El empleo en España ha alcanzado una cifra que durante años parecía lejana, casi aspiracional. Más de 22 millones de personas figuran ya como afiliadas a la Seguridad Social en los registros oficiales diarios, según ha anunciado la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. No se trata, esta vez, de una estimación corregida ni de una serie desestacionalizada: es el dato “real”, el que mide el pulso inmediato del mercado laboral. Y, sin embargo, el hito no llega solo como celebración, sino también como respuesta a una controversia política que ha puesto el foco en cómo se cuentan —y se comunican— los avances económicos.
Durante días, el debate ha girado en torno a una cifra y a su interpretación. El lunes, el presidente del Ejecutivo, Pedro Sánchez, publicó un video vistiendo una camiseta de la selección española con el número 22 a la espalda, anunciando que España ya contaba con 22 millones de cotizantes al sistema, pero los datos mensuales oficiales de marzo situaban el promedio en algo menos: 21,88 millones. La diferencia, técnica pero significativa, residía en el uso de la serie desestacionalizada frente a los registros administrativos. Ahora, Díaz asegura que esa frontera ya se ha cruzado también en los datos sin ajustar, los que reflejan afiliaciones reales día a día.
La cifra, en sí misma, es poderosa. Supone un máximo histórico en el empleo registrado y consolida una tendencia que ha desafiado previsiones más pesimistas en un contexto de incertidumbre global. Pero también plantea una pregunta de fondo: ¿hasta qué punto el éxito laboral es estructural y no solo coyuntural?
El anuncio no es casual. Llega tras críticas de la oposición, que acusó al Ejecutivo de “maquillar” los datos, y en medio de un debate más amplio sobre la transparencia estadística. La ministra ha optado por zanjar la polémica con una afirmación contundente: el dato es ya real y, además, se mantendrá a lo largo de 2026.
Más allá de la cifra: el relato del empleo
El cruce de los 22 millones no es solo un dato económico, sino un símbolo político. Representa, para el Gobierno, la validación de su estrategia laboral y, en particular, de la reforma de 2022. Según Díaz, ese cambio normativo ha sido el punto de inflexión que ha permitido transformar el mercado de trabajo español, tradicionalmente marcado por la temporalidad.
La ministra reivindica que el modelo ha cambiado de raíz: el contrato indefinido ha dejado de ser la excepción para convertirse en la norma. Si antes apenas el 10% de los nuevos contratos eran fijos, ahora rozan la mitad. En sectores históricamente precarios, como la construcción, la temporalidad se ha reducido de forma drástica.
Sin embargo, la interpretación de estos datos no es unánime. Algunos analistas advierten de que el aumento del empleo debe analizarse con cautela, teniendo en cuenta factores como el crecimiento demográfico, el peso del empleo público o la calidad real de los contratos.
El factor estacional: turismo, inmigración y tendencia
El calendario juega a favor del optimismo. España se adentra en los meses de mayor contratación, impulsados por la campaña turística, lo que previsiblemente consolidará —o incluso ampliará— la cifra de afiliación. A ello se suma otro elemento clave: la regularización de cientos de miles de inmigrantes, que podrían incorporarse al sistema en la segunda mitad del año.
Estos factores apuntalan la previsión de que el empleo seguirá creciendo, pero también abren interrogantes sobre su sostenibilidad. ¿Es este aumento fruto de una transformación estructural o responde, en parte, a dinámicas estacionales y demográficas?
Un nuevo paradigma laboral
Más allá de los números, el Gobierno defiende que el cambio es profundo. Díaz insiste en que España ha pasado de un modelo basado en la devaluación salarial y la precariedad a otro centrado en la estabilidad y la protección del empleo, incluso en momentos de crisis.
La referencia implícita es clara: frente a políticas anteriores que facilitaban el despido, el actual enfoque apuesta por mecanismos de flexibilidad interna y apoyo público para evitar la destrucción de puestos de trabajo. Es una narrativa que conecta con la experiencia reciente de la pandemia y los expedientes de regulación temporal de empleo.
Pero el reto, ahora, es demostrar que este modelo puede sostenerse en el tiempo, más allá del ciclo económico favorable. Alcanzar los 22 millones de afiliados es un hito. Mantenerlos —y mejorar la calidad de ese empleo— será la verdadera prueba. @mundiario