos de Rodriguez son mujeres.

“Hay una luz al final del túnel”, dijo. “Esta luz está dando libertad a tanta gente, a tantas mujeres, a tantos defensores, a tantos estudiosos para hablar ahora de cosas que realmente importan: que esas personas sobre el terreno, esas familias, estuvieron allí, y para dejar de centrar la atención en Chavez”.

En el condado de Hidalgo, que es más del 90 por ciento latino, los funcionarios públicos están considerando cambiar el nombre de la calle Cesar Chavez. Muchos de mis familiares viven cerca de esa calle, una vía prominente, no lejos de la casa de Herrera.

Mi hermana Jazmin, quien de niña asistía a mítines con nuestra abuela, recuerda cuando la calle se llamaba Morningside Road. A pesar de las protestas de los texanos de invierno —jubilados procedentes principalmente del Medio Oeste que conducen sus autocaravanas hacia el sur para pasar parte del año en el calor del Valle—, en la década de 1990 se le cambió el nombre en honor de Chavez.

“La abuela y el resto de nosotros nos alegramos mucho cuando ocurrió”, me dijo Jazmin por WhatsApp. “Y ahora es como… Ojalá siguiera llamándose Morningside”.

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