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Radar Inteligente
AM 06 Apr, 2026 06:00

Una prioridad para el canciller

El nuevo canciller Roberto Velasco tiene muchos retos y una oportunidad. Hasta ahora, como en el resto del gobierno mexicano cuando se trata de la relación bilateral, la Cancillería en tiempos de Claudia Sheinbaum ha tenido un objetivo primordial: apaciguar a Donald Trump. El bajo perfil del canciller De la Fuente y, hasta hace muy poco tiempo, el silencio público del embajador Moctezuma no han sido casualidad. Los retos de seguridad y el espinoso proceso de renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte han colocado a la diplomacia mexicana en una encrucijada que el gobierno actual resolvió apostando por el silencio y la anuencia frente a la Casa Blanca de Trump. Una gerencia cuidadosa, y poco más.

El problema es que ese acercamiento timorato se enfrenta, de manera irremediable, con la realidad de millones de mexicanos en Estados Unidos, a quienes el gobierno mexicano ha terminado por desproteger en su momento de mayor necesidad.

Parece que fue hace un siglo que el expresidente Andrés Manuel López Obrador publicó un libro desafiando la xenofobia y el nativismo trumpista. De aquel augurio de valentía no queda nada. Si el abandono del presidente anterior ya era grave, el del gobierno mexicano actual es mucho peor. En la primera presidencia de Trump, la hostilidad contra la comunidad migrante mexicana existió y lastimó a mucha gente, pero lo que se ha visto en este segundo periodo es ignominioso: desde el comienzo de la campaña de terror contra los inmigrantes, millones de mexicanos en Estados Unidos se han visto hundidos en la zozobra. Al menos 14 han muerto bajo custodia de autoridades migratorias estadounidenses. Basta rascar un poco en los reportes periodísticos para encontrar incontables historias de sufrimiento.

¿El gobierno de Claudia Sheinbaum ha hecho lo suficiente para proteger a la comunidad mexicana? Después de hablar con expertos y líderes comunitarios a lo largo de los últimos meses, tengo claro que la respuesta es no.

El exembajador de México en Estados Unidos, Arturo Sarukhán, me dijo hace poco que, aunque el gobierno de México ha puesto en práctica algunas medidas de apoyo, estas han sido insuficientes dado el tamaño del reto. Sarukhán reconoce el trabajo esforzado de algunos cónsules, pero sugiere que se trata de batallas individuales, herederas del mejor legado del Servicio Exterior Mexicano, hoy prácticamente desmantelado. Muchas de los esfuerzos que el gobierno presume son parte de la labor que las representaciones diplomáticas “hacen de oficio” en Estados Unidos, dice Sarukhán. La realidad es que el gobierno de México ha desprotegido a los mexicanos en tiempos de persecución inédita.

Puede parecer obvio, pero no está de más recordar que la protección activa de los mexicanos en el exterior está consagrada como una misión central de la Cancillería. Ni la presidenta Sheinbaum ni el equipo diplomático que la ha acompañado hasta ahora han estado a la altura de esa encomienda básica. El canciller Velasco – que, a pesar de su juventud, lleva ya un tiempo en el centro de la relación bilateral – haría bien en demostrar imaginación moral y dedicar recursos (reales, no retóricos) y tiempo a revertir el sentimiento de abandono que uno escucha reiteradamente entre la comunidad mexicana en Estados Unidos.

Como en tantas y tantas cosas, hay que subrayar: esta no era la promesa del proyecto de gobierno actual. En realidad, era la opuesta: una defensa robusta y activa como prioridad diplomática.

La presidenta Sheinbaum ha demostrado muchas veces que le sobra corazón y hasta voluntad de antagonizar a la Casa Blanca cuando se trata de Cuba. Millones de mexicanos en Estados Unidos no merecen menos.

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