Cuando escuché por primera vez la palabra Macán, mi cabeza voló al Rioja que Vega Sicilia creó junto a la familia Rothschild. Lujo, arte, excelencia. Poco después descubrí que Macán también era otra cosa, un hotel de cinco estrellas en Lisboa que es, a la vez, un museo de arte contemporáneo. Esa fusión —hotel y museo en un mismo edificio— lo hace único en Europa. La diferencia estaba en una letra. Al oído, el mismo sonido pero al leerlo es Macam. Entoces, todo cambió.
Llegué a Belén después de dejarme perder por Lisboa. Las calles empedradas, el tranvía, las fachadas de azulejos, el río al fondo. Me senté en un café, dejé pasar el tiempo y comí un pastel de Belén. Lisboa es una ciudad que se saborea despacio. Pero esta vez tenía una excusa perfecta, el Ladies Night Fest, la fiesta que recorre Portugal poniendo el talento femenino en el centro. E
n el jardín del Macam, bajo la mirada del puente 25 de Abril, se reunieron chefs de estrella Michelin, panaderas, ceramistas, dj’s, artistas. La mujer era la protagonista absoluta, en la cocina, en el arte, en la música. Lara Figueiredo, la chef pastelera del hotel, ejercía de anfitriona en su propia casa. No se podía encontrar mejor escenario. Y yo era la invitada perfecta con mis bombachos dorados y un top lencero negro, un look festivo para una noche que prometía.
El palacio barroco de 1701 a la izquierda y la fachada contemporánea de azulejos a la derecha. / Ana PrietoAl entrar en Macam, tuve la sensación de formar parte de la propia colección. Las obras están en las habitaciones, en los pasillos, en las terrazas. En la mía, una escultura poliédrica de acero inoxidable de la canadiense Angela Bulloch presidía el espacio exterior. Las sábanas, de algodón egipcio de fibra larga, son otro objeto de culto. Las amenities son de Benamôr, y hasta la selección del minibar está pensada al detalle.
Además, cada noche, al volver a la habitación, encontraba una pequeña caja con la infusión “Alquimia do Sono”, hierbas seleccionadas para descansar mejor. Mis sueños se llenaban de colores pastel; a la mañana siguiente, se volvían rojizos intensos, con ganas de salir, de sentir la ciudad, de pasear Lisboa.
Escultura de Angela Bulloch en una de las terrazas. / Ana PrietoHay un detalle que me fascinó, la mezcla arquitectónica. Por un lado, el palacio de los Condes da Ribeira Grande, de 1701, barroco, que sobrevivió al terremoto de 1755. Por otro, el ala moderna, cubierta por una gigantesca celosía de cerámica vidriada blanca diseñada por la ceramista portuguesa Maria Ana Vasco Costa, un guiño contemporáneo a la tradición del azulejo.
Dos tiempos frente a frente, separados por un jardín con espejo de agua. De alguna manera, estar aquí despierta mi yo más creativo. Me siento como una pieza de arte más paseando por las salas del museo contemporáneo. O saliendo a mi terraza, observando la escultura, me siento más viva, más creativa, con ganas de construir algo precioso para que los demás lo miren.
De alguna manera, estar aquí despierta mi yo más creativo. Me siento como una pieza de arte más paseando por las salas del museo contemporáneo. O saliendo a mi terraza, observando la escultura, me siento más viva, más creativa, con ganas de construir algo precioso para que los demás lo miren.
Biblioteca D. João da Câmara. / Macam.La Biblioteca D. João da Câmara me cautivó. Ocupa un salón ovalado en el palacio, lleva el nombre del primer portugués nominado al Nobel de Literatura —que nació en este mismo edificio— y reúne los 5.000 volúmenes de Armando Martins, el coleccionista que lo hizo posible. En la escalinata principal, una araña contemporánea del estudio Bybeau sorprende entre formas clásicas. Pero poco a poco, la noche fue mía. Después de la fiesta en el jardín, la celebración se trasladó a la capilla recuperada, hoy àCapela – Live Arts & Bar. Bailé, disfruté de un cóctel, y el Cristo de Carlos Aires, suspendido sobre pantallas LED, nos miraba desde lo alto. La fiesta terminó allí, entre arte, mucha música y mucho baile, como tenía que ser.
Y al amanecer disfruté del trabajo de Lara Figueiredo, Jefa pastelera del Macam y nombrada Chef Pasteleira del Año en Portugal. Su labor es pura creación, diseña la parte dulce inspirándose en la obra de arte del momento, en sus colores, en sus formas. Esa conexión entre pastelería y arte se puede disfrutar tanto en el restaurante Contemporâneo como en el café. En el desayuno, todo —masas, tartas, pasteles de Belén, la tarta de naranja, cada bollo de pan— sale de sus manos el mismo día. Entre todo aquello, unos huevos benedictinos en su punto exacto, yema líquida, clara temblorosa, salsa holandesa en su equilibrio justo. Francamente deliciosos.
El rooftop del MACAM, un balcón suspendido sobre el Tajo con vistas al puente 25 de Abril. / Macam.Y luego, la piscina. En el rooftop, sobre los jardines del museo, con el puente 25 de Abril al fondo. El agua quieta, el cielo de Lisboa tiñéndose de naranja y rosa mientras el río se confunde con el horizonte. No es una piscina, es un balcón suspendido sobre la ciudad, un lugar para dejar que el tiempo pase sin prisa, con un cóctel en la mano y el puente iluminándose al caer la noche.
Macam no es un hotel con arte. Es un museo de arte contemporáneo convertido en hotel donde, por una noche, uno también forma parte de la obra. @mundiario