A quienes vivieron hace un siglo les habría gustado conocer en persona a Albert Einstein, conocer sus descubrimientos y seguir su trayectoria desde que formuló la Teoría de la Relatividad. Lo conocieron a través de la prensa, de noticieros cinematográficos y, tal vez, lo escucharon en la radio. Lo mismo sucedió con Max Planck, Niels Bohr o Marie Curie.
Hoy hay más científicos vivos que todos los de antes. Según cálculos de Perplexity, el 90 % de los científicos que la humanidad ha tenido están vivos. Los más destacados siempre son los que ganan el Premio Nobel, los laureados con premios internacionales o los que descubren nuevos métodos de conocimiento. Uno de ellos es Demis Hassabis, un inglés, hijo de padre chipriota y de madre singapurense de ascendencia china. Él es representante de una generación que está cambiando el mundo con la inteligencia artificial.
Hace dos semanas se publicó su biografía titulada “La máquina del infinito: Demis Hassabis, DeepMind y la búsqueda de la superinteligencia”, del autor Sebastian Mallaby. Es un buen recorrido por la vida de quien obtuvo el Premio Nobel de Química, a través de la descripción del plegamiento de más de 200 millones de proteínas. En YouTube hay muchas entrevistas, reportajes y conversaciones de Hassabis con periodistas y colegas científicos. Todas son ilustrativas de la meta de un genio para alcanzar la superinteligencia, o la llamada inteligencia artificial general. Un objetivo para que, con esa herramienta, podamos encontrar soluciones a las enfermedades, a la energía y a cualquier interrogante que tengamos sobre la realidad.
La biografía es amena, pero aún más interesante es escuchar, en sus propias palabras, a uno de los hombres más brillantes de nuestro tiempo. No solo por sus conocimientos científicos en IA y neurociencia, sino también por su forma de ser. Sencillo, claro y preciso, educa sobre la realidad de los retos de la IA.
Hassabis actualmente es el líder de Google en sus desarrollos de IA, como Gemini o los proyectos “Alpha”, diseñados para abordar distintas áreas del conocimiento como las proteínas, las matemáticas y el desarrollo autónomo del aprendizaje reforzado. Él y un equipo de expertos en varios campos caminan hacia la meta que se han fijado, una que produce estupor, miedo y, sobre todo, esperanza: tener una herramienta infinitamente más poderosa que la inteligencia humana para descubrir todo, desde cómo curar el cáncer hasta cómo producir energía mediante la fusión nuclear.
La mayor sorpresa aún es saber que este 2026 no terminará sin que antes surjan modelos que, por sí mismos, produzcan modelos mejorados por ellos mismos, en una carrera que puede poner a la humanidad en el zaguán de la IAG. Como dijera el héroe de Toy Story, Buzz Lightyear: “hasta el infinito y más allá”.
Ante las noticias cotidianas de la guerra, los conflictos políticos y los desastres derivados de la ignorancia de los gobernantes, de la intolerancia de los fanáticos o de creencias erróneas, con Hassabis y los líderes de la IA llega un viento fresco de ideas desde el mundo de la ciencia. Es algo que no podemos perdernos. Ningún espectáculo puede ser mejor que el descubrimiento científico, como dice Richard Dawkins, biólogo y profesor emérito de Oxford.
Desde hace algunas semanas he preguntado a médicos y profesionistas de la salud si conocen al “Einstein” de nuestro tiempo, quien transforma el destino de sus profesiones y de la humanidad en su conjunto; no lo conocen, aunque es el “rockstar” de la ciencia en Occidente. Habremos de seguir sus pasos. (Recomiendo la última entrevista con Hassabis realizada por Cleo Abram en Youtube).