Volatilidad de precios de energéticos por conflicto armado provocado por Israel y Estados Unidos contra Irán y sus aliados grupos armados Hezbolá en el sur de Líbano y los hutíes en Yemen, precisamente cuando en Ginebra había negociaciones entre estos países para precisar el programa nuclear de la nación de los Ayatolas y evitar la producción de armamento nuclear.
Las negociaciones con el país musulmán mayormente chiíta fueron sólo estrategia disuasiva de tiempo por parte del imperio decadente. La orden del bombardeo fue, según Donald Trump, “porque ellos nos atacarían primero” (El Universal, 03-03-2026); similar narrativa de mentiras para invadir Irak en marzo de 2003 y derrocar a Sadam Hussein, con supuestas armas de destrucción masiva.
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Posterior al 28 de febrero pasado, y con el cierre del estrecho de Ormuz en el Golfo Pérsico, el precio del petróleo ha fluctuado entre 88 dólares a más de 100 dólares, lo cual impactará negativamente la inflación mundial, por costos de producción y distribución; asimismo, las bolsas de valores tienen amplio margen de volatilidad en precios de títulos y commodities.
De igual manera la paridad entre monedas tiene variaciones bruscas que fortalecen o debilitan al dólar. En tanto se extienda el conflicto las tasas de interés continuarán en niveles actuales o, inclusive, podrían elevarse y contener aún más el crecimiento económico mundial.
Efectos económicos negativos son previsibles por cualquier conflicto que involucre países industrializados o emergentes, pero sobre todo ante decisiones imprevistas de potencias militares, en este caso los gobiernos de Trump y Netanyahu, cuya agresión bélica les caracteriza.
La intromisión armada y económica a Venezuela con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y el recrudecimiento del embargo con crisis humanitaria en Cuba, ha obligado a esos gobiernos a negociar con Estados Unidos las posibles salidas para reducir las agresiones. La destrucción en Gaza y el genocidio de palestinos obligó al grupo Hammas también a la negociación. Los posibles “acuerdos” son predecibles a favor del ala dura republicana y sus halcones.
Sin embargo -aún con más de 2000 muertos y los que se acumulen-, con teocracia islamita históricamente arraigada, en Irán no se prevé cambio de régimen político, tampoco guerra civil -como sucedió en Libia o Siria-, sólo que eventualmente una incursión terrestre de fuerzas armadas coaligadas estadounidenses-israelíes, con enorme resistencia, provoque la caída del recién nombrado líder Mojtabá Jameneí -como la fuerza multinacional en Irak-.
En un entorno de confusión, se pronostica un conflicto regional frenético de más tiempo, porque la armada iraní ha demostrado capacidad de respuesta con bombardeos a Israel -aun con escudo antimisiles- y bases militares-marítimas norteamericanas en Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Baréin, con mucho menos costos económicos comparativos a los agresores.
Desde hace más de veinte años el país atacado se preparó para esta guerra, con planta industrial camuflada que produce drones y misiles balísticos, hipersónicos y cruceros largo alcance. Será difícil apoderarse del petróleo de la antigua Persia.
Por sus desmedidas ambiciones, Trump y las oligarquías que representa no persiguen democracia, libertad y paz, sino que les urgen estrategias de imposición por sobre toda diplomacia y con menosprecio al derecho internacional y sus instituciones: Consejo de Seguridad de la ONU, Corte Internacional de Justicia, Corte Penal Internacional, entre otras (posición histórica de Estados Unidos); con medios corporativos internacionales que difunden información a conveniencia imperial.
La inestabilidad en Asia central es objetivo, para contener la “nueva ruta de la seda” de inversiones chinas en África y Europa. También se pretende detener la expansión económica de los BRICS+ (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica y 22 más). Otro objetivo es que los recursos naturales del hemisferio occidental los exploten corporaciones estadounidenses, con sumisos gobiernos de derecha en América Latina.
También se extenderá la dependencia económica y militar de Europa con la Unión Americana, como lo aceptan gobiernos de Alemania, Inglaterra, Polonia, países nórdicos, entre otros (Político, 01-03-2026), aún con débil oposición de Francia y España. Por otra parte, la política trumpiana arancelaria es intento de reposicionamiento global.
En este embrollo de resultados impredecibles y confusos, el imperio norteamericano podría terminar debilitado por costos de guerra, efectos inflacionarios, bajo crecimiento en su economía y descrédito mundial, contrario a China como su principal adversario en la progresiva transformación económica y política mundial.
Más que división en bloques América-Europa y Asía oriental, con medio oriente inestable y África por definirse, el nuevo orden no será territorial sino transgeográfico, que incluiría a China con países emergentes y atrasados, y por otra parte la alianza Unión Americana-Unión Europea, así, la posición de México es complicada. El mundo transita hacia la multipolaridad y hacia nuevas formas de capitalismo, con la consecuente inestabilidad económica global.